martes, 30 de enero de 2007

Nieve, barro y Trabuco


Ayer cometí una estupidez.

Lo peor es que era consciente de ello, (quizá sea esa la naturaleza de la estupidez: no el hecho de hacer cosas estúpidas, sino ser consciente de que las estás haciendo).

El caso es que los Reyes me habían traído unas Asics Gel Trabuco, mis primeras zapatillas de Trail, y no había tenido ocasión de estrenarlas debido lo benigno del invierno en Avila que nos había privado de agua y nieve hasta ahora, y por la lesión. Ayer fue el día de hacerlo.

Los alrededores de Avila todavía estaban en gran parte cubiertos de una capa de nieve salpicada por charcos de agua, alguna pequeña zona de hielo y barro, mucho barro.

La zona por donde suelo entrenar es un pequeño bosquecillo de fresnos a un par de Km. de mi domicilio, y para allá me encaminé dispuesto a comprobar "in situ" la idoneidad de mi compra en un rodaje suave y sin riesgos, ya que un resbalón podría dar al traste con la recuperación de mi adductor.

El camino de entrada al bosquecillo es llano y con buen firme. A propósito iba metiéndome en cuantos charcos, barrizales y pegotes de nieve encontraba a mi paso.

Las sensaciones eran buenas. El agresivo diseño de la suela de las Trabuco hacían que apenas resbalara y pisara con seguridad. El haber trabajado en el gimnasio ha hecho que no haya perdido demasiado la forma y rápido me encontré con ganas de correr.

En esto entro en el bosque, donde a cubierto de los árboles comenzó a menudear el agua y el barro y pude pisar más zonas de nieve, alguna incluso casi virgen, ¿y quien se resiste al placer de correr solo, en un paisaje de ensueño, escuchando apenas el crujir de sus pisadas contra el suelo, el rumor del río cercano...? En esta zona el piso es muy irregular, con raices, pequeñas veredas que se entrecruzan y que están llenas de traicioneros huecos, tocones de árboles..., todo ello disimulado con una capa casi contínua de nieve.

Aunque conozco casi cada palmo de ese bosquecillo, definitivamente no, no fue prudente, pero mientras corría practiqué un remedo de viaje astral fuera de mi propio cuerpo. Intenté visualizar mi silueta, (sin duda la única nota disonante entre tanta belleza), y verla recortada contra un tapiz compuesto por el níveo blanco del suelo, a su vez salpicado a retazos por el brillante verde de la hierba temprana y todo ello coronado de la increíble cantidad de matices de grises y ocres de los troncos y las copas de los fresnos desnudos, cubiertos en algunas zonas de musgo.

No pude, no quise evitarlo. En un hilo de prudente consciencia moderé el paso, lo acorté y procuré afianzar mi pisada. No podía arriesgar la recuperación de la lesión, pero sobre todo, no quería romper la magia de una carrera plena.

Al final hice casi una hora de rodaje suave, maravilloso que hizo que llegara a casa feliz de estar vivo y poder disfrutar de momentos como aquel.

Hoy me he prometido ser sensato y hacer un recorrido por asfalto. Quizá lo consiga...

6 comentarios:

merak dijo...

antes de nada decirte que la foto es preciosa.
y ahora la bronca jajajaa. pero tío, cómo se te ocurre ir por semejante paraiso para ser feliz?!!! vamos ni se te vuelva a ocurrir... que así parezco que el estúpido soy yo jajaja
abrazos

Carlos Velayos Martín dijo...

Una aclaración Merak: la foto no es mía...

Por lo demás, ¡que nos dure mucho la locura...!

Un saludo.

ag dijo...

hay, menos mal, ya me estaba esperando la parte de "zas"... pero bueno, salió bien la estupidez... menos mal!

un saludo!!!

merak dijo...

sí ana, es verdad... hay un momento que parece que se la va a pegar... y si encima ya leo lo de tu raiz... pues eso.
bueno, la foto sigue siendo preciosa
abrazos

Peque Silvestre dijo...

Que lujo Carlos vivir en una zona así y poder rodar por esos parajes. Cuando sea mayor quiero ser como tu ;)

merak dijo...

ese "wiht" de mis U2!