jueves, 11 de enero de 2007

El poder de la mente

Hola.

Un comentario de Merak, (blog más que recomendable), en mi anterior entrada, me ha hecho reflexionar. Transcribo:

cuando estudiaba, el profe de psicologóa general nos contaba uno de sus casos con un paciente depresivo (no es tu caso, pero estaría bien que lo leyeras). le dijo al paciente: mañana a las 4 de la tarde, usted se deprima más. al día siguiente cuando volvió a la conslta, el pregutó qué tal. lo conseguí, ayer a las 4 empecé a pensar en todas esas cosas que me suceden en la vida, en lo desgraciado que soy y conseguí deprimirme como nunca lo había estado. mi profe le dijo: estupendo, usted se curará pronto, es capaz de controlar su depresión.

Creo que esta anécdota es de lo más ilustrativa acerca del poder de la mente en cualquier persona en general, y especialmente en el caso de un corredor.
Es a ella a la que acudimos en esos últimos Km. de un maratón, cuando nuestras reservas de hidratos, líquidos, grasas y demás zarandajas fisiológicas están al mínimo. Y lo sabemos. Somos conscientes de ello como de que no se van a recuperar milagrosamente por más geles, barritas y glucosas que ingiramos.

Es por pura fortaleza mental por lo que conseguimos dar ese paso más después del Km 35. Por lo que nos fijamos como objetivo llegar hasta aquel árbol de la esquina, sin pensar en más allá. Por lo que una vez llegados a ese árbol conseguimos redefinir nuestro objetivo en la siguiente farola. Por lo que conseguimos pensar en el alivio del dolor del gemelo una vez que nuestro pie despegue del suelo, sin pensar en que en el próximo paso volveremos a sentir la cuchillada traidora que nos intentará obligar a parar de nuevo, a cada zancada, a cada segundo, metro a metro...

Los corredores estamos familiarizados con esas sensaciones y acostumbramos a dominarlas al igual que conseguimos encontrar ese hueco para salir a entrenar entre las múltiples obligaciones de nuestra ajetreada vida, o conseguimos vencer a los elementos y correr casi de noche, con un aguacero o a varios grados bajo cero.

Este punto marca muchas veces la diferencia entre un corredor y otro. Será el que tenga una mente más fuerte el que consiga vencer todos esos obstáculos para conseguir su objetivo, sea este vencer en un maratón o simplemente bajar unos cuantos Kg.

Creo que la fortaleza mental se entrena. Al igual que nuestros músculos responden a un estímulo adaptándose a él y fortaleciéndose para poderlo asimilar mejo la próxima vez, nuestra mente responde a esos estímulos adaptándose a lo que le demandamos. Usa estímulos positivos y te harás más fuerte, cae en los estímulos negativos y te debilitarás.

Un matiz: por favor, no pienses en este punto que banalizo problemas tan serios como una depresión u otra patología que necesite tratamiento médico. Simplemente me refiero a cómo, en cierta medida, creo que podemos prevenir un estado de ánimo general que dificulte nuestro entrenamiento.

Dicho esto, y a la espera de que lo que el profesor de Merak o alguno de sus colegas pudiera opinar, creo que nuestro entrenamiento debiera tener en cuenta también esa variable. Una búsqueda en Google con las palabras psilocolgía deportiva arroja 1.100.000 enlaces, pero aunque no dispongamos como nuestras estrellas deportivas de un psicólogo particular, sí podemos seguir unas pautas para mejorar esta parcela de nuestro entrenamiento que generalmente en ámbitos populares está tan olvidada.

Un recorrido por alguno de los enlaces arriba citados puede ser de lo más instructivo, así que te animo a que lo hagas, pero al final, cada uno tendremos nuestros "trucos". No me refiero a conceptos generales como la visualización previa de la carrera, la planificación de la estrategia, los pensamientos positivos..., de los cuales, por falta de conocimientos no me atrevo a hablar. Me refiero a cosas concretas, a verdaderos "trucos" personales que a buen seguro todos hemos ido desarrolando con el tiempo. Estos son algunos de los míos:

Los días en que no tienes más remedio que madrugar o no has pegado ojo simplemente procuro no pensar. Sigo la misma rutina que en un día de trabajo normal: despertador a las siete, la misma sensación de premura de tiempo como si llegara tarde a fichar..., todo con el fin de no demorarme en la cama. Nada de mirar atrás al cálido lecho que abandono. Si hago esto último pienso en el calorcito de debajo de las sábanas, lo pongo en una balanza con lo que me espera fuera y estoy perdido.

Cuando las piernas "no van". Supongo que nos pasará a todos. Hay días en que a pesar de encontrarte bien de salud, descansado y entrenando bien, las piernas simplemente dicen que no corren más, te pesan como si fueran de plomo y los tiempos se disparan. Esos días abandono el entrenamiento que tengo pensado y hago un rodaje muy suave, como de un minuto más por Km. de mi ritmo en maratón, y con una duración de unos 40 ó 45 minutos. Estos rodajes me ayudan a descargar cuerpo y mente, a llegar lleno de energía a casa, y sobre todo, a que un entreno que iba camino de convertirse en un suplicio se convierta en una experiencia de lo más agradable.

Cuando llueve. Esto hay que probarlo. La sensación de correr bajo la lluvia, el olor a hierba mojada, el golpeteo de las gotas de agua en tu rostro, la facilidad con que se respira... Puede dar la sensación de que es molesto correr con agua, pero nada más alejado de la realidad. Simplemente ponte un chubasquero y en cuanto entres en calor verás como correr con lluvia es una gran experiencia. Si además te das una vuelta por las calles del barrio, para que vean lo "valiente" que eres, y suscitar la "envidia" de vecinos y conocidos, mejor.

Cuando hace frío. Me refiero a frío de verdad, al que hace aquí, en Avila, a mediados de Febrero al amanecer. Yo salgo muchos días en esas condiciones, con varios grados bajo cero, (-8º es mi "récord"). Lamentablemente para esto no tengo ningún truco: me encanta el frío y para mí no supone un obstáculo. Pero a tí te puede servir lo mismo que para los días de lluvia.

Yo suelo correr por la ribera del río, en un pequeño bosquecillo de fresnos en los alrededores de Avila. El espectáculo de la vegetación cubierta de escarcha, engarzada a modo de diamantes en sus tallos, el crujir del suelo a tu paso, la sensación de quietud en el ambiente que a mí me provoca el frío..., son suficientes estímulos.

Cuando hace calor. Aquí sí lo paso mal. Casi tanto como me gusta el frío, me molesta el calor, y este sí me hace perder días de entrenamiento. Para que sean los menos posibles lo único que hago es rebajar intensidad y volumen para hacerlos más llevaderos y que no se conviertan en una experiencia frustrante. Y pienso en el chapuzón que me voy a dar en la piscina en cuanto llegue a casa. Hay días en que paso de estiramientos. Llego, me doy una duchita rápida, y al agua mientras dura la sensación de bochorno después de la carrera, ¡qué gozada dejar que el agua fresquita masajee tus músculos!.

Cuando estás lesionado. Peliaguda cuestión. Yo no soy el más indicado para dar consejos en este caso, y si no, mira mis dos últimas entradas en el blog, pero bueno, vamos con la teoría. Creo que es fundamental, (como me dicen Merak y Mayayo en los comentarios de esta entrada), no dejar de hacer ejercicio totalmente. Nos dará la sensación de que pedaleando en el gimnasio media hora o haciendo unos largos en la piscina no hacemos nada, pero al menos perderemos lo mínimo. Y dependiendo del tipo de lesión, posiblemente podamos incidir en mejorar aspectos que tenemos olvidados: esos abdominales que hace tiempo que no ves, la musculatura del tren superior, la flexibilidad de nuestra cadera... Además, beneficio más sutil, nos seguiremos sintiendo deportistas.

En carrera o en los rodajes largos me duermo. Tal cual. No soy un corredor demasiado hablador ni llevo música que me distraiga. Mi manera de que los Km. caigan rápidamente es desconectar mi mente, dejarla volar donde quiera que vaya, sin un objetivo fijo. Llega un momento en que olvido pasos, ritmos, parciales... Esto es lo que intento hacer de salida, y consigo quitarme de encima un buen número de Km. y de cansancio psicológico antes de que las cosas se pongan feas..

Nunca, jamás de los jamases, pienso en los Km. que me quedan, sino el los que llevo. Esto, que puede parecer una tontería puede salvarte el pellejo en un maratón, cuando las sensaciones son ya tan pésimas que te ves incapacitado para cubrir esos míseros cinco o seis Km. que te quedan para el final. Pero si piensas en que esas molestias son fruto de que YA LLEVAS treinta y tantos corriendo, la cosa cambia: eres el proyecto de un superhombre, alguien que en poco tiempo va a acabar la distancia mítica. Sabes que en ese momento te vas a sentir la persona más fuerte el mundo, y que sólo estás a media hora de conseguirlo, y ya llevas más de tres, así que, ¡vamos a por la siguiente farola!

En el momento de la verdad: Km. 35 del maratón. Cuádriceps a punto de estallar. Rotuliano con la sensación de romperse a cada paso. Una antigua fascitis plantar, que creías superada, haciendo de cada apoyo un acto de fe en que de verdad te va a dejar llegar a meta. Todos los recursos físicos y psicológicos al límite. Aquí tengo un último recurso: mi palabra mágica.


Sí, sí, podéis sonreir todo lo que queráis, pero a mí me funciona. Es una palabra que surgió espontáneamente al final de mi segundo maratón y que se ha convertido para mí en un talismán desde entonces. Hay momentos en que la recito como un mantra y me ha ayudado muchísimo. Sólo tiene una condición para ser usada, como decía antes: es el ULTIMO RECURSO, a modo de tabla de salvación cuando todo lo demás ya ha sido usado. Al igual que el organismo en esas fases de la carrera recurre a autofagocitarse si no encuentra vías metabólicas suficientes para aportar la energía que le demandamos, mi mente recurre a esa palabra en esos momentos decisivos.

¿Qué cual es mi palabra mágica?. Es secreta, pero además intuyo que es personal e intransferible. Busca la tuya.

Un saludo.

P.D. Como ves Merak, te he hecho caso, y lo he escrito...

11 comentarios:

merak dijo...

juer carlitos, me acbas de ruborizar. Hoy día, y debido a las nuevas tecnologías, se emplean palabras técnicas a nivel de calle, y eso está bien, pero no tanto. decir que alguien está deprimido forma ya parte de la psicología popular, y todo el mundo lo entiende. cuando alguien dice que está deprimido, todos entendemos que está bajo de moral, que algo le afecta y no se encuentra centrado al 100% o cosas por el estilo, pero nadie piensa en una depresión como una enfermedad realmente seria, de esas que sólo un tratamiento y una terapia te pueden llegar a hacer ver las cosas desde otro punto de vista con la capacidad para poder afrontar la vida como se merece.
Por lo demás, suscribo punto por punto todo lo que pones... los entrenamientos, los moemnto malos, los pensamientos y las palabras mágicas... que sí que esxisten... auqnue sólo sea decir: ¡con dos cojones!! y perdón por el término sexista... cambiese en su defecto por ovarios.
una terapia es un 80% de soltar lastre, lo que se llama catarsis... si lo escribes te ahorras una pasta jajaja
abrazos

Carlos Velayos Martín dijo...

Hola Merak.

Pues siento disentir de tí en cuanto a la apreciación de lo que es una depresión. Por desgracia personas muy allegadas a mí la han sufrido y que alguien que en principio no tiene ningún problema "grave" te llegue a decir, (sitiéndolo así), que no le encuentra sentido a su vida y que a veces le gustaría morir, es muy duro. De ahí que quizá esté más sensibilizado de la cuenta en este tema.

Por lo demás sí creo que en circunstancias normales cada uno puede influir algo en su forma de ser, intentando ver las cosas de otro modo menos dramático de lo que solemos.

Un saludo.

merak dijo...

precisamente eso era lo que te quería decir con respecto a la depresión...

Carlos Velayos Martín dijo...

Lo siento amigo. Te entendí precisamente todo lo contrario.

Mis disculpas.

Un saludos.

Spanjaard dijo...

También cuento con casos de depresivos en familia (política, en este caso) y, en todos ellos, falta algo que por ahí se ha vendido en muchos libros y tal. Es ser práctico. Ver como las cosas vendrán como vengan, y nos afectarán y nos dejarán hechos una mierda. Pero hay que ver que ir por ese camino no lleva, en términos de beneficio propio, a ningún lado. Hay que tirar de los cojones que dice Merak, pero no por temple visceral sino por ver que pocas salidas hay, pero están ahí.
Saludos a los dos. Se os aprecia.

merak dijo...

disculpa tú amigo carlos, lo mismo no me explique bien.
no quiero enrollarme mucho, pero una depresión no es un simple bajón... es, básicamente, una descompensación de un neurotransmisor, La serotonina o 5-hidroxitriptamina (5-HT). así de una forma rápida, es como si fuera una droga... si se alteran los niveles algo falla... qué hace que eso se altere... pufff... hay factores hereditarios, pero como en casi todas las cosas, el desarrollo de algo no depende estricatmente de un solo factor.
quiero decir que lo de cojones como dice spanjaard, vale para cuando es un bajón, pero en una depre de verdad, como enfermedad, sino es con un tratamiento y una terapia, dificilmente se podrá salir del agujero.
por ceirto spanjaard en cuanto tenga un rato de enlazo desde miblog
abrazos

Jose Ignacio Hita Barraza dijo...

Be water my friend!! :)

merak dijo...

cómo va lo tuyo?

ag dijo...

correr bajo la lluevia es uno de los placeres de la vida que descubrí en estos meses! coincido plenamente con vos.

me encantó este post!

Anónimo dijo...

Muy buen articulo, estoy casi 100% de acuerdo contigo :)

Anónimo dijo...

Interesante post, estoy de acuerdo contigo aunque no al 100%:)