viernes, 30 de noviembre de 2007

¿Y eso que es lo que es...?




De nuevo me deja pasmadillo Spanjaard con su nueva idea, (a este chico le bulle la cabeza como si tuviera estropeado el termostato).

Está organizando, una especie de quedada bloguera para debatir quien sabe qué. La idea la anticipó en esta entrada, y parece que va tomando forma en esta otra.

Lo importante: lugar, su blog. Día y hora, desde las 20h del martes 4Dic hasta las 12h del miércoles 5Dic.

P'allá que iremos y que sea lo que Dios quiera...


miércoles, 28 de noviembre de 2007

Algunas cosillas post-maratón



En plan popurrí, como hice hace un par de entradas, tengo que contar alguna cosilla que se había quedado en el tintero acerca del maratón del domingo, bien por no alargar en exceso una entrada de por sí ya larga, bien porque necesitaran una pequeña reflexión.

La primera es el análisis de la incidencia que pueda haber tenido el correr los 50K Villa de Madrid tres semanas antes del maratón, (incidencia tan vehemente y anticipadamente negada por Spanjaard, que incluso nos lo presentó como una excelente tirada larga de cara al Maratón de San Sebastián). Al respecto tengo que decir que no tengo la sensación de que haber corrido los 50K tal y como nos lo planteamos, me haya perjudicado de cara a Donosti. Sí lo hizo el hecho de que la semana de la carrera y la posterior fueran de relativo relax, por lo que el entrenamiento para el maratón se vió afectado y quizá llegué a él algo corto. Dando por sentado que esto iba a ocurrir y que esa situación unida a que tenía decidido salir con prudencia me iba a costar algún minuto, mi preocupación se centraba en los kilómetros finales del maratón, que una recuperación insuficiente de los 50K podría convertir en una tortura con hundimiento espectacular. Por suerte eso no ocurrió. Cuando mi organismo tuvo que tirar de reservas para acabar el maratón respondió perfectamente, de hecho me permití el lujo de aumentar el ritmo a partir del km. 32, cuando dejé a mi primo Jesús en el intento de búsqueda de mi segundo sub-4. Spanjaard, tenías razón.

No obstante, algunos comentarios de foreros ilustres del foro de ElAtleta.com me llevan a matizar lo que acabo de decir: no quiero dar la sensación de que uno se puede "merendar" los maratones como si fueran rosquillas. Es IMPRESCINDIBLE una preparación previa, la certeza de que uno goza de buena salud y la cabeza fría para saber parar a LA MINIMA MOLESTIA.

Al respecto me viene mi segunda reflexión. Visto lo que me esperaba en el mes de noviembre decidí ponerme la venda antes de tener la herida y he visitado varias veces "sin necesidad" al fisio. Esas tres o cuatro sesiones pre y post carreras han sido decisivas y han conseguido que a día de hoy mis piernas tengan mejores sensaciones que en ningún otro maratón que haya corrido. Haré de esas visitas un hábito para alegría de mis pobres piernas, (y de mi fisio...). En agradecimiento, vamos a hacerle un poco de propaganda: Cyriax

Algo que también ma ha ayudado bastante en la recuperación son los baños "al estilo Merak": búsquese un momento tranquilo, preferentemente a solas. Llénese una bañera con agua muy caliente, (sales opcionales). Póngase música relajante a un volumen no demasiado alto, (nada de estresantes partidos de fútbol, sobre todo si uno es del Atlético). Llévese al baño una lectura ligera, nada de Play Boy o similares. Sumérjase en el agua..., y a dejar correr el tiempo. Cuando uno se aburra de tanto relax, tírese del tapón y cuando se vacíe la bañera dese un buen y generoso chorro de agua fría. Lo he hecho varias veces y es mano de santo.

La tercera reflexión es de índole más personal. Cada vez me convenzo más de que el maratón, es una carrera tan psicológica como física, y esto creo que es más cierto cuanto más popular sea el atleta. Sólo así se explica que yo pueda andar en tiempos de personas que tienen menos años, menos kilos, más kilómetros y cinco o diez minutos menos que yo en media maratón. Tampoco pienso que yo sea especial, simplemente que me he enfrentado más veces que ellos a las dudas e incertidumbres de ese momento en que todo duele y parece que la carrera va a ser un desastre, y he desarrollado los mecanismos para obviar unas y otras.

La cuarta es la constatación de un error: no haber vuelto al gimnasio desde abril. Dejé mi rutina de aparatos unas semanas antes del Mapoma y no he vuelto. En las últimas semanas, cuando los entrenamientos han sido algo más exigentes he notado esa falta de "chispa" que achaco a haber abandonado las pesas, así que mañana mismo renuevo mi tarjeta y vuelta al aburrimiento de las tablas...

Habrá más, que uno le da muchas vueltas a las cosas, pero ya os aburriré con otra entrada...

lunes, 26 de noviembre de 2007

...Y diez. ¡Aúpa Donosti!


Temporada finalizada. Ayer puse el broche de oro a un 2007 propicio que me ha deparado un sinfín de alegrías. Sólo me quedan un par de "bolos" en los que simplemente voy a disfrutar: la II Edición de los "Matracos" a muerte del día 9 de diciembre, (ya os explicaré en qué consiste tal prueba para los que no frecuentais el hilo de La Paquetería en el foro de ElAtleta.com, aunque avanzo que fundamentalmente se trata de comer una buena barbacoa), y la XXIV Carrera Popular de Aranjuez, en la que a falta de barbacoa nos iremos seguramente a El Rana Verde, como el año pasado. En fin, dos divertimentos que servirán como mera excusa para pasar el día en buena compañía.

Al tema, que divago. No voy a hacer análisis del Maratón de San Sebastián puesto que es una prueba lo suficientemente conocida como para ocupar demasiado sitio en esta entrada que ya aviso, va a ser larga, pero no puedo dejar de incidir en algo que ya he comentado en alguna otra ocasión: es una lástima que una ciudad como San Sebastián, hermosa donde las haya, con un circuito rapidísimo apto para que TODOS busquen su marca, desprecie de esa manera al corredor popular manteniendo un ridículo límite de entrada de cuatro horas y media que no favorece nada la participación de esa mayoría de corredores modestos que al fin y a la postre son los que dan color y vida a la carrera, y que no se cierre completamente el recorrido al tráfico, cosa que se hace en ciudades mucho más complicadas en ese aspecto como Madrid. No es de recibo que gente que se mueve en torno a las cuatro horas tenga que correr a veces esquivando coches por falta de vigilancia en los cruces o garajes y por la enorme cantidad de bicis no autorizadas, alguna con verdaderos irresponsables que iban y venían a toda velocidad entre los corredores sin que la organización les dijera absolutamente nada. Da la sensación de que esta organización sólo se preocupa de tener "el maratón más rápido de Europa" en lugar de tener el mejor o a menos uno de los mejores maratones de Europa a poco que se lo propusieran. ¿Dejadez?, ¿falta de colaboración institucional?, ¿incapacidad organizativa?, ¿falta de interés en tener una prueba más popular?. Lo ignoro.

Y ahora sí, vamos a lo que importa: la crónica de mi décimo maratón.

Salimos de Avila sobre las cuatro menos cuarto de la tarde del viernes. Por delante seis horas de viaje, ganas de pasarlo bien y algún que otro nervio entre los que se jugaban buena parte de la temporada en Donosti, iban con alguna molestia o debutaban en la distancia. Ya durante el viaje comenzó una serie de despropósitos de lo que NO SE DEBE HACER BAJO NINGUN CONCEPTO antes de correr un maratón, y es que apenas pasado Valladolid empezaron a pasear arriba y abajo del autocar cajas de pastas, perronillas, nevaditos, frutos secos, botellas de agua y chupitos de, juro, Chivas Regal, delicatessen todas a las que nadie hizo ascos.

Oiartzun nos recibió con lluvia, aunque no mala temperatura, a eso de las diez. Reparto de habitaciones, cena y a dormir, que por la mañana había que recoger dorsales. En la feria del corredor tuve la oportunidad de saludar a dos blogueros: Sergio Mayayo, muy bien acompañado por Dallas, y Nacho Silvestre, con su familia, nervioso ante su debut en maratón. Visita por los distintos stands en uno de los cuales nos encontramos con el mismísimo Serge Girard, el navegante de los continentes, un tipo simpatiquísimo que firmó autógrafos y se hizo fotos a todo el que se lo pidió. Un impresionante vídeo relataba en imágenes alguna de las gestas de este ¿corredor? que debe haber encontrado una especie de nirvana del runner haciéndose durante meses etapas diarias de más de ochenta kilómetros atravesando el mundo de punta a punta en circunstancias tan cambiantes como correr con escarcha en sus cejas o desfallecer a 48º en medio del desierto. En la feria además una divertida anécdota: a nadie se le ocurrió que al inscribirnos todos juntos nuestros dorsales sería consecutivos, así que allí estábamos los corredores del Ecosport Avila, disciplinaditos en nuestra fila mientras el resto estaban casi vacías mientras el amable voluntario, objeto de las risas de sus compañeros, maldecía su mala suerte. Y por seguir con los despropósitos de lo que no se debe hacer antes de un maratón, ni que decir tiene que a la que vimos que se ofrecía vino y queso gratis, cayeron unos cuantas "pruebas" de ambos.

La tarde la teníamos libre, y como remate de despropósitos pre-carreriles, servidor se pateó la playa de la Concha arriba y abajo, hasta más allá del monte Urgull, se volvió por el barrio antiguo, se tomó un par de cervecitas con sus buenos pintxos, volvió a los alrededores de la playa de la Concha, y se cenó, ya casi sin hambre, una ensalada ¡con salsa tártara! y un buen plato de spaguetti picante, más que nada para acallar su maltratada conciencia y porque su más que previsible fracaso del día siguiente no se debiera a la falta de hidratos... Cuando me fuí a acostar me sentía como una boa de los documentales del National Geographic después de zamparme un inocente cervatillo.

El domingo mañana despertador a las siete. Todo preparado desde la noche anterior, así que no queda más que bajar al comedor del hotel, desayunar y derechitos al autocar. El clima nos daba un respiro en cuanto a la lluvia pero no en cuanto a la temperatura: hizo frío, para mí demasiado, y me arrepentí de no correr al menos con camiseta de manga corta. Salir con la de hombreras, sumado al viento que soplaba en alguna zonas y al desgaste de los kilómetros hizo que en todo momento tuviera la sensación de no acabar de encontrar el ritmo. Estoy seguro de que el clima se quedó ayer con tres o cuatro minutos de mi marca.

El ambiente en el grupo es estupendo: risas, especulaciones sobre marcas, miradas de reojo al cielo, el acompañamiento analizando el recorrido para vernos pasar en distintos puntos, afinando gargantas para darnos un sinfín de gritos de ánimo que no tenéis ni idea de lo que se agradecen, "disfraces" para evitar el frío... Al respecto de esto, aunque yo no me llevé cámara a la carrera, hay por ahí fotos que de llegar a mis manos aviso a los protagonistas que publicaré sin compasión.

Mientras esperamos el momento de acercarnos a la salida oigo que alguien me llama. Es Miguel Morea que me ha reconocido y al que saludo. Otro corredor de la escuela Slowpepe, de los que como no tenían otro plan deciden sobre la marcha correr un maratón..., desmitificando de paso la distancia y demostrando a quien lo quiera entender que correr un maratón no es cuestión de "estar preparado", (aunque evidentente se necesita un mínimo de base), sino de encontrar un ritmo adecuado para hacerlo. Un placer conocerte y charlar aunque fuera unos minutos contigo.

Yo he quedado con mi primo Jesús en salir a ritmo de cuatro horas y en esas van cayendo los primeros kilómetros, a ese ritmillo de 5'40''-5'45'' que nos permitirían cumplir el objetivo. No obstante, como comenté antes, aunque mis pulsaciones eran buenas y me encontraba con fuerzas, no llegué a tener la sensación de encontrar esa sensación de ir "redondo" en toda la carrera.

Una de las cosas buenas que en mi opinión tiene el recorrido de San Sebastián es que te puedes cruzar con el resto de corredores. Personalmente el encontrarme con los conocidos y animarles me ayuda a que vayan cayendo los kilómetros. Así que veo varias veces a casi todos los compañeros de club, a Nacho Silvestre, Pedro Pfp, Carlos Matraco, Miguel Angel Equis, Miguel Morea, Sergio Mayayo... Según me cruzo con ellos veo sus rostros, intento hacer cuentas sobre sus ritmos previstos y si van cumpliendo o no sus objetivos... A todos les intento apoyar con un grito de ánimo. Algunos no lo necesitan, como Morea, al que veo "sobrado" durante toda la carrera, y algunos compruebo como en cada cruce van perdiendo la figura y el brillo inicial en sus ojos, como Silvestre, que debutó con apenas un año de corredor con un excelente sub-4 a pesar de que valía unos cuantos minutos menos. Tienes que estar orgulloso amigo mío y valorar muchísimo esa marca.

Nada más acabar la primera vuelta grande al circuito, sobre el kilómetro 24 ó 25 me doy cuenta de que Jesús no va fino aunque no dice nada. Poco a poco se le va descomponiendo el gesto y aflojamos el ritmo esperando que sea un bache temporal, pero a partir del kilómetro 28 me insiste en que le deje. Me parece demasiado pronto y le sigo acompañando unos kilómetros más. En el 32 veo que ir conmigo le impide parar a andar, y en su situación quizá le convenga alternar correr-andar hasta el final, así que me descuelgo. Queda la parte más dura del maratón, y la más desangelada, pero ahora, solo, sin el apoyo de un grupo, y con la moneda en el aire es el momento de analizarse, valorar las fuerzas que uno tiene, lo que puede conseguir con ellas y esperar que la moneda caiga de cara. Me encuentro entero. Hemos ido casi toda la carrera a "mi ritmo" e incluso hemos perdido unos minutos en su última parte a la espera de la recuperación de Jesús, así que las fuerzas están todo lo intactas que pueden estar en ese kilómetro. Echo unas rápidas cuentas y si consigo hacer los diez que quedan a 5'30'' me planto en meta en cuatro horas justas. Así que decido apostar por ello..., pero la moneda esta vez cae de cruz. Durante cuatro o cinco kilómetros consigo con una cierta facilidad mantener ese ritmo, pero la pequeña cuesta a la salida de una rotonda en el kilómetro 36 ó 37 me pone las pulsaciones por las nubes. En ese momento veo que no voy a conseguir mi segundo sub-4 y la sensatez se impone. Decido aflojar el ritmo, (incluso ando un tramo para recuperar), y pongo una marcheta suave que me permitirá llegar sin ningún problema, sin sufrimiento agónico y con una cierta dignidad a meta. Allí están los compañeros de club que ya han terminado, los acompañantes, en su mayor parte esposas, parejas e hijos de los corredores, grandes, grandes y bulliciosos todos, cámaras en ristre, con las manos y gargantas rojas de aplaudir y animar durante todo el recorrido, esperando hasta el último. Muchas gracias por todo amigos.

La comida y el viaje de vuelta de lo más ameno. Libres ya de la tiranía del miedo/respeto al maratón, sólo queda recuperarse y pensar en el siguiente reto: por mi parte seguir disfrutando de estás tontás del correr, como dice Iván Cabesc.

Hoy estoy sorprendentemente bien, con unas pequeñas agujetas, menores que en otras carreras. No obstante me voy a dar un, creo, que merecido descanso. Feliz de haber superado con creces mis espectativas en aquel doble reto que me propuse a instancias del liante Spanjaard de acabar con éxito los 50K Villa de Madrid y el Maratón de San Sebastián con tan sólo tres semanas de diferencia.

Esta semana no tengo pensado hacer absolutamente nada y en la siguiente simplemente trotaré suave para no olvidar que lo que me gusta es simplemente correr, no siendo que me de por entrenar y lo eche todo a perder...

Aquí tenéis las fotos que yo hice. A medida que me lleguen más las iré incorporando al álbum.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Popurrí de tres...


Uno. Esta es la última entrada antes del maratón. Mañana a mediodía salgo para San Sebastián con una cierta congoja por no estarle dando a la carrera todo lo que se merece. En ninguno de los otros maratones que he corrido he sentido menos tensión, menos nervios y menos miedo a lo que pueda pasar. Llego con la sensación de tener la temporada hecha y en San Sebastián simplemente voy a disfrutar. No lo he preparado especialmente y ni siquiera tengo claro a qué ritmo salir. Posiblemente buscando las cuatro horas porque ese es el objetivo de mi primo Jesús, pero sin ninguna intención de dejarme algo más que un poco sudor en el asfalto donostiarra. Si salen las cuatro horas, bien, si Jesús decide ir más lento, también bien. El único aliciente, aparte de disfrutar de la ciudad y del público más entendido en atletismo que conozco, es poner el broche de oro a un buen año saliendo airoso del reto de acabarlo dignamente después de correr los 100/50 KM Villa de Madrid tan sólo tres semanas antes.

Dos. Ayer me compré un juguete. Una Olympus E-510 (Kit doble Zoom) con la que espero disfrutar a tope de esa otra forma de ver el mundo, a través de un objetivo. Sí, ya se que queda un poco Off-Topic, vuelvo al atletismo...

Tres. Hoy he hecho mi último entrenamiento previo al maratón, y he disfrutado como pocas veces. La mañana amaneció gris y oscura, pero antes de salir las gruesas nubes dejaron escapar de sus enormes barrigas una buena cantidad de agua que me ha acompañado durante todo el recorrido, deparándome una carrera deliciosa en la que además no he sentido absolutamente ninguna molestia en el vasto externo, zona que el viernes pasado me dió un pequeño susto.

A veces me ocurre que mientras corro el estribillo de una canción o la sintonía de un anuncio me acompañan durante todo el camino. Puede ser algo tan distinto como La Cabalgata de las Walkirias, (brutal y apropiadísima en esta versión de Apocalypse Now), El Canto del Gallo, de Radio Futura, o el Aserejé. Hoy le ha tocado a una de las mejores canciones de mis queridos U2, lo que para mí supone ser una de las mejores canciones, sin más, y que además usé como fondo de este vídeo que ya publiqué en el blog: Where the streets have no name. Con ella os dejo hasta la semana que viene.




Quiero correr, quiero esconderme.
Quiero derribar los muros
que tengo en mi interior.
Quiero alargar la mano
y rozar la llama
donde las calles no tienen nombre.

Quiero sentir la luz del sol en mi rostro.
Ver la nube de polvo
desaparecer sin dejar rastro.
Quiero refugiarme
de la lluvia venenosa
donde las calles no tienen nombre...

La traducción es mía, así que no la hagáis mucho caso. En cualquier caso es bella, ¿no?.

martes, 20 de noviembre de 2007

Recuerdos del maratón. (y 1...)



Ayer en el foro de ElAtleta.com escribí como al recolocar los muchos recuerdos de las carreras que he corrido tuve que hacer sitio y darles un lugar preferente a aquellos que más estimo: mis nueve maratones. Fue un momento bonito, con un toque nostálgico en el que se mezclaban recuerdos de dolor, alegrías y dudas, aderezadas con alguna que otra lágrima. Algunos de los amigos de La Paquetería me instan a que describa al menos parte de esas vivencias, y este blog se creó precisamente para eso, así que iré desgranando, sin periodicidad definida ni orden preestablecido, ni siquiera con la certeza de la continuidad, algunos de los más relevantes.

Sin ninguna duda el más hermoso, por encima de la alegría del debut, fué la llegada del Mapoma 2002, maratón que como hoy escribía en el foro, nunca debí correr pues no había entrenado absolutamente nada y sufrí muchísimo por el calor con un hundimiento espectacular de media hora en la segunda mitad. Pero paso a relatar:

Mi madre tiene una hermana melliza. Ambas se casaron con escasa diferencia de tiempo y ambas tuvieron a sus primogénitos con nueve días de diferencia: mi primo Jesús, con el que siempre he tenido una excelente relación, y yo. Como ya conté en este blog, yo siempre he coqueteado con más o menos éxito con varios deportes: carrera, bici de montaña, kárate... Mientras que Jesús siempre tuvo una vida más sedentaria. Con 35 años tenía muchos kilos de más, fumaba en exceso y no se le pasaba por la cabeza ponerse unas zapatillas de cualquier deporte y hacer algo de ejercicio. Por aquel entonces vivía en un tercero sin ascensor y era incapaz de subir la compra a casa sin parar por el camino.

Un rapto de lucidez, (y el consejo de los médicos), le convencieron que ese no era el camino a seguir y decidió perder unos kilos. Con fuerza de voluntad y perseverancia lo consiguió, de una forma fácil al principio, aunque después de los primeros la pérdida se ralentizó mucho. Fue entonces cuando hablando un día con él le propuse que empezara a trotar. Dicho y hecho. Para mi sorpresa se comprometió con el atletismo, y después de unos meses de trote recuerdo su primera salida larga: 15K suaves, Avila-El Fresno y vuelta, que le costaron mucho pero que se empeñó en terminar aún con el pulsómetro en alerta roja. Poco después la primera media, en Talavera de la Reina en 2001. Conservo una foto en la que se le ve feliz, todavía con algún kilo de más, su aspecto de paquetillo, con su gorra y su ropa "de andar por casa". Pero el gusanillo del atletismo había entrado en su vida.

Al año siguiente, (2002), con la escasísima experiencia de esa media se atrevió a correr su primer Mapoma. Otro día contaré mi experiencia en ese maratón, el único en que he sentido miedo por mi salud. Lo importante, el recuerdo más bonito que tengo de él es que cuando llegué a meta, diez minutos después de Jesús, allí estaba, esperándome, fino cual keniata, con su colesterol y triglicéridos estabilizados y la autoestima por las nubes. Yo llegaba deshidratado y renqueante, literalmente roto, y nada más cruzar la meta se acercó a mí, me abrazó y me besó en la mejilla:

-"Gracias".

Fue todo lo que dijo. Y no necesité más. Desde el principio entendí todo lo que esa palabra encerraba: el cambio radical de modo de vida que hubiera hecho de él un viejo a los cincuenta a uno más saludable, que posiblemente le permita seguir corriendo maratón hasta los sesenta, el empujón de la propia autoestima que supone mirarse en un espejo y gustarte lo que ves después de años de que eso no fuera así, la sensación de autosuperación por parte de alguien que nunca soñó ni siquiera que algún día podría llamarse atleta y acaba de correr una distancia con la que muchos de esos atletas no se atreven. Esa comprensión de lo que significaba ese lacónico "gracias" y la sensación de que al menos en parte lo que la escueta palabra albergaba se debía mí, me hizo subir un nudo a la garganta que aún siento cuando lo recuerdo. Ayer fue la última vez.

Ese ha sido hasta ahora, y de largo, el momento más emotivo que he vivido en un maratón.

(En el enlace a las clasificaciones que he puesto arriba somos los puestos 7538 y 7949).

viernes, 16 de noviembre de 2007

¡Alarma!

¿Dos entradas en un día?. Eso no puede ser por nada bueno...

Pues no, no es nada bueno: me caigo de Canillejas y peligra el maratón de San Sebastián...

Esta misma tarde, a la vuelta de un rodaje tranquilo y no demasiado largo, me he lesionado: un dolor brusco, que ha aparecido tan sólo en veinte o treinta metros, y que me ha hecho parar y volverme andando el kilómetro que me quedaba hasta casa. A priori no parece nada serio, simplemente una sobrecarga en la parte exterior del muslo derecho, como tres o cuatro dedos por encima de la rodilla. No parece afectada la articulación y por su posición y síntomatología no creo que sea el síndrome de la cintilla iliotibial. No obstante ya tengo cita con mi fisio de cabecera.

Mi esperanza es que tenga razón, se trate de una pequeña sobrecarga por el test de Gavela que hice el martes, y con unos días de reposo, hielo y antiinflamatorios, (mira que me gusta poco tomarlos), estaré sin problemas para San Sebastián. Ya veremos.

P.D. Es curioso en un sólo día cómo cambian las cosas...

Tranquilidad


Escribía esta mañana en el foro de ElAtleta.com acerca de cómo encaraba estos últimos días previos al maratón de San Sebastián. Equis, uno de los amigos de La Paquetería, comentaba que se encontraba algo desmotivado, lo que me ha hecho reflexionar sobre mis propios sentimientos respecto a esta carrera. Y de entrada casi caigo en la tentación de calificarlos como él de desmotivación, pero no es así. Realmente lo que estoy es tranquilo. Más de lo que he estado en ningún otro maratón.

Como he citado en el foro recuerdo el año pasado por estas fechas. Como relaté aquí en el blog, quince días antes del Mapoma una contractura dió al traste con el maratón. El día antes del Tui Marathon de Palma de Mallorca una caída en casa de mi hermana hice que tuviera que coger un fatídico cruce a la derecha en lugar de a la izquierda, ese cruce en el que Slowpepe tuvo el valor de arriesgar y hacer lo contrario. El año pasado pues, me lo jugaba TODO en San Sebastián, a una carta, a cara o cruz, y por suerte salió cara. Siempre me he considerado una persona con un cierto autocontrol, pero esos últimos días los recuerdo tensos y duros, con miedo a un catarro de última hora, analizando cualquier pequeña molestia, devorando previsiones meteorológicas...

Este año es distinto. Este año todas las monedas al aire han caído de cara, e incluso una apuesta arriesgada como la que hice al correr los 50K Villa de Madrid parece que fue a caballo ganador. Este año lo tengo todo hecho, y casi parece que San Sebastián es un mero trámite para finalizar la temporada, descansar y pensar en la siguiente, (en la que va tomando forma la apuesta de hacer los 100K en 24 horas), así que en San Sebastián no queda sino disfrutar. Esa tranquilidad y un resquicio de sensatez que me hace ser prudente respecto a la influencia de los 50K en el maratón, hace que no tenga claro a qué ritmo salir en Donosti. Creo que podría rondar sin muchos problemas las cuatro horas, así que seguramente saldré con mi primo Jesús que las tiene en mente desde hace un tiempo, y posiblemente ahí esté mi tope "por encima", porque lo que sí tengo claro es que no tengo voluntad de sufrir en exceso.