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lunes, 20 de mayo de 2013

Laguna Caña del Gallo.

 

 

Hacía mucho (demasiado) que no me regalaba una excursión en solitario a la montaña. Pedro, un compañero de trabajo, me habló de una espectacular floración que tenía lugar por estas fechas en la Laguna Caña del Gallo (también denominada en según qué sitios Cañada del Gallo o Cantalgallo), en las cercanías de Hoyos del Espino, y de la cual me enseñó un par de fotos del día trece de este mes en el que se podía ver la superficie de la laguna totalmente cuajada de flores blancas. Además el paraje tiene el aliciente de poder disfrutar de unas de las mejores vistas del macizo central de Gredos.

Como vale más una imagen que mil palabras subo aquí las fotos en cuestión, publicadas en la web Eltiempo.es por una usuaria identificada como Pilar a la que he informado previamente del uso aquí de sus fotos:

Edito: Pilar, la autora de las fotos, en su amable comentario en esta entrada me matiza que la laguna pertenece a Hoyos del Collado, un pequeño y tranquilo pueblo cercano a Hoyos del Espino, con buenos ejemplos de arquitectura popular y que me he comprometido a visitar más pronto que tarde. Muchas gracias Pilar por las fotos, el comentario y la aclaración.

 

 

Como no era cuestión de salir del trabajo en ese momento decidí posponer la visita hasta ayer domingo… Pero el tiempo este año es caprichoso, y de las verdes praderas y el cielo límpido de las fotos de Pilar, ni rastro. De hecho nada más aparcar el coche estuve tentado de abortar la ruta: había nevado abundantemente por la noche y de hecho seguía haciéndolo. Teniendo en cuenta que me faltaban por subir más de cien metros de desnivel suponía en buena lógica que la cosa estaría peor más arriba. Ello unido a que desconocía totalmente el terreno, a que iba cargado con un equipo fotográfico que no sólo pesaba unos cinco kilos, sino que vale más de… (cariño, si lees esto ya sabes que no es tanto, que es sólo por darle picante a la entrada) y que no me apetecía que se mojara, y que desoyendo los más elementales consejos de seguridad en montaña, iba solo, evidentemente me empujó a seguir… (Mmm… Ese dulce cosquilleo que se siente cuando uno sabe que roza lo imprudente…)

Debido a que la intencionalidad de la salida era tanto o más fotográfica que montañera decidí subir el coche lo más posible desde Hoyos del Espino, para lo cual debemos atravesar el pueblo en dirección Barco de Avila, y en la salida tomar una estrecha carretera (más bien un camino asfaltado) identificable por un indicador hacia el Santuario de Nuestra Señora del Espino y por una cruz de piedra. Esa carretera zigzaguea en dirección noroeste durante unos kilómetros, ganando altura rápidamente. El coche le dejé prácticamente al final de la misma, donde se convierte en camino de tierra. De ahí a la laguna subiremos ininterrumpidamente aunque de forma muy suave.

La ruta es prácticamente recta, aunque en cualquier caso la vista de los “cuarenta pinos”, un pequeño bosquecillo de tal especie arbórea visible durante casi todo el recorrido podría ayudar a orientarnos en caso de duda.

 

En este punto ya llevaba un buen trecho recorrido, pero no me atreví antes a sacar la cámara de su bolsa… Al fondo los “cuarenta pinos”

El recorrido no es técnicamente difícil. Después de unos cientos de metros el camino desaparece, y al menos ayer domingo, con la nieve, no vi sendero alguno. El terreno vira a pradera y piornal, cruzado por varios arroyos que seguramente algo más adelante se sequen y en los que tuve que tener mucha precaución de no resbalar o torcerme un tobillo debido a estar parcialmente ocultos por la nieve recién caída y que por suerte había cesado.

 

 

Los piornos deberían estar ya en flor, pero así lo tienen difícil…

Había que aprovechar los momentos en que el sol se asomaba entre las nubes…

Ejemplar de fauna exótica, poco adaptada al medio, y que por su sufrida expresión diríase que a duras penas  sostiene casi tres kilos de equipo fotográfico al final de su brazo.

La subida se me hizo lenta a partes iguales por no llevar raquetas y hundirme por tanto en la nieva a cada paso, las paradas para hacer alguna foto y la precaución de pisar con sumo cuidado en un terreno irregular. De ahí que me llevara más tiempo de lo que sería habitual llegar a la laguna.

 

Vi poco cielo, cierto, pero el que asomaba de cuando en cuando tenía un azul espectacular… Cerca de acceso a la laguna, después de aproximadamente hora y media de ruta.

Hummm… ¿Y las flores?

Insisto, ¿y las flores?

¿Tú sabes qué ha pasado con las flores?

Mi primera decepción fue comprobar que la floración, bien había terminado, bien se había agostado debido al bajón de temperatura de los pasados días. Para colmo, las espectaculares vistas estaban ocultas por negros nubarrones de los que la previsión meteorológica afirmaba que a media tarde caería una buena cantidad de agua ¿quizá nieve a estas alturas?. Vagabundeé un buen rato tomando instantáneas de los alrededores de la laguna a la espera de algún claro que al menos me permitiera fotografiarla con las montañas al fondo, pero al no tener suerte decidí volverme.

 

 

 

Perdonadme el autobombo, pero me encanta la sensación de profundidad de esta foto. Y ese azul…

 

Ya de bajada paré unos minutos en los “cuarenta pinos”, y me entretuve con unos amigos que andaban por allí.

 

 

 

 

 

Ya casi en el pueblo, y recuperada casi toda la altura, buena parte de la nieve caída se había derretido, dando paso a un paisaje, ya por fin, casi primaveral.

 

 

En ningún momento me encontré con nadie. En ningún momento oí otra cosa que no fuera mi respiración o el susurro del viento acariciando los piornos, el cantarín murmullo de los arroyos. En definitiva, una salida que aunque no cumpliera con el objetivo previsto en principio, resultó de lo más sabrosona y gratificante. De nuevo solo. De nuevo contra el espejo inclemente de la montaña y del reflejo de ti mismo que esta devuelve, fiel y desapasionado. Real. De nuevo eso sirvió para que en cada paso quedara una pequeña parte de los fantasmas que todos llevamos dentro.

Enlace a la ruta en Wikiloc.

El resto de las fotos en este album Picasa del que os dejo una presentación:

 

 

¡¡¡IMPORTANTE!!!

Las descripciones de rutas de montaña que hago en este blog son tan sólo expresión de mis impresiones y sensaciones de ese día concreto, y por tanto totalmente subjetivas. No tienen porqué coincidir con las de cualquier otra persona, incluso realizándolas en las mismas condiciones. Tampoco son guías exhaustivas. A pesar de que procuro que todos los datos que ofrezco sean correctos, sería recomendable que antes de hacer alguna de ellas te informaras sobre las mismas en publicaciones especializadas. No obstante, si crees que te puedo servir de ayuda, o necesitas alguna aclaración, ponte en contacto conmigo. Por último, tienes que tener en cuenta que la montaña es un entorno potencialmente peligroso. Usa el sentido común y no afrontes recorridos para los que no estés absolutamente seguro de estar suficientemente preparado y equipado. Y ten siempre en cuenta las posibles complicaciones meteorológicas, muchas veces imprevisibles.

miércoles, 17 de agosto de 2011

51 Travesía de las Cumbres Escurialenses. Borrico asado en su jugo.

Never, never, never… En mi puñetera vida había pasado más calor ni cometido tal idiotez como este pasado lunes a pesar de la sonrisa satisfecha que luzco en la foto, tomada en La Machota Alta o Pico del Fraile, mientras me apretaba una cervecita fresca. En mi mano izquierda una caja de Yemas de Santa Teresa, dulce típico de Avila, que son, permítaseme la expresión, teta de novicia.

La Travesía de las Cumbres Escurialenses es una marcha de montaña organizada por el Ayuntamiento de San Lorenzo de El Escorial que recorre las principales cumbres que rodean el pueblo y en la que ya participé en su edición de dos mil nueve. El recorrido sin ser excesivamente difícil sí suma un buen desnivel (tres mil metros en unos veinticinco kilómetros si sumamos el descenso hasta San Lorenzo de El Escorial desde el Monte Abantos, donde termina la travesía) y tiene algún paso pelín técnico que excede lo senderista para adentrarse en lo puramente montañero. Podéis descargar el plano de este enlace y el folleto promocional de este otro (Al terminar le presté el GPS a mi amigo Angel, en cuanto me lo devuelva subo el track)

La organización de la travesía es curiosa. Comenzando por la forma de apuntarse, literalmente a mano en un cuaderno a la entrada del Ayuntamiento… Ya en la salida se lee el nombre y el dorsal de cada equipo (de dos o tres montañeros) y se le da la salida consignando en una credencial la hora de la misma. A partir de ahí el equipo tiene un plazo mínimo para llegar al siguiente control, un total de cuatro más la llegada. Es decir, que si el equipo llega antes de ese plazo al control no le sellarán la credencial hasta que pase ese tiempo mínimo, y por tanto no podrá continuar al siguiente, y uno máximo, que de no cumplir, supondría la eliminación del equipo. Por supuesto los controles los debe pasar el equipo al completo. Esta mecánica tiene el efecto de que la salida se prorrogue desde las ocho de la mañana hasta más o menos las nueve (en función de lo rápido que el speaker “cante” los nombres y dorsales) y los participantes no se agolpen en exceso durante la ruta. Los tiempos están calculados para que gente acostumbrada a caminar por la montaña no tenga excesivos problemas pero tampoco se pueda dormir por el camino. Los que no tengan esa costumbre lo pasarán mal y en el pueblo se puede comprobar que “Las Cumbres”, como popularmente se le conoce, tiene una cierta aureola de dureza.

Dos imágenes de la salida, con el speaker cantando a voz en grito nombres y dorsales mientras los andarines esperan su turno.

Yo me ponía en la salida con la duda sobre cómo se comportaría mi maltrecha rodilla y la certeza de que el día iba a ser asfixiante. Poco después de las ocho y media, al iniciar la travesía, el sol restallaba ya en el severo y gris granito desnudo del Monasterio de El Escorial, y aunque los primeros pasos discurren bajo la agradable sombra de los robles y castaños, prácticamente toda la ruta se desarrollará bajo su inclemente fulgor.

En el tiempo previsto coronamos la primera de Las Machotas, en concreto la baja, donde saludo a Iván, Arganzboy, impenitente y sempiterno corredor, perejil de todas las salsas carreras, al que hasta entonces solo conocía de leídas… Un placer saludarte.

Ese de ahí arriba, el tímido que se pone a contraluz para que no se le reconozca, ese es Arganzboy…

En el barullo que se forma en ese primer control el bueno de José se pelea con jueces-árbitros, otros montañeros y con sus compañeros de equipo, que le llevarán toda la mañana por la calle de la amargura: Pako Izga y servidor. Junto con nosotros, y con dorsales consecutivos para poder salir prácticamente juntos, están también otro puñado de amiguetes: el equipo de Los Angeles (Angel, Angela y Angel) y el de Los Corredores de la Fruta, con Jorge y dos amigas suyas, Isabel y Raquel, a las que Jorge debió tratar muy mal pues no terminaron la travesía, pasando entonces el abandonado a ser adoptado por nuestro grupo. Ya sabéis: él nunca lo haría... Pobrecico.

El segundo control está situado en la Machota alta, conocida también como Pico del Fraile. Este control es algo menos ajustado, por lo que si has apretado el paso puedes demorarte unos minutos en él. Y eso hicimos, aprovechando para tomar unos tomates de la huerta de José, una cervecita, algo de fruta, unas Yemas de Santa Teresa… Un avituallamiento en toda regla.

Llegada al precioso Pico del Fraile (Machota Alta)

Esos tomatitos, esa cerveza, esas yemas… pero sobre todo: esa buena gente con la que tuve el privilegio de compartir una estupenda mañana.

Bajamos hacia el Puerto de la Cruz Verde, por una cuesta que despierta mis instintos más animales de veterano ¿o era vetusto? corremontes: rápida, no muy técnica. Apropiada para haberme pegado una buena vacilada delante de los montañeros mientras los adelantaba cual centella, que para eso uno es superviviente del MAM… Macarradas aparte, mi rodilla comienza a quejarse en serio e incluso el ritmo lento que llevo me provoca dolor y una incipiente cojera. Me había fijado ese punto como posible retirada, ya que desde ahí hubiera podido bajar andando fácilmente hacia San Lorenzo andando por la carretera (o haciendo dedo con cara lastimera de montañero dolorido y quejicoso, cosa que se me da muy bien) pero uno es borrico y son menos veces de las deseables en las que la ¿razón? se impone al corazón. Así que cervecita fresquita mediante, y habiendo rellenado de agua el depósito de la mochila, que no solo de cerveza vive el montañero, encaramos la subida más dura del día: el Cerro de San Benito

Después de más de tres horas de caminata el calor ya es un problema y empieza a hacer estragos en algunos de los caminantes menos preparados o que no han tenido la precaución de hidratarse correctamente. Algunos rostros en este punto eran todo un poema y aún quedaba mucho camino por delante.

El alto del Cerro de San Benito, donde se sitúa el tercer control, me resulta espectacular. Una especie de circo, una pequeña explanada rodeada de roca de la que no me resultaría extraño leer que  ha sido morada de algún ermitaño en su huída del mundanal ruido. Me gustaría volver allí… solo.

El Cerro de San Benito en las gafas de Pako Izga.

Panorámica de la explanada del Cerro de San Benito.

A partir de este punto el recorrido se hace más fácil. Salvo la subida al Risco Alto no hay cuestas importantes aunque eso también se tiene en cuenta a la hora de fijar el tiempo límite de los controles y la distancia entre ellos es mayor, por lo que no te puedes dormir. Me pierdo otra bajada espectacular para haber podido correrla, pero a estas alturas mi rodilla ya me hace cojear ostensiblemente y temo el momento en que se enfríe.

Inicio de la bajada del Cerro de San Benito. A la izquierda, arriba y al fondo, el Monte Abantos, nuestro destino.

De nuevo cruzamos la carretera, esta vez en el Alto de la Paradilla, donde hay otra venta, La Ventolera, en la que volvemos a cargar agua… y otra cervecita bien fría. A partir de aquí dejamos el sendero, que ha sido dominante hasta ahora, y el recorrido se convierte en camino sin ninguna complicación. Nada más salir de la venta iniciamos la subida al Risco Alto, dura por el sofocante calor y el cansancio acumulado más que por su largo o desnivel, y allí sellamos el cuarto control. Hasta Abantos nos queda un margen de una hora que cubrimos sin mayores complicaciones, y una vez en la llegada la organización ofrece una comida, modesta, a base de pollo asado, ensaladilla, fruta y una bebida. Teniendo en cuenta que estás a más de mil quinientos metros de altura, que bastante hace la organización con subirla allí, que llevas seis horas de caminata y cualquier cosa te sabe a gloria ¡y que la inscripción es gratuita! creo que no se puede pedir más.

En las cercanías del Monte Abantos. Prácticamente todo el recorrido de un vistazo, con Las Machotas en el centro.

Ultimo control. Ahora, a comer…

A la sombra de los pinos echamos una buena cantidad de risas y chascarrillos, apurando el momento de bajar de nuevo al pueblo, cosa que hicimos por un serpenteante sendero entre el frondoso pinar. Casi sin darnos cuenta (salvo por el fuerte dolor de rodilla que llevaba) llegamos de nuevo al asfalto de San Lorenzo. Una sobremesa en una terraza, más risas, más chascarrilllos… Una delicia de día cuyo recuerdo no consigue ensombrecer el que me haya cargado un mes de recuperación y hoy esté cojeando aún atiborrado de analgésicos. Lo dicho: un borrico.

Una presentación con el resto de las fotos que hice, incluidas en este álbum Picasa:

Más fotos, de mi participación en dos mil nueve en este otro álbum.

 

¡¡¡IMPORTANTE!!!

Las descripciones de rutas de montaña que hago en este blog son tan sólo expresión de mis impresiones y sensaciones de ese día concreto, y por tanto totalmente subjetivas. No tienen porqué coincidir con las de cualquier otra persona, incluso realizándolas en las mismas condiciones. Tampoco son guías exhaustivas. A pesar de que procuro que todos los datos que ofrezco sean correctos, sería recomendable que antes de hacer alguna de ellas te informaras sobre las mismas en publicaciones especializadas. No obstante, si crees que te puedo servir de ayuda, o necesitas alguna aclaración, ponte en contacto conmigo. Por último, tienes que tener en cuenta que la montaña es un entorno potencialmente peligroso. Usa el sentido común y no afrontes recorridos para los que no estés absolutamente seguro de estar suficientemente preparado y equipado. Y ten siempre en cuenta las posibles complicaciones meteorológicas, muchas veces imprevisibles.

lunes, 23 de mayo de 2011

Test ¿definitivo?

paquetes cima peñalara 22may11 mini En la cima de Peñalara. Foto gentileza de Mayayo.

Durante la mañana el sol ha calentado el asfalto de la M-614, pero a mediodía dispersos chaparrones han salpicado la zona. Justo antes de pasar por los alrededores de Cercedilla el sol vuelve a brillar con fuerza. Típico día de tormenta. Del asfalto recalentado y húmedo se desprenden tenues volutas de vapor que ascienden perezosas en un aire en calma. Mi Hyundai las hiende y aparta. No las rompe, sino que dan la sensación de deslizarse por arriba y a los lados de la carrocería, dejando estéticos remolinos como testigos de mi paso. La sensación es fuertemente onírica –demasiado, Carlos- piensas. Como media hora más tarde te fijas en la parte superior del pie derecho de tus Asics Gel Trabuco, mugrienta, a la altura de tus ojos, mientras apoyas el talón en una papelera de la primera área de descanso de la AP-6 tras cruzar el túnel de Guadarrama, mientras los conductores que pasan a tu lado se preguntan que hace un tipo macilento y con barba de dos días estirando sus músculos. Apenas a cinco minutos de casa paro de nuevo. Más estiramientos, esta vez de cara a la AP-51, mucho menos transitada que la anterior.  Mi atención se focaliza en detalles, como si la percepción del mundo me llegara a través de un embudo cuyo final se fuera haciendo cada vez más fino, signo inequívoco de cansancio… Un cansancio que me hizo entrar en la cama poco pasadas las diez de la noche de vuelta de uno de los entrenos más duros de mi vida. Sí, en el bucle central de MAM. Sí, otra vez…

Siete de la mañana en el Puerto de Navacerrada, un puñado de futuros supervivientes del MAM dispuestos a hacer un test de cara a la carrera. El día ya se preveía duro pues no había tiempo para bromas: a estas alturas uno debe conocer su verdadera medida para afinar objetivos y pretensiones, y hoy toca sufrir. Por ahorrar peso ni siquiera llevo la carga completa de agua en mi mochila (hay varios puntos de repostaje por el camino), ni cámara de fotos ni GPS (salvo niebla extrema dudo mucho que me perdiera en ese recorrido después de tantas veces) Los galgos que me acompañan son además todos más rápidos que yo y sé que las voy a pasar de a duro para seguirles. Para colmo, nada más de empezar a subir a Bola del Mundo me doy cuenta de que no estoy del todo bien. Echo de menos mi pulsómetro (en reparación), pero siento el golpeteo de mis latidos en las sienes y las sensaciones no son todo lo buenas que desearía. Aún así coronamos a buen ritmo. Rápida y vertiginosa bajada por la Loma del Noruego hacia el Puerto de Cotos y sin solución de continuidad (apenas un minuto para beber) encaramos la subida a Peñalara por el Collado Peña Citores. La temperatura, fresca en un principio, sube bastante, y en cuanto se disipa el bosque de Pino Silvestre que nos acompaña al inicio de la subida el sudor comienza a gotear por mi frente. El calor y la humedad pueden hacer estragos en mí y convertir el día en una tortura. No obstante a medida que ganamos altura la temperatura se atempera y de hecho en Peñalara ésta es de lo más agradable. De nuevo, casi sin descanso, nos lanzamos a otra vertiginosa bajada en dirección al Puerto de Cotos. Tan vertiginosa que las plantas de los pies me arden por el roce con el calcetín a pesar de llevar las zapatillas bien ajustadas.

En el Puerto de Cotos por fin hacemos una parada “de verdad”, con pincho de tortilla incluido. A estas alturas ya estoy muy cansado. Casi toda la mañana he ido a cola de pelotón salvo ocasionalmente en alguna bajada en la que la lógica de la fuerza de la gravedad se impone y me permite codearme con (algunos de) los compañeros.

Llega el coco. La subida a Cabezas de Hierro Menor por los temidos y temibles Tubos de Cabezas. El ritmo sigue siendo alto, y en el acercamiento a los tubos trotamos siempre que el terreno lo permite, de hecho, más de lo que de ir solo yo hubiera trotado. Pero cuando el terreno se pone casi en vertical ¡ay amigo!, ahí no trota ni el tato y bastante tienes con ir poniendo machaconamente un pie delante del otro, uno delante del otro concentrándote en dónde lo haces para no resbalar… o para no meter la pierna hacia algún ignoto agujero que sabe Dios donde acaba… Aún así, después de infinitos bufidos, resoplidos y maldiciones, hacemos cumbre. De nuevo han caído las tres torres…  y lo que cae ahora es granizo… Durante el último tramo de la subida a Cabezas de Hierro el cielo se ha ido nublando, y con la brusquedad con la que estas cosas ocurren en la montaña, de repente se ha puesto a granizar. La humedad hace peligroso el primer tamo de descenso de Cabezas de Hierro, pedregoso y muy técnico, por lo que extremamos las precauciones, pero una vez bajado ese primer tramo el terreno es íntegramente corrible, al menos para el que tenga piernas y pulmones para ello, así que a partir de ahí ¡tonto el último!

Tengo las piernas de chicle. Pero no de un chicle normal, no. De chicle que ha batido el récord mundial de mascado. Penosamente bajo en las estribaciones del Cerro de Valdemartín, y ando, lo más deprisa que puedo, cuando el camino se empina. Hay un momento, a los pies de Bola del Mundo, en que incluso siento un leve mareo, fruto, seguramente, de un bajón de azúcar y que pasa pronto. De hecho en la pestosa bajada desde Bola del Mundo al Puerto de Navacerrada hay algún tramo que hago andando pues no me fío de mi coordinación, y a tan pocos metros de “meta” no es cuestión de darse un raspón. No ocurre. Y una vez reunidos de nuevo en el Puerto de Navacerrada es el momento de empezar con los análisis, bravuconadas, apuestas de tiempo final y los desafíos, más jocosos que reales. Cosas de estar sentado con buena gente delante de una jarra de cerveza para regar infinitas raciones de callos, morcilla, croquetas…

Ando puliendo el plan para el MAM. El que elaboré (y clavé casi al minuto) para salir airoso del empeño en dos mil nueve queda obsoleto. Toca publicar su Versión 2.0. Y en ello ando…

 

¡¡¡IMPORTANTE!!!

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sábado, 21 de mayo de 2011

¿Cross Tres Refugios?

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Angel y Dani en La Maliciosa. Pulsa en la imagen para descargarla en tamaño completo. La luminosa mañana permitió que con mi modesta compacta pudiera tomar cuatro fotos para componer con Photoshop esta panorámica en la que se ve el propio alto de La Maliciosa, la niebla amenazando Cercedilla, Siete Picos y el alto de Las Guarramillas.

A las ocho de la mañana Angel, Dani y yo salíamos del Puerto de Navacerrada con la intención de hacer el recorrido del Cross Tres Refugios, para cuyo fin llevaba un track descargado de wikiloc que nos disponíamos a seguir. Al menos Dani y yo, ya que Angel, con ineludibles obligaciones familiares, se daría la vuelta en el camino a Canto Cochino. Las interrogaciones del título son porque al final hubo alguna pequeña diferencia sobre el recorrido oficial, parte debidas a mí, más al equívoco track descargado… OLYMPUS DIGITAL CAMERA         A los pies de las antenas de Bola del Mundo.

Día, como comentaba antes, que comenzó luminoso, fresco y agradable. A buen ritmo (ya que Dani corre este domingo el cross y quería probar el tiempo de corte de Canto Cochino) subimos hacia Bola del Mundo y encaramos la bajada hacia el Collado del Piornal y la subida a La Maliciosa. Apenas unos minutos para tomar unas fotos y comer un bocado y nos tiramos por la técnica bajada hacia la agreste y divertidísima de trotar Sierra de Porrones. De ahí hasta Canto Cochino, a donde Dani tiene que llegar en un máximo de dos horas y media, el terreno se suaviza y se puede trotar casi íntegramente por senda en buen estado, rápida y casi toda a cubierto entre pinares. Angel se da la vuelta a unos tres kilómetros de Canto Cochino y Dani y yo seguimos perdiendo altura.

Al poco tenemos el primer contratiempo: el track sigue por una senda antes abierta, pero que está actualmente cortada. Probablemente alguien tuvo la estúpida idea de abrir una ruta nueva, lo que generalmente no hace sino provocar por un lado confusión y por otro que tarde o temprano haya que “aclarar” el camino y cerrar alguna de ellas. Afortunadamente la direccionalidad está clara y no nos despistamos. El segundo error sí nos complica algo más. El track nos lleva inequívocamente hacia un resalte rocoso por donde es evidente que el Cross no va a pasar, lo que me lleva a pensar que al menos en esa zona el track está trazado a mano sobre el mapa, y eso nos obliga a recular y dar alguna que otra vuelta en busca de enlazar con la senda que, intuimos, queda algo más al norte y que nos llevará hacia nuestro destino. Como veinte minutos de retraso acumulamos ahí…

Sin más complicaciones llegamos a Canto Cochino, donde hacemos parada y fonda, tomamos una cerveza y comemos algo.

La salida de Canto Cochino me resulta confusa, en esta ocasión soy yo el que no interpreta bien el mapa y perdemos como un cuarto de hora hasta que encontramos el camino, una senda preciosa en busca del Collado del Cabrón (merecido apodo, pardiez, pues subimos por una pared corta pero muy empinada) De ahí bajamos por una senda muy corrible y rápida, a través de unas zetas en dirección al cauce del Río Manzanares, inseparable compañero de ruta a partir de entonces, el cual remontaremos hasta su mismo nacimiento: el Ventisquero de la Condesa, a los pies del alto de las Guarramillas.

A partir de esa zona el recorrido sube incesantemente. El bosque poco a poco desaparece dejando paso al piornal. Las horas de marcha se empiezan a notar. El sol, en su cénit, calienta inmisericorde, y sudo muchísimo. Bajamos el ritmo, ya que no tenemos intención de competir ese día, solo de hacer horas de monte y el caminar sustituye al trote. El terreno además es pestoso: aún hoy tengo infinidad de arañazos en las pantorrillas por lo exiguo de la anchura del paso en muchas ocasiones. Para colmo, vuelvo a leer mal el mapa en el cruce del arroyo del Berzoso, que baja de Cabezas de Hierro Menor, y durante un buen rato tiro de Dani cuesta arriba, remontando dicho arroyo en lugar del Manzanares… Fuera de senda y en el sentido equivocado. Creo que el hecho de que era yo el que tenía el GPS (aún errando su uso) fue el único motivo por el que no me asesinó allí mismo…

Llevamos mucho retraso sobre el horario previsto. A Dani se le ha acabado el agua y la senda parece no terminar nunca, sinuosa y serpenteante entre piornales y prados embarrados que no permiten un ritmo alto. A falta aún de unos kilómetros comparto el poco agua que me queda con Dani, con la tranquilidad de que en caso de necesidad siempre podemos beber del río, cosa que al final debemos hacer puesto que no somos capaces de encontrar la Fuente de la Teja, a pocos metros ya de las antenas de Bola del Mundo y que el mapa me sitúa en medio de un piornal en el que me dejo la poca piel que aún tengo intacta. No obstante tuvo algo de místico saciar nuestra sed con un agua helada y pura, directamente del deshielo a menos de cincuenta metros del nevero en el que nace el Río Manzanares.

Un último empujón de riñones y coronamos Guarramillas. Ahí Dani decide no arriesgar en la técnica bajada hacia el Puerto de Navacerrada y el descenso lo hacemos por la pista asfaltada.

Bocata de lomo y jarra de cerveza con limón pusieron broche a otro estupendo día (casi literal) de montaña.

Track de la ruta en este enlace. El GPS se quedó sin pila bajando hacia el Puerto de Navacerrada y la tuve que completarlo en casa, de ahí que la duración y altura sean erróneas.

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Las descripciones de rutas de montaña que hago en este blog son tan sólo expresión de mis impresiones y sensaciones de ese día concreto, y por tanto totalmente subjetivas. No tienen porqué coincidir con las de cualquier otra persona, incluso realizándolas en las mismas condiciones. Tampoco son guías exhaustivas. A pesar de que procuro que todos los datos que ofrezco sean correctos, sería recomendable que antes de hacer alguna de ellas te informaras sobre las mismas en publicaciones especializadas. No obstante, si crees que te puedo servir de ayuda, o necesitas alguna aclaración, ponte en contacto conmigo. Por último, tienes que tener en cuenta que la montaña es un entorno potencialmente peligroso. Usa el sentido común y no afrontes recorridos para los que no estés absolutamente seguro de estar suficientemente preparado y equipado. Y ten siempre en cuenta las posibles complicaciones meteorológicas, muchas veces imprevisibles.

martes, 10 de mayo de 2011

Bucle central del MAM. Otra vez.

- Que sí, Dani, que es normal…

Te refieres a la sensación de ahogo, de boqueo en busca de una traza de un aire que parece no querer entrar en tus pulmones, que parece no contener una brizna del ansiado oxígeno por el que tus doloridos músculos, tensos, duros por el esfuerzo, claman incesantemente. Dani está pasando exactamente por lo mismo que tú ahora hace dos años: su primer ascensión a los Tubos de Cabezas, la brutal subida por la cara norte de Cabezas de Hierro, y eso después de vencer a Bola del Mundo y Peñalara, es decir, las tres cumbres del Maratón Alpino Madrileño. La ruta de hoy es el bucle central del Maratón Alpino Madrileño, algo más de veintiocho kilómetros de montaña pura y dura, la mayor parte de ellos por encima de los dos mil metros, que están poniendo al límite su resistencia física y especialmente la mental. Por decirlo claro: Dani las está pasando putas, pero putas de verdad… Y le comprendo.

- Esto es así, Dani. La próxima vez, con la ventaja de saber de antemano a qué te vas a enfrentar, lo sobrellevarás mejor…

Poco consuelo, sabes, para el que en esos momentos considera seriamente si tenderse en el suelo y abandonarse a su suerte…

Pero es inevitable. En los niveles en que Dani y yo nos movemos para atreverse con el MAM es imprescindible conocer íntegramente su recorrido, a ser posible en distintas circunstancias, a fin de elaborar una cuidadosa estrategia que nos permita acabarlo con unas ciertas garantías. Por eso a las ocho de la mañana encarábamos la pestosa subida a Bola del Mundo, tristemente llena de cascote y restos de las obras de acondicionamiento de las pistas de esquí. Dani tiene la necesidad de hacer el recorrido de hoy, y yo tengo unas ganas tremendas de probarme en él después de unas semanas de sensaciones muy encontradas, salpicadas de problemillas físicos que no dejan adivinar cual es mi verdadero estado de forma. He iniciado la subida con buenas sensaciones, con las pulsaciones bajas y racaneando esfuerzos para las horas (largas) que vendrán después. Hace frío, lo cual agradezco, pero el día es luminoso y radiante, hermoso… Intento “picar” la ruta, salpicando paradas que nos permitan recuperar aliento y aprovechar para beber y comer de cuando en cuando. Le hablo  a Dani, intento explicarle lo que se va a encontrar en carrera, dónde estarán los avituallamientos, cómo debe, en mi opinión, encarar ese día… Espero haberle servido de ayuda o al menos no haberle provocado un dolor de cabeza…

Bajamos rápidamente por la Loma del Noruego. Quizá demasiado rápidamente, y en un par de momentos tengo que frenar a Dani, al que veo fuerte. La montaña está hermosa, llovida, verde y fresca… Cruzamos el pinar que da acceso al Puerto de Cotos y casi sin darnos cuenta hemos dado cuenta del primer coloso del día. Comemos, reponemos agua y seguimos. Entramos de nuevo en el espeso bosque, ahora camino del Collado Peña Citores, oliendo a resina, a liquen, a frescor y humedad… Aún queda algún pequeño nevero que atravesamos sin peligro y al poco coincidimos con los senderistas que suben por Dos Hermanas hacia Peñalara.

Llegando al Collado de Peña Citores. A la derecha el Puerto de Navacerrada. En el centro Bola del Mundo, y descendiendo, en una hermosa curva hacia la derecha, la  Loma del Noruego.

En el camino a Peñalara.

En Peñalara hace frío. Y viento. En Peñalara siempre hace mucho viento… Nos tenemos que resguardar para comer y descansar unos minutos. Ahora viene un tramo técnico de piedra y una rapidísima bajada, mucha de ella por pista en relativamente buen estado pero con mucha pendiente y piedra suelta lo que la hace peligrosa. No es conveniente hacerla excesivamente cansado, que esto no es más que un entrenamiento…

En el Puerto de Cotos paramos de nuevo, nos sentamos en la terraza de la Venta Marcelino y nos tomamos una buena cerveza con su pinchito de tortilla. Esta parada, aparentemente frívola, es más necesaria de lo que parece para paquetillos como nosotros. Van a ser muchas horas de esfuerzo, más de ocho al final, y hemos dominado dos de las cumbres del día, pero hay que descansar y comer algo más que una barrita energética porque queda lo peor… Y lo peor, que se cuente solo, que para eso me llevé la cámara:

Carlos ¿seguro que es por ahí?

Joder, joder, joder… ¿Dónde me ha metido este tío? Pesao con las fotitos esta…

¿Y si tiro p’abajo y le dan a este abulense?

Que sí… que me vuelvo…

Cagüentó…

Up, up…

Up, up, up, up…

¡Cabezas de Hierro al fin!

Pero todo se acaba, como no me canso de repetirle a Dani durante la subida. Con paciencia y determinación todo termina. Y los Tubos también, y lo que queda hasta el final es negociable, las pendientes no son tan brutales y el terreno no es excesivamente técnico. No hay prisa y no importa poner un ritmo flojo. De hecho trotamos solo cuesta abajo y no en todos los tramos. Dani tiene molestias y su salida más larga hasta ahora era la mitad de la de hoy. En Bola del Mundo, ya en la “civilización”, decide bajar por la pista de cemento mientras yo me tiro ladera abajo en busca del Restaurante Dos Castillas, donde nos apretamos unas cervecitas fresquitas y unas cuantas raciones que nos alivian cuerpo y alma.

¡Te has portado, chavalote, te has portado…!

En lo personal, ha sido un día estupendo. Ya de salida compruebo que mis sensaciones son muy buenas (todo lo buenas que pueden ser en mi situación) y siempre voy con un punto, a veces dos, de reserva. Las salidas montañeras por encima de las cuatro horas que hemos estado haciendo esas últimas semanas se notan, y mucho. Aún queda un mes largo para el MAM pero si nada se tuerce lo encaro con muchísima confianza.

Y este domingo muy probablemente hagamos el recorrido del Cross Tres Refugios. Otros treinta kilómetros de montaña, más o menos por la misma zona y con las mismas intenciones: acumular horas de monte y disfrutar del camino.

¡¡¡IMPORTANTE!!!

Las descripciones de rutas de montaña que hago en este blog son tan sólo expresión de mis impresiones y sensaciones de ese día concreto, y por tanto totalmente subjetivas. No tienen porqué coincidir con las de cualquier otra persona, incluso realizándolas en las mismas condiciones. Tampoco son guías exhaustivas. A pesar de que procuro que todos los datos que ofrezco sean correctos, sería recomendable que antes de hacer alguna de ellas te informaras sobre las mismas en publicaciones especializadas. No obstante, si crees que te puedo servir de ayuda, o necesitas alguna aclaración, ponte en contacto conmigo. Por último, tienes que tener en cuenta que la montaña es un entorno potencialmente peligroso. Usa el sentido común y no afrontes recorridos para los que no estés absolutamente seguro de estar suficientemente preparado y equipado. Y ten siempre en cuenta las posibles complicaciones meteorológicas, muchas veces imprevisibles.

sábado, 30 de octubre de 2010

Ulaca-Valle del Río Picuezo.

Mapa interactivo. Puedes descargar la ruta de este enlace.

IMPORTANTE. La ruta está trazada sobre el mapa pues ese día se me olvidó el GPS. No obstante es exacta ya que los caminos y senderos son fácilmente distinguibles en las ortofotos excepto, quizás, en la bajada desde el Cerro del Castillo (saliendo del castro de Ulaca) hacia el valle del Río Picuezo, entre los kilómetros 2,5 y 4. No obstante ese tramo está marcado con hitos fáciles de seguir y la direccionalidad está muy clara por lo que no deberíamos tener mayor problema.

Ruta cortita pero sabrosona la que hice con mi esposa el pasado martes 26 de octubre. Comienza en el pueblo de Villaviciosa, un anejo de Solosancho, a unos veinte kilómetros de Avila, para subir al castro Vetton de Ulaca, bajar de allí al valle del Río Picuezo y volver a cruzar la cuerda por el collado de La Hoya en dirección al camino que nos lleva de vuelta a Villaviciosa. En esta otra entrada ya detalle una visita anterior al castro Vetton de Ulaca que os recomiendo leáis si estáis interesados en la parte cultureta de la ruta ya que en ella detallo el castro con mucho más detalle de lo que lo haré hoy. El martes mi esposa y yo fuimos más con la intención de hacer algo de montaña sencilla y volver relativamente pronto a casa que de visitar el castro, aunque al final, como siempre, y debido a un “error de navegación” del que suscribe, la salida se alargó algo más de la cuenta, cosa que se está convirtiendo en peligrosamente habitual. Si la hacéis os recomendaría que “perdierais” media horita en visitar la totalidad del castro para volver después al track, del que de todas formas no os desviaríais más que un par de cientos de metros.

Lo dicho, tempranito dejábamos el coche estacionado a los pies del castillo de Villaviciosa reconvertido en el Hotel Sancho de Estrada (que lleva mucho tiempo en obras), con un día luminoso por delante en el que apetecía andar con calma y disfrutar del paisaje, que es lo que hicimos.

El sendero que sube al castro sale a unos quinientos metros del pueblo, y su entrada está perfectamente indicada con un cartel explicativo (de nuevo recomiendo visitar mi anterior entrada sobre el castro para tener más detalles) y encaramos la primera subida de las dos que vamos a hacer hoy, en la que salvaremos unos trescientos metros de desnivel en algo menos de tres kilómetros. Teniendo en cuenta las múltiples paradas para ver el castro, el esfuerzo no es excesivo.

Hotel Sancho de Estrada.

Vista de Villaviciosa desde el sendero de subida al castro.

Habitantes de la zona.

Vista de Solosancho desde las inmediaciones del castro de Ulaca.

Como dije antes, el objetivo del día no era principalmente la visita al castro, aunque no dejamos de acercarnos a sus puntos más importantes. Entre ellos, las imponentes murallas, el altar de los sacrificios, la sauna ritual y las reconstrucciones de viviendas.

Una de las entrada al castro por sus murallas.

¿Altar de los sacrificios o templo solar?

Sauna ritual.

Reconstrucciones de viviendas.

La mañana transcurre sin sobresaltos y al poco llegamos al collado existente al pie del Cerro del Castillo por el que debemos cruzar para bajar al valle del Río Picuezo. De esa zona es la siguiente foto. Fijaos en el pico de la izquierda, es El Gavilán (Montse, me acordé de tí, jejeje…). Mi idea era bordearlo por la izquierda según miramos la foto, y bajar por el pequeño collado que se aprecia a su derecha, lo que nos hubiera ahorrado varios kilómetros de ruta… Con esas intenciones bajamos por un estrecho sendero, a veces casi imperceptible a pesar de estar marcado con hitos, hacia el valle del Río Picuezo y giramos a la derecha por el camino, este sí perfectamente visible y transitable, que bordea El Gavilán y los resaltes rocosos que veis detrás de él. Una vez llegados a la altura del collado deberemos girar a la derecha para cruzarlo. Por referencias sé que no hay sendero marcado.

Vista de El Gavilán desde los pies del Cerro del Castillo.

Valle del Río Picuezo.

Pero nos encontramos con un problema que provocó mi “error de navegación”: la traicionera perspectiva que nos hace ver el mismo accidente geográfico de forma completamente distinta según el ángulo de visión, y si no, decidme si en la foto de abajo el pico que se ve no es “clavadito” a El Gavilán que habéis visto arriba…

El “falso Gavilán”

Y no, no lo es. El verdadero Gavilán es el de la foto de abajo, que visto desde el sur no parece más que un pequeño resalte rocoso, mucho menos imponente que su vista desde el norte, todo lo contrario que ocurre con el otro pico, del que desconozco el nombre, con una vista más humilde desde el norte que la que apreciáis en la foto de arriba. En mi contra además, que ya hace tiempo que colgué un mapa de la zona, por lo que no tengo excusa por haber incumplido uno de los principales consejos que se nos da a los que nos iniciamos en montaña, que es no salir nunca sin mapa por mucho que creamos conocer el camino.

El verdadero Gavilán. Desde aquí un gorrioncillo…

No obstante el error nos “salió” bien. Tanto la subida como la bajada en un principio previstas eran rocosas y escabrosas, mientras que la ruta que tomamos se reveló como deliciosa, entre suaves y mullidos prados en los que vimos pastar caballos que aún apartándose de nuestro camino no dejaban de sentir curiosidad por nosotros. El momento más hermoso de la mañana lo tuvimos cuando por algún movimiento nuestro algo más brusco de lo normal esos caballos que veis en la foto de abajo (aún había alguno más de los que aparecen) salieron al galope por la ladera. El sonido de sus cascos rompiendo el casi absoluto silencio, reverberando en las rocas, rebotando y volviendo a nuestros oídos, la plasticidad de la escena, con la belleza de los animales recortándose en el verde de los piornos y el gris granito... fue un momento mágico.

El collado de la Hoya no es duro, y al coronarlo decidimos comer el bocata. Durante unos minutos, y a la vista ya del camino que nos llevará de vuelta a Villaviciosa, nos demoramos en disfrutar del sol, la brisa, las vistas hacia la Sierra del Zapatero (foto de abajo), y en la visita a las ruinas de una majada cercana. Al poco, bajamos hacia el arroyo de los Portillos, paralelo al camino. Su cruce, con un pequeño salto, es la última dificultad del día. Ya en el camino sólo nos quedó volver a Villaviciosa, pasando por delante del Gavilán y alegrándonos de haber errado el camino.

Majada de pastores abandonada. Al fondo, el Pico Zapatero.

Presentación de fotos, de este álbum Picasa:

 

¡¡¡IMPORTANTE!!!

Las descripciones de rutas de montaña que hago en este blog son tan sólo expresión de mis impresiones y sensaciones de ese día concreto, y por tanto totalmente subjetivas. No tienen porqué coincidir con las de cualquier otra persona, incluso realizándolas en las mismas condiciones. Tampoco son guías exhaustivas. A pesar de que procuro que todos los datos que ofrezco sean correctos, sería recomendable que antes de hacer alguna de ellas te informaras sobre las mismas en publicaciones especializadas. No obstante, si crees que te puedo servir de ayuda, o necesitas alguna aclaración, ponte en contacto conmigo. Por último, tienes que tener en cuenta que la montaña es un entorno potencialmente peligroso. Usa el sentido común y no afrontes recorridos para los que no estés absolutamente seguro de estar suficientemente preparado y equipado. Y ten siempre en cuenta las posibles complicaciones meteorológicas, muchas veces imprevisibles.