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sábado, 29 de junio de 2013

Camino, etapa 0/8. El preámbulo.

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No podía suponer las experiencias que iba a atesorar en esos pocos días a caballo entre Navarra y La Rioja. Pocos, demasiado pocos para como los acabé disfrutando. Esperaba soledad, introspección, relax, paz… después de estos azarosos últimos años que he vivido. Y sí, lo he encontrado, pero también he llorado de risa, me he divertido, he coleccionado docenas de anécdotas, he sufrido por algún incidente de algún compañero, he conocido gente, mucha gente, no sólo españoles: ingleses, neozelandeses, mejicanos, norteamericanos, franceses, surafricanos, italianos, suizos… Incluso un tipo tirando a arisco como yo, se ha traído un buen puñado de direcciones de correo y teléfonos de buena gente con la que he compartido esos demasiado pocos días. Y alguno de los dueños de esos correos y teléfonos se ha quedado a cambio con un trocito de corazón.

Alberto, mi cuñado, compañero ya de unas cuantas salidas montañeras, y uno de los tipos más sociables que conozco es en buena parte responsable de estos estupendos días en su calidad de ideólogo de la excursión, así que junto con otros dos buenos tipos como José y Dani, compañeros suyos de trabajo a los que conocía también de alguna otra escapadita, el pasado día 14 de junio nos presentamos con las mochilas llenas a partes iguales de calcetines, calzoncillos limpios, ilusión y buen rollo en la Estación de Atocha para coger un tren a Pamplona.

La expedición completa en la Estación de Atocha.

En Pamplona. La foto nos la hizo un amante del camino al que le pedimos que nos retratara por casualidad.

Una vez en la capital navarra tuvimos tiempo de comer y dar una pequeña vuelta por la ciudad, que volveríamos a pisar en un par de días con más calma, ya que ahora debíamos coger el autobús que nos llevara a Roncesvalles.

¿Es éste el andén José?

¿Es éste el autobús a Roncesvalles, José?

Pues sí, parece que sí, pero…

¿En Pamplona no hacía sol y calor, José?

El albergue de Roncesvalles, además de estar enclavado en un paraje privilegiado,  tiene unas magníficas instalaciones, con cama individual (cosa que no vimos en el resto de los que utilizamos), mucho espacio, pequeño armario privado con llave... Aquí debo confesar que me sorprendió algo que desconocía: todas las zonas de los albergues, al menos en los que nosotros hemos pernoctado, son comunes, es decir, que se comparten por hombres y mujeres, incluso duchas y baños. Es algo que asumes con naturalidad una vez que ves que el resto también lo hace.

Unas cuantas fotos del albergue.

En Roncesvalles tuvimos algo de tiempo para visitar su Colegiata de Santa María (la primera de las muchas hermosas Iglesias vistas en los siguientes días) y las Capilla de Santiago y la Capilla de Sancti Spiritus, éstas sólo por fuera.

Capilla de Santiago.

Imagen de la Colegiata de Santa María. Me impresionó el peregrino que rezaba. Cada cual tiene sus motivos para hacer El Camino, sus agradecimientos o fantasmas, sus alegrías a compartir o cosas que olvidar. El se mantuvo en todo momento en ese gesto robado, quizá impúdicamente, por mí. Fueran cuales fueran sus motivos debían ser poderosos.

Vale, somos poco originales: todo peregrino que pase por Roncesvalles a buen seguro tiene una foto parecida, pero al final de nuestro pequeño periplo tenía claro que algún día recorreré El Camino completo del tirón. Más pronto que tarde. Prometo.

Una vez vuelva de vacaciones quería escribir varias entradas, quizá una por etapa, más que como guía útil, como reflejo de mis experiencias y reflexiones de ese día. De momento aquí dejo el álbum completo con parte de las fotos que he hecho. No seáis muy crueles. La mayoría están tomadas sobre la marcha, sin tiempo para pensar ni casi para configurar la cámara…

 

lunes, 21 de enero de 2013

V Cross Ciudad de Avila. Memorial José Soriano.

Enrique Meneses Lobo

En la foto, Enrique Meneses Lobo, ganador del V Cross Ciudad de Avila-Caja de Avila, Memorial José Soriano celebrado ayer 20 de enero de 2013 en el Parque de El Soto, en Avila, organizado por el Club de Atletismo Ecosport, al que, una vez más, sólo pude asistir como fotógrafo…

Por ética debo confesar que aparte del procesado a ByN, y por motivos compositivos, me he tomado la licencia de borrar otro corredor doblado que aparecía detrás del a la postre ganador, y que sí aparece si revisáis el resto de fotos de este álbum.

Pulsad en la imagen para acceder a mi galería Flickr, ver el mapa de situación o los datos Exif de la foto; ver o descargar más tamaños…

En la página del club podéis consultar las clasificaciones y resto de información.

Reseñas en medios digitales:

El Diario de Avila.

Deportes Avila.

Tribuna Avila.

Todas las fotos que hice. Si queréis descargar alguna en mayor tamaño y sin firma, y las del resto de fotógrafos, próximamente en la web del Club:

lunes, 3 de diciembre de 2012

II Carrera de Montaña y Marcha Senderista Cerro de la Marmota. 2 de diciembre de 2012.

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Ayuntamiento de Colmenar Viejo, uno de los principales colaboradores de la prueba.

La Asociación Pablo Ugarte Contra el Cáncer Infantil es una entidad sin ánimo de lucro nacida del coraje de unos padres decididos a que la muerte de su hijo a manos de tan cruel enfermedad fuera el punto de partida para ofrecer esperanza y ayuda a otras familias en tan dramática situación y paliar, en la medida de lo posible, su sufrimiento, colaborando además con el estudio del cáncer, especialmente el infantil.

Una de las numerosas actividades que realiza como medio de difusión de su labor es la Carrera de Montaña y Marcha Senderista Cerro de la Marmota, de la que este año se celebraba su segunda edición. La prueba discurre por los alrededores de Colmenar Viejo, sobre camino y senda, sin especiales dificultades técnicas más allá de las derivadas de la distancia y su desnivel, en cualquier caso no excesivo. Existen tres pruebas a las que se les da una salida secuencial:

  1. Marcha senderista de 25k. A las nueve de la mañana.

  2. Carrera de montaña de 25k. A las diez de la mañana.

  3. Marcha senderista de 11k. A las once de la mañana.

Las dos primeras coinciden en recorrido, y tienen como punto cumbre la subida al Cerro de la Marmota que da nombre a la prueba. La marcha de 11 kilómetros hace evidentemente un bucle más corto. El precio de la inscripción fue de 18 euros para marcha y carrera de 25k y de 10 euros para la marcha de 11k, y daba derecho a guardarropa, avituallamientos durante el recorrido, duchas en el Polideportivo Lorenzo Rico sorteo de regalos y comida consistente en un plato de cocido, un trozo de roscón y unos manolitos. Es de destacar que EL IMPORTE INTEGRO de la recaudación es destinado a los fines de la Asociación, lo que demuestra que para organizar una prueba de estas características no sólo es cuestión de búsqueda de patrocinio económico, sino fundamentalmente de mucho trabajo, esfuerzo, ilusión y cariño. La organización fue, hasta donde yo pude conocer, perfecta. Muchos y animosos voluntarios, solución pronta de incidencias, recogida rápida de dorsales (aunque se recomendaba fueran retirados antes del día de la prueba), circuito bien marcado y asegurado con personal en los puntos conflictivos… Y cariño, mucho cariño… En definitiva, una deliciosa prueba que de mantener sus constantes se convertirá muy pronto en entrañable.

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Salida de la marcha de 11 kilómetros.

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Varias imágenes del recorrido.

En lo personal sigo en la lucha contra mis propios demonios. Debí ser alguien horrible en mis catorce últimas reencarnaciones y por eso ando penando tanto en ésta. Estaba inscrito en la carrera de 25 kilómetros, con el ánimo de hacerla con la misma filosofía que la Montaña NO Solidaria de San Lorenzo de El Escorial, es decir, trotar muy suave en terreno favorable y andar cuesta arriba, pero el lamentable estado en que quedaron mis pies después de la salida por el Anillo Verde Ciclista de Madrid de la semana anterior, en especial mi dedo gordo derecho, cuya imagen está calificada X por lo gore de su estampa más que por su voluptuosa sensualidad, lo hacían totalmente desaconsejable. Así que con unos cuantos amiguetes del foro de ElAtleta.com hice el recorrido corto. Eso sí, en vez de trotar en el terreno favorable nos dejamos caer de charleta cuesta abajo y nos pusimos a trotar así se empinó el camino. Pura coherencia.

Huelga decir que el día comenzó con su correspondiente chocolate con porras, siguió con una empanada con su cervecita para “hacer hambre”, un plato de cocido y postres, muchos y variados, todos deliciosos. Como la compañía de los amiguetes a los que tanto echaba de menos y que tan buenos ratos me hacen pasar. En suma, un estupendo día al que incluso la climatología se quiso sumar con un sol radiante y una temperatura fresca a decir de los lugareños, ideal para un viejo lobo estepario como servidor.

Alguna foto más en este álbum Picasa:

 

martes, 27 de noviembre de 2012

Anillo Verde Ciclista de Madrid. 24 de noviembre de 2012.

 

 

Minuto 2 del desternillante monólogo del genial Leo Harlem, transcribo:

Y dejaba caer la famosa frase: no hay huevos.

Un reto de ese calibre sólo se puede lanzar:

a) Cuando estás seguro de que no lo van a aceptar.

b) Cuando estás seguro de que no lo vas a perder.

c) Cuando estás… borracho.

Porque:

a) Un español que se precie NUNCA va a a decir no.

b) Ni siquiera aunque dude del buen término de la empresa.

c) Ni siquiera aunque no esté borracho.

Y el caso es que mi cuñado, que ni bebe, ni le importa ganar o perder en cosas tan pueriles, que tampoco es deportista habitual, aunque le gusta vivir la vida probando nuevas experiencias, me lanzó el reto de hacer andando el Anillo Verde Ciclista de Madrid,  acompañado de la mítica e infalible frase, hace cosa de un mes, y servidor, que cree a pies juntillas en los “porques” antes reseñados, se vio obligado, ¿obligado?, a aceptar. ¿Qué otra cosa podía hacer?

Total, que el sábado sobre las cinco y media de la madrugada iniciábamos nuestro periplo desde Orcasitas, donde el mozo se llevó a vivir a mi hermana, con buena temperatura y mejor humor.

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La temperatura, como digo era más que agradable para esas horas, y pronto nos vimos avanzando a buen ritmo por los arrabales de la zona sureste de Madrid siguiendo lo que en un principio creí sería una constante: los iconos del anillo:

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Para nuestra desgracia no siempre fue así. A veces el recorrido cruza un parque, la pintura no es visible, o hay cruces con otros carriles-bici que te hacen dudar. Mi cuñado sólo ha hecho una vez el anillo, y fue en bici. Tiene un vago recuerdo y la noche es traicionera, con lo que en los alrededores de Vallecas tuvimos un despiste que nos costó algún kilómetro de más…

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Fantasmas en el Parque Lineal del Manzanares.

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Clarea sobre Vallecas...

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…y amanece sobre la A-3

Atrás quedan Entrevías, la tristemente famosa Estación de El Pozo, Moratalaz, Vicálvaro… Alberto, estupendo conversador, tiene siempre algún dato histórico, alguna anécdota de trabajo, algún chascarrillo de los lugares por los que pasamos. En Canillejas yo tiro de gestas deportivas al haber corrido varias veces el Trofeo José Cano… La mañana avanza, los ánimos son inmejorables... pero comienzo con los problemas: noto la primera ampolla en el talón izquierdo. Maldigo perplejo mi suerte, ya que tanto las zapatillas como los calcetines están más que testados y hasta ahora nunca habían rozado. Paro para ponerme algo de esparadrapo y seguimos…

Segunda salida de ruta: en los alrededores del Estadio de La Peineta el carril está cortado por obras, así que toca dar un pequeño rodeo de resultados felices pues en el caracoleo nos damos de bruces con un bar “de barrio” en el que decidimos darnos un buen homenaje como segundo desayuno del día y un primer y merecido descanso pues ya van más de cinco horas de caminata.

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Por aquí no se pasa…

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Mi segundo desayuno de la mañana…

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…y el de Alberto.

Seguimos en dirección de Sanchinarro, Las Tablas (donde aprovechando una “parada técnica” tomamos un cafelito), Motecarmelo…

La parada para comer la hacemos en un Ginos, en el que personal y resto de parroquianos miraban con cara rara a ese par de desarrapados con ojeras, malolientes y sin afeitar, aunque a pesar de ello sumamente atractivos y sobre todo, educados. Tanto que no protestamos cuando nos sentaron en una esquina del comedor, en una mesa al lado del baño… Para ser sinceros, decir que nos trataron muy bien, las pizzas estaban buenísimas (realmente a esas horas y con la paliza que ya llevábamos hubiéramos comido con deleite cualquier cosa) y la cerveza fresquita.

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¿Tú crees que nos dejarán entrar con estas pintas, Carlos?

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Va a ser que sí, Alberto…

Fue un acierto parar en ese Ginos, pues a partir de ese momento el anillo se hace mucho más campestre y nos hubiera resultado difícil encontrar otro sitio para comer.

A pesar del descanso las fuerzas ya andan escasas. Mi primera ampolla, siguiendo el ciclo de la vida, ha crecido y se ha multiplicado, pero no ha muerto, como me recuerda dolorosamente el hecho de ponerme en pie. Tengo una gemela suya en el talón derecho, y ambas han hecho amigas en la planta de mis pies, justo debajo de los metatarsos… Y a diferencia de Alberto, al que ya le crujen todas las bielas, y que piensa que habiendo recorrido ya casi dos tercios de la ruta nos queda lo más fácil, yo sé que esto no ha hecho más que empezar, y que ese último tercio va a ser duro, y aunque el terreno aquí “pica” hacia abajo el ritmo comienza a resentirse.

Como digo, a partir de esta zona apenas hay población. El carril bordea entre la M-30, el Real Club Puerta de Hierro, y tras unos kilómetros entra en la Casa de Campo. Esta es, en mi opinión, la parte más hermosa del anillo, que durante un trecho bordea el Río Manzanares, llena de vegetación que aún retiene algo de la espectacular explosión de color otoñal.

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Ribera del Río Manzanares.

A poco de entrar en la Casa de Campo nos anochece. Pensamos que en su interior el anillo estará bien marcado, pero de nuevo erramos, y con la falta de luz hubo algunos momentos en los que dudamos y nos costó decidir el camino. Eso unido a que ya apenas podemos caminar con soltura, que nuestros músculos y tendones ya se mueven sólo por pura voluntad hace caer algo el ánimo, que no obstante recuperamos en parte al asomar de nuevo a la civilización y darnos cuenta de que de Aluche a casa el camino ya no tiene pérdida y sí o sí llegaremos a la hora prevista.

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Cruce de la Carretera de Extremadura, poco después de salir de la Casa de Campo.

Estos últimos kilómetros se hacen realmente muy duros. Como comenté antes, Alberto no es deportista habitual, y de hecho hace tiempo que yo tampoco. Nos hemos metido, incluyendo rodeos y despistes, más de sesenta y cinco kilómetros de duro asfalto. A Alberto eso le ha pesado mucho en el aspecto muscular, y en las últimas horas ha parado innumerables veces a estirar. A mí por contra el gran sufrimiento me lo han dado unas enormes ampollas que aún hoy martes hacen que me cueste calzarme, y el dedo gordo del pie derecho hinchado y amoratado que perderá su uña pronto.

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Y de nuevo en Orcasitas. No es la misma cara que dieciséis horas antes, no…

La experiencia, como todas estas cosillas medio absurdas que se nos ocurren de vez en cuando, fue positiva. No creo que repita el mismo recorrido más veces, al menos de forma íntegra, pero sí me asomaré alguna vez más por los rincones más bonitos del mismo, y aunque no considero haber hecho un ultra, ya que correr sólo corrimos en los semáforos y no lo contabilizaré como tal en el lateral del blog, al menos debido a mi deplorable estado de forma actual sí he tenido de nuevo las sensaciones de volver a sufrir, de explorar mis límites, más mentales que físicos, y de tener que avanzar más con la cabeza que con las quejicosas y doloridas piernas. Gracias Alberto por plantear el reto. Y ahora soy yo el que te dice: ¿hay huevos para lo de Torrejón?. Fijo…

Presentación de todas las fotos que hice, en este álbum Picasa:

domingo, 21 de octubre de 2012

La Montaña NO Solidaria de San Lorenzo de El Escorial.

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En el alto de Abantos, con Nacho y José. Inmejorable compañía. 

Vamos con lo malo, la explicación del NO del título. La primera edición de La Montaña Solidaria de San Lorenzo de El Escorial es una carrera de montaña incluida en el circuito Trail Race Running patrocinada por Adidas y El Corte Inglés. Este dato es importante pues el calificativo de “solidaria” cuelga del nombre porque según la publicidad se organizaba, en parte, para recaudar fondos para Aldeas Infantiles, y el respaldo de estas dos poderosas empresas que obtienen no sólo rédito económico de las inscripciones, sino una importante repercusión mediática y publicidad, hacía pensar que la cantidad destinada a Aldeas Infantiles sería cuantiosa. Mi indignación fue saber por medio del speaker de la carrera que de los veintiséis euros de la inscripción SOLO UN MISERABLE EURO se le haría llegar a la ONG. El dato lo confirma la propia organización hoy al hacer saber que se le han hecho llegar setecientos euros de los ¡dieciocho mil doscientos recaudados! A todas luces en mi opinión esta mísera colaboración es más que insuficiente para poder apropiarse del adjetivo solidaria y aprovecharse de él para atraer paganinis. ¡Ah, señores de Adidas y El Corte Inglés! No olvidéis pedir el certificado del donativo para desgravar a Hacienda…

El segundo detalle que no me gustó y que deriva del carácter “comercial” de la carrera, heredado del asfalto y cada vez más presente también en carreras de montaña, y que demuestra que se pensó menos de lo que se debía en el corredor, es la falta de respeto que se mostró con los que entraron por encima de las seis horas, que llegaron a meta con el stand de Adidas y buena parte del recinto desmontado.

Y ya. Porque una vez soltada la bilis por lo demás tengo que admitir que la carrera fue deliciosa. Desde la salida a los pies del Monasterio de El Escorial, al recorrido “amable” para ser una carrera de montaña, muy corrible, poco técnico y con una riqueza paisajística inmensa. Muy divertido y disfrutón. Bien señalizado con balizas cada pocos metros, suficientes voluntarios en los puntos conflictivos. Suficientes avituallamientos con líquido más que de sobra y sólidos en puestos alternos. Una característica importante es que traza una especie de ocho de forma que en el kilómetro once uno puede decidir si hace el siguiente bucle hacia los cuarenta y dos o se conforma con veinte. Podéis ver mapas y perfiles en este enlace.

En lo personal salía con muy pocas expectativas. En mi estado actual tenía pensado trotar apenas un par de kilómetros por no arriesgar tendones ni gemelos y eso con el único fin de no llegar fuera de control al avituallamiento del kilómetro once, pero la amabilidad del recorrido a que aludía antes hizo que me pudieran las ganas y al final troté quizá entre seis y ocho sin que hoy tenga más molestias que las lógicas después de tanto tiempo sin correr esa distancia. La meteo acompañó, regalándonos un día nublado y temperatura suave, y disfruté una vez más de la mejor compañía: los amiguetes del foro de ElAtleta.com, con los que comí ya en el pueblo, por lo que al final el día salió redondo.

Y de aquí a poco, una carrera similar: la II Edición de la Carrera de Montaña y Marcha Senderista Cerro de la Marmota, esta sí, SOLIDARIA con mayúsculas, ya que el importe íntegro de la inscripción se destinará a la Asociación Pablo Ugarte contra el cáncer infantil. Sólo nos queda buscar restaurante, perdón, entrenar algo este mes y medio…

Aquí tenéis las pocas fotos que hice:

Y el vídeo:

miércoles, 17 de agosto de 2011

51 Travesía de las Cumbres Escurialenses. Borrico asado en su jugo.

Never, never, never… En mi puñetera vida había pasado más calor ni cometido tal idiotez como este pasado lunes a pesar de la sonrisa satisfecha que luzco en la foto, tomada en La Machota Alta o Pico del Fraile, mientras me apretaba una cervecita fresca. En mi mano izquierda una caja de Yemas de Santa Teresa, dulce típico de Avila, que son, permítaseme la expresión, teta de novicia.

La Travesía de las Cumbres Escurialenses es una marcha de montaña organizada por el Ayuntamiento de San Lorenzo de El Escorial que recorre las principales cumbres que rodean el pueblo y en la que ya participé en su edición de dos mil nueve. El recorrido sin ser excesivamente difícil sí suma un buen desnivel (tres mil metros en unos veinticinco kilómetros si sumamos el descenso hasta San Lorenzo de El Escorial desde el Monte Abantos, donde termina la travesía) y tiene algún paso pelín técnico que excede lo senderista para adentrarse en lo puramente montañero. Podéis descargar el plano de este enlace y el folleto promocional de este otro (Al terminar le presté el GPS a mi amigo Angel, en cuanto me lo devuelva subo el track)

La organización de la travesía es curiosa. Comenzando por la forma de apuntarse, literalmente a mano en un cuaderno a la entrada del Ayuntamiento… Ya en la salida se lee el nombre y el dorsal de cada equipo (de dos o tres montañeros) y se le da la salida consignando en una credencial la hora de la misma. A partir de ahí el equipo tiene un plazo mínimo para llegar al siguiente control, un total de cuatro más la llegada. Es decir, que si el equipo llega antes de ese plazo al control no le sellarán la credencial hasta que pase ese tiempo mínimo, y por tanto no podrá continuar al siguiente, y uno máximo, que de no cumplir, supondría la eliminación del equipo. Por supuesto los controles los debe pasar el equipo al completo. Esta mecánica tiene el efecto de que la salida se prorrogue desde las ocho de la mañana hasta más o menos las nueve (en función de lo rápido que el speaker “cante” los nombres y dorsales) y los participantes no se agolpen en exceso durante la ruta. Los tiempos están calculados para que gente acostumbrada a caminar por la montaña no tenga excesivos problemas pero tampoco se pueda dormir por el camino. Los que no tengan esa costumbre lo pasarán mal y en el pueblo se puede comprobar que “Las Cumbres”, como popularmente se le conoce, tiene una cierta aureola de dureza.

Dos imágenes de la salida, con el speaker cantando a voz en grito nombres y dorsales mientras los andarines esperan su turno.

Yo me ponía en la salida con la duda sobre cómo se comportaría mi maltrecha rodilla y la certeza de que el día iba a ser asfixiante. Poco después de las ocho y media, al iniciar la travesía, el sol restallaba ya en el severo y gris granito desnudo del Monasterio de El Escorial, y aunque los primeros pasos discurren bajo la agradable sombra de los robles y castaños, prácticamente toda la ruta se desarrollará bajo su inclemente fulgor.

En el tiempo previsto coronamos la primera de Las Machotas, en concreto la baja, donde saludo a Iván, Arganzboy, impenitente y sempiterno corredor, perejil de todas las salsas carreras, al que hasta entonces solo conocía de leídas… Un placer saludarte.

Ese de ahí arriba, el tímido que se pone a contraluz para que no se le reconozca, ese es Arganzboy…

En el barullo que se forma en ese primer control el bueno de José se pelea con jueces-árbitros, otros montañeros y con sus compañeros de equipo, que le llevarán toda la mañana por la calle de la amargura: Pako Izga y servidor. Junto con nosotros, y con dorsales consecutivos para poder salir prácticamente juntos, están también otro puñado de amiguetes: el equipo de Los Angeles (Angel, Angela y Angel) y el de Los Corredores de la Fruta, con Jorge y dos amigas suyas, Isabel y Raquel, a las que Jorge debió tratar muy mal pues no terminaron la travesía, pasando entonces el abandonado a ser adoptado por nuestro grupo. Ya sabéis: él nunca lo haría... Pobrecico.

El segundo control está situado en la Machota alta, conocida también como Pico del Fraile. Este control es algo menos ajustado, por lo que si has apretado el paso puedes demorarte unos minutos en él. Y eso hicimos, aprovechando para tomar unos tomates de la huerta de José, una cervecita, algo de fruta, unas Yemas de Santa Teresa… Un avituallamiento en toda regla.

Llegada al precioso Pico del Fraile (Machota Alta)

Esos tomatitos, esa cerveza, esas yemas… pero sobre todo: esa buena gente con la que tuve el privilegio de compartir una estupenda mañana.

Bajamos hacia el Puerto de la Cruz Verde, por una cuesta que despierta mis instintos más animales de veterano ¿o era vetusto? corremontes: rápida, no muy técnica. Apropiada para haberme pegado una buena vacilada delante de los montañeros mientras los adelantaba cual centella, que para eso uno es superviviente del MAM… Macarradas aparte, mi rodilla comienza a quejarse en serio e incluso el ritmo lento que llevo me provoca dolor y una incipiente cojera. Me había fijado ese punto como posible retirada, ya que desde ahí hubiera podido bajar andando fácilmente hacia San Lorenzo andando por la carretera (o haciendo dedo con cara lastimera de montañero dolorido y quejicoso, cosa que se me da muy bien) pero uno es borrico y son menos veces de las deseables en las que la ¿razón? se impone al corazón. Así que cervecita fresquita mediante, y habiendo rellenado de agua el depósito de la mochila, que no solo de cerveza vive el montañero, encaramos la subida más dura del día: el Cerro de San Benito

Después de más de tres horas de caminata el calor ya es un problema y empieza a hacer estragos en algunos de los caminantes menos preparados o que no han tenido la precaución de hidratarse correctamente. Algunos rostros en este punto eran todo un poema y aún quedaba mucho camino por delante.

El alto del Cerro de San Benito, donde se sitúa el tercer control, me resulta espectacular. Una especie de circo, una pequeña explanada rodeada de roca de la que no me resultaría extraño leer que  ha sido morada de algún ermitaño en su huída del mundanal ruido. Me gustaría volver allí… solo.

El Cerro de San Benito en las gafas de Pako Izga.

Panorámica de la explanada del Cerro de San Benito.

A partir de este punto el recorrido se hace más fácil. Salvo la subida al Risco Alto no hay cuestas importantes aunque eso también se tiene en cuenta a la hora de fijar el tiempo límite de los controles y la distancia entre ellos es mayor, por lo que no te puedes dormir. Me pierdo otra bajada espectacular para haber podido correrla, pero a estas alturas mi rodilla ya me hace cojear ostensiblemente y temo el momento en que se enfríe.

Inicio de la bajada del Cerro de San Benito. A la izquierda, arriba y al fondo, el Monte Abantos, nuestro destino.

De nuevo cruzamos la carretera, esta vez en el Alto de la Paradilla, donde hay otra venta, La Ventolera, en la que volvemos a cargar agua… y otra cervecita bien fría. A partir de aquí dejamos el sendero, que ha sido dominante hasta ahora, y el recorrido se convierte en camino sin ninguna complicación. Nada más salir de la venta iniciamos la subida al Risco Alto, dura por el sofocante calor y el cansancio acumulado más que por su largo o desnivel, y allí sellamos el cuarto control. Hasta Abantos nos queda un margen de una hora que cubrimos sin mayores complicaciones, y una vez en la llegada la organización ofrece una comida, modesta, a base de pollo asado, ensaladilla, fruta y una bebida. Teniendo en cuenta que estás a más de mil quinientos metros de altura, que bastante hace la organización con subirla allí, que llevas seis horas de caminata y cualquier cosa te sabe a gloria ¡y que la inscripción es gratuita! creo que no se puede pedir más.

En las cercanías del Monte Abantos. Prácticamente todo el recorrido de un vistazo, con Las Machotas en el centro.

Ultimo control. Ahora, a comer…

A la sombra de los pinos echamos una buena cantidad de risas y chascarrillos, apurando el momento de bajar de nuevo al pueblo, cosa que hicimos por un serpenteante sendero entre el frondoso pinar. Casi sin darnos cuenta (salvo por el fuerte dolor de rodilla que llevaba) llegamos de nuevo al asfalto de San Lorenzo. Una sobremesa en una terraza, más risas, más chascarrilllos… Una delicia de día cuyo recuerdo no consigue ensombrecer el que me haya cargado un mes de recuperación y hoy esté cojeando aún atiborrado de analgésicos. Lo dicho: un borrico.

Una presentación con el resto de las fotos que hice, incluidas en este álbum Picasa:

Más fotos, de mi participación en dos mil nueve en este otro álbum.

 

¡¡¡IMPORTANTE!!!

Las descripciones de rutas de montaña que hago en este blog son tan sólo expresión de mis impresiones y sensaciones de ese día concreto, y por tanto totalmente subjetivas. No tienen porqué coincidir con las de cualquier otra persona, incluso realizándolas en las mismas condiciones. Tampoco son guías exhaustivas. A pesar de que procuro que todos los datos que ofrezco sean correctos, sería recomendable que antes de hacer alguna de ellas te informaras sobre las mismas en publicaciones especializadas. No obstante, si crees que te puedo servir de ayuda, o necesitas alguna aclaración, ponte en contacto conmigo. Por último, tienes que tener en cuenta que la montaña es un entorno potencialmente peligroso. Usa el sentido común y no afrontes recorridos para los que no estés absolutamente seguro de estar suficientemente preparado y equipado. Y ten siempre en cuenta las posibles complicaciones meteorológicas, muchas veces imprevisibles.