domingo, 10 de agosto de 2008

Doña Jimena, la Juana de Arco abulense

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En mi opinión las tres mujeres más representativas de la historia de Avila son Santa Teresa de Jesús, Isabel la Católica y la menos conocida Doña Jimena, (o Ximena), Blázquez, cuya representación en la Plaza de San Millán véis en la foto mientras mi hijo lee detenidamente la placa informativa con sus andanzas.

Como en todas las leyendas, realidad y ficción se mezclan adornadas en una amalgama de la que a veces es difícil entresacar la verdad de aquello que ocurrió, pero se cuenta que en noviembre, (julio según otros), de 1109, durante el reinado de Alfonso VI de Castilla, los guerreros abulenses habían partido a batallar contra el moro, dejando prácticamente desguarnecida la plaza. Por aquel entonces, Avila aún era zona fronteriza entre los reinos cristianos y musulmanes, y escenario de frecuentes escaramuzas. Algunas fuentes dicen que la batalla se encontraba en Menga, en las primeras estribaciones de la Sierra de Gredos, aunque otras sitúan precisamente allí la amenaza sobre la ciudad, concretada en un ejército de varios miles de musulmanes bajo el mando de Abdalla Alhazen, enviado por el Rey moro de Córdoba, y que aprovechando la ausencia de los hombres se dirigían hacia la ciudad.

En lo que sí coinciden todas las fuentes, (con más o menos adornos), es en que el desánimo cundió en la ciudad ante la imposibilidad de una defensa que se antojaba suicida. Fue entonces cuando Ximena Blázquez, hija del asturiano Ximen Blázquez, uno de los muchos repobladores norteños de la zona, toma el mando de la plaza, y reuniendo a los pocos hombres que quedan, niños y muchachos en su mayoría, y a las mujeres de la ciudad, les hace simular una fuerte guarnición: las mujeres se disfrazan con las ropas de sus esposos, ciñendo en sus cinturas espadas y ocultando sus cabelleras bajo los yelmos. Las antorchas iluminan la noche, tiñendo de rojo las barbacanas de la muralla. Un puñado de escuderos abandona por la noche la ciudad infiltrándose audazmente en el campamento enemigo a fin de hacer cundir la confusión y el miedo. Llegado el día, una fuerte algarabía de gritos, ruido de tambores y trompetas recibe el intento de asalto que no llega a consumarse. Abdalla Alhazen, juzgando temerario asaltar una plaza con tan fuerte defensa, vuelve grupa y se retira camino de Talavera.

En reconocimiento al valor demostrado, a partir de ese momento Doña Ximena y sus descendientes tuvieron voz y voto en el Concejo.

3 comentarios:

amig@mi@ dijo...

Que historia tan llena de coraje!!
Este post me recuerda que aún te debo "uno" sobre arenas de San pedro, por cierto, creo que voy para allá un par de días a mediados dentro de dos semanas.
Besos

mayayo dijo...

Preciosa historia, Carlos.

Como tantas hermosas tradiciones castellanas, cada día un poco mas solas, cada día un poco más perdidas.
Castilla comunera! ;-)

Sylvie dijo...

Siempre dando solución a los problemas las mujeres, oyes...no sé como nos las apañamos!!!!

Buena historia.
y mira que a mi, doña jimena, solo me sonaba del turrón!!!!

Besitos.