
Búsquese un buen circuito, perfectamente medido, llano y bonito. Añádese el apoyo de las instituciones y patrocinadores. Aderécese con buen trato y cariño hacia el corredor. Mézclese todo con la ilusión que proporciona una ORGANIZACION con mayúsculas y tendremos una carrera como esta.
Poco me voy a extender en analizar esta estupenda carrera. Podría repetir lo que de ella dije el año pasado en esta
entrada, pero sería injusto por mi parte, puesto que si el año pasado la organización rozó la perfección este año casi la ha conseguido, cuidando y modificando algún pequeño detalle, lo que dice mucho del
Club Marathon Aranjuez, que lejos de dormirse en los laureles ha conseguido hacer de esta una edición dificilmente superable. A diferencia del año pasado, en este había alfombrillas de salida y carteles con la marca a buscar a fin de evitar en lo posible agobios y empujones en la salida. En su web se avisaba sobre los atascos en la entrada de la ciudad que retrasaron la salida en 2006 y se proponían itinerarios alternativos para entrar en
Aranjuez. Aún previendo la demanda de dorsales, agotados en poco tiempo, no han caído en la tentación de masificarla en exceso, fijando el tope en 3.500 inscritos, cifra que en mi opinión es el límite para que esta carrera no pierda su encanto. No sólo se preocupan de los corredores "de pago", sino que desde dos horas antes hay carreras para todas las categorías. Siendo el precio de 10€, el valor de la bolsa del corredor fácilmente triplique esa cantidad. Según escribo esta crónica recibo un correo con mi clasificación y puestos generales y por categorías... No puedo por menos que comparar esta carrera con otras como la de
Canillejas, (aquí va una sonrisa entre cínica y socarrona).
Un detalle positivo más, este ajeno, (supongo), a la organización: el año pasado leí quejas acerca de la poca implicación de la hostelería arancetana con la carrera cuando ella es una de las beneficiadas de la visita de corredores, amigos y familiares. Pues bien, ayer, al menos en
El Rana Verde, donde quedamos a comer un buen puñado de foreros de
ElAtleta.com, existía un "Menú de la Carrera", tan exquisito como económico.
Hecho el inciso, si además te acompañan la climatología y un buen puñado de amigos, y coincide que uno tiene el día de cara, pues todo se conjuga para pasar un estupendo día de atletismo y amistad.
Llegaba a Aranjuez sin un objetivo claro. Después del
Maratón de San Sebastián apenas he corrido, por lo que mi estado de forma era toda una incógnita. No obstante, al manifestar
Lander su intención de hacer sub-50', vi la manera de que me perdonara la dolorosísima derrota que le infligí en los
pasados matracos, así que me apunté a ese carro con la duda de si podría mantener el ritmo hasta el final.
Por aquello de los imprevistos uno tiene la costumbre de salir temprano de casa, por lo que a las diez y cuarto ya tenía mi dorsal prendido en el pecho a la espera de la aparición de los amiguetes con los que iba a pasar un día delicioso. No tardaron en ir llegando poco a poco, aunque ya van siendo tantos que no voy a nombrarlos sopena de correr el riesgo de dejarme a alguien en el tintero, sí lo haré con
Elmorea, totalmente camuflado, y que tuvo que quitarse alguna que otra capa para que pudiera reconocerlo... Hechos los pertinentes saludos y preguntas acerca de las intenciones de cada cual, (mira que somos mentirosos los corredores: que si qué poquito hemos entrenado esta semana, que si me duele el gemelo, que si apenas he dormido...), repartidos los grupos que íbamos a hacer y establecidas las estrategias era el momento de calentar. Diez metros de trote suave y ¡zas!, pinchazo en el adductor. En otras circunstancias lo hubiera achadado al frío, a las casi dos horas de coche..., pero esa ha sido la única lesión que he tenido este año y me tomé muy en serio el aviso, tanto que barajé no salir si la molestia persistía lo más mínimo. Afortunadamente con unos buenos estiramientos y un cuidadoso calentamiento la molestia desapareció.
La salida fue algo lenta. 3.500 corredores son muchos, y tardamos en cruzar la alfombrilla. El primer kilómetro es un contínuo culebreo entre codos y suelas de zapatilla que amenazan tus espinillas, cruces inesperados de gente que no sabe el riesgo que corre/provoca, pero muy buen ambiente en general. Es lo que tiene ser paquetillo: uno se mueve en una zona de carrera en la que las marcas se relativizan mucho y lo importante para la mayoría es pasarlo bien. No obstante
Lander y yo decidimos salir de la calzada y correr por la acera paralela, en la que en vez de corredores tendremos que esquivar árboles y farolas que al menos suponemos que se estarán quietos, pero incluso esta está demasiado concurrida. Al menos podemos cumplir el objetivo: el primer kilómetro, codazos incluídos, cae en poco más de los 5' previstos. A partir de ahí, y gracias a la perfecta medición del circuito intentamos mantener el paso.
Mi cuerpo tarda siempre unos kilómetros en estabilizarse aún manteniendo el ritmo constante. Es una sensación que ya conocía y que incluso reflejan las gráficas de pulso, siempre irregular en esos primeros momentos, así que he aprendido a no hacerle mucho caso. En el kilómetro tres me da la sensación de que no voy a aguantar toda la carrera a ese paso, (aunque me encuentro mejor de lo que pensaba), pero se que eso va a ser temporal, así que simplemente me preocupo de comprobar si
Lander me sigue. A la espera de esa estabilización intento tomarme mi "trabajo" en serio, manteniendo un ritmo constante, abriendo huecos y marcando el paso un metro por delante de
Lander, al que oigo jadear, quizá demasiado fuerte. A partir del kilómetro cuatro o cinco mis piernas han cogido el ritmo y me encuentro sorprendentemente bien. Mi MMP en 10K es de 49'05'', apenas cinco segundos por kilómetro más rápido que ahora, y sin embargo la sensación es de correr fácil, sin forzar: una verdadera gozada. Disfruto del magnífico recorrido de la carrera, de sus bucólicos paisajes, cuajados de hojarasca otoñal, de la ribera del río, del sonido de las pisadas de cientos de zapatillas en el asfalto... La carrera se me hizo corta, cómoda y gratificante.
Periódicamente miro a
Lander, intentando adivinar hasta qué punto su rictus se debía a puro cansancio y si podría apretar aún algo más, pero me da la sensación de que va al límite, así que procuro al menos no perder tiempo con la esperanza que el "efecto meta", nos haga recuperar esos segundos que a buen seguro perderemos en la pequeña cuesta del kilómetro ocho. Al coronar dicha cuesta y pasar por el kilómetro nueve veo que nos quedan sólo 4'40'' para cumplir el objetivo. Según veo a
Lander vamos a estar justitos, justitos... Pero el "efecto meta" funciona, y en un sprint favorecido por la ligera pendiente a favor, conseguimos ese segundo sub-50' de Lander ¡por dos segundos!: 49'58'' marca su reloj nada más cruzar la meta.
Tardamos más tiempo en quitarnos el chip que en recoger las bolsas, que en este caso son unas estupendas y aprovechables mochilas dentro de las cuales hay una buena, (aunque algo cantosa), camiseta técnica, con posibilidad de elegir talla, y un estupendo y completo avituallamiento teniendo en cuenta que hablamos de un 10K. Desgraciadamente no llegamos a tiempo de recoger una maleta de Skip, sí, sí, el detergente, que sin embargo sí se llevan como premio los primeros cientos de corredores. Una lástima no habernos ido con parte de "la compra" hecha.
Hacía fresco, frío según algunos blandengues, así que después de una revitalizante y calentita ducha quedamos en el restaurante para tomar unas cañas. Cuando llego, los peques ya están comiendo acompañados de sus madres, mientras los corredores deliberamos y contamos nuestras batallitas mientras tomamos una cervecita. Pobres mujeres de corredores, arrastradas a una afición no siempre compartida, ocupándose de niños, bolsas, y ropa de calentamiento. Soportando las neuras de sus parejas... Santas, santas...
La comida de lo más agradable: como decía, un buen y abundante menú del que dimos oportuna cuenta sin titubeos. Una sobremesa que se demoró casi hasta que nos echaron y una despedida que siempre se antoja demasiado pronta. Por el camino queda la envidia de no poder compartir más de estos momentos: ¡los dientes largos se me ponían mientras oía a la gente quedar para la
San Silvestre Vallecana!, por eso procuro aprovechar bien los que sí puedo compartir.
Ahora sí que la temporada ha terminado, pero eso será motivo y excusa para otra entrada.