Ayer tocó hacer un ensayo de estrategia y ritmos de cara a la Challenge Nacional 24 horas del Club Ñ Ultrafondo para la que ya tengo dorsal: el número 80, otorgado previa petición ante el amable ofrecimiento que me dió la organización de elegir a mi gusto, (ventajas de conocer al director técnico). Evidentemente cualquier probatura iba a ser poco real, porque a una semana del Mapoma, con la musculatura aún algo tocada, y con sólo otra por delante para la Challenge no era cuestión de programar un test serio y tirarse varias horas corriandando, (término leído por mí por vez primera en el blog de Alfonso), pero sí lo estuve haciendo un par de ellas, lo que me permitió intuir algunas conclusiones.
Aprovechando que la prueba se celebra en un circuito de un kilómetro, mi idea, como ya expuse, era correr unos novecientos metros y andar cien. Así desde el principio, de cara a no acumular fatiga, y eso es lo que puse ayer en práctica. En un circuito de unos mil quinientos metros para simular también el efecto psicológico del paso repetitivo por los mismos puntos, aunque de tierra y hierba en lugar del asfalto y cemento prometidos por la organización, (que tampoco era cuestión de machacar las articulaciones); llano, pero blando y pesadísimo por el aguacero que cayó ayer tarde en Avila, me puse a dar vueltas controlando los pasos con el G3, el sensor GPS de mi Polar. La falta de costumbre hizo que los primeros parones para andar me pillaran casi de sorpresa y con la sensación de no acabar de calentar, sensación que no desapareció hasta los cinco o seis kilómetros. La tarde era idal para correr, fresca después de la lluvia, con el cielo cubierto y una temperatura de unos doce o catorce grados. Por momentos sopló una ligerísma y agradable brisa y llegaron a atisbarse algunas gotas sueltas, restos de las nubes recientemente vaciadas. En ningún momento sentí correr el sudor por mi frente, prueba de lo suave del ritmo, que fue de poco más de siete minutos por kilómetro incluyendo el tramo andando, y que se hubieran quedado en siete minutos justos sobre asfalto. La gráfica de pulso es una sucesión casi perfecta de pequeñas mesetas entre 145ppm y 150ppm, (puede parecer alto, pero mi corazón es algo acelerado, con pulsaciones máximas en prueba de esfuerzo de casi 200ppm), entre las que se intercalan valles de aproximadamente un minuto, (tiempo que me llevaba andar tranquilamente los cien metros), en las que esos valores bajaban a unas 120ppm o 125ppm. Así coleccioné ayer hasta quince de esas mesetas-valles, ya que el último kilómetro lo dediqué a satisfacer los deseos de mis piernas, deseosas aunque fuera por un breve tiempo de "correr de verdad", por lo que les dediqué varios cambios de ritmo. Total 16,3 kilómetros en 116 minutos. Test cumplido.
Conclusiones. No excesivas debido a la desproporción del test respecto a la prueba real, pero sí algunas. La primera que el ritmo que preveo es adecuado. Podré hacer más o menos kilómetros, pero con la mezcla de 6'+1' por kilómetro, una buena hidratación y avituallamiento sólido e intercalando los convenientes descansos, dudo que me falten fuerzas. Los problemas vendrán por otro lado. La segunda es que los músculos, paradójicamente, se cargan mucho al ir tan despacio. Es un problema menor, (el principal es encontrar un ritmo y eso lo tengo), pero habrá que ver cómo responden los gemelos a tantas horas de machaque contínuo. Hoy están cargados, (incluso con la amenaza de una pequeña contractura en el izquierdo), en parte por las secuelas del Mapoma, en parte por el terreno excesivamente blando de ayer, pero también por ir reteniéndose durante dos horas. El miércoles tengo una nueva cita con el fisio y entre eso y un par de baños calientes estoy seguro de presentarme en salida en perfecto estado de revista. Tercera. Intuyo el principal problema del domingo: el aburrimiento. Aún siendo un circuito de sólo un kilómetro en el que no me voy a encontrar solo en ningún momento, y aún habiendo prometido los Ñs. una buena animación en la zona de salida-meta, karaoke incluído, la conjunción de ritmos bajos, casi cansinos, el paso repetitivo y machacón por los mismos puntos, y el paso de las horas, idénticas una a la otra, a la anterior y a la siguiente, pueden hacer que por encima de las molestias físicas o el síndrome del hámster que surgirá a partir de las quince o veinte vueltas, sea el aburrimiento el principal problema.
Los objetivos siguen siendo los que ya comenté y que no he visto motivo para variar: sesenta y siete kilómetros serán suficientes. Ochenta, satisfactorios. Ciento uno, un éxito.
Sólo quedan cinco días.
lunes, 5 de mayo de 2008
Ensayo General
sábado, 3 de mayo de 2008
Insurrección
No me gusta, no. Abrir tu corazón es peligroso. Un corazón abierto, con sus sentimientos en manos de otra persona le da a ésta todo el poder sobre él, y el poder no siempre se ejerce con lealtad.
Donde estabas entonces, cuando tanto te necesité.
A tod@s nos han traicionado en alguna ocasión, nos han estrujado el alma por mostrarla a quien no debíamos.
Barras de bar, vertederos de amor...
os enseñé mi trocito peor.
Retales de mi vida
fotos a contraluz.
Antes esas situaciones sólo cabe llamar a la Insurrección. Rebelarnos. Armar a nuestras huestes internas con todo aquello que pueda ser usado para recuperar nuestra autoestima y luchar, luchar por nuestro orgullo, nuestros principios, por levantarnos otra vez, una vez más. Nunca rendirse...
Me quiero defender...
Ahogar el dolor que sentimos y los sollozos que pugnan por salir de nuestra garganta.
Me siento hoy como un halcón
herido por las flechas de la incertidumbre.
Y seguir adelante. Recuperar lo que es nuestro y vivir. Un poco más, un día más. Mirar adelante y seguir...
Dame mi alma y déjame en paz
quiero intentar no volver a caer.
Manolo García publica hoy nuevo disco, "Saldremos a la Lluvia". Si alguna vez he sentido algo parecido a ser fan de algo o alguien, ha sido con El Último de la Fila, grupo formado por el propio Manolo y por Quimi Portet. Y esta canción que os pego, Insurrección, de los primeros tiempos de El Ultimo de la Fila, es una de aquellas con las que siempre me he sentido más identificado por su inflamado mensaje vital de rebeldía y lucha sin cuartel contra la adversidad. Me trae muchos recuerdos, (Retales de mi vida, fotos a contraluz de esos que tod@s tenemos guardados en algún rincón de nuestra mente), retales y fotos, algunos descoloridos y añejos. Otros, más recientes no convertidos aún en recuerdos.. Escuchadla, (porque el vídeo, aviso, es infumable...)
Y digo yo... ¿Algún día Youtube solucionará el problema de la desincronización audio-imagen de los vídeos que aloja...?
viernes, 2 de mayo de 2008
Decidido
Bueno, pues ya está. Sin probar aún mis piernas después del pasado Mapoma, acabo de formalizar mi inscripción en el Challenge Nacional 24 horas del Club Ñ Ultrafondo.
Como ya he comentado en anteriores ocasiones, es la prueba que más me atrae de esa particular cuádruple corona que quiero lucir de aquí al verano, compuesta, además de por esta aventura, por los 100/50K Villa de Madrid, (participación pelín deslucida al tenerme que retirar en el kilómetro 43 de los 50 que tenía previsto hacer), el Mapoma, y los 100k/24 de Corricolari.
Como decía, la Challenge es la prueba que más me atrae de todas ellas por el reto no sólo físico, sino psicológico de estar "encerrado" en un circuito de un solo kilómetro y dar vueltas y vueltas, y no he tramitado antes la inscripción debido a la lógica prudencia de esperar a terminar el Mapoma y comprobar que este no dejaba secuelas que me impidieran hacer lo que yo creo que debe ser un papel digno en la prueba.
Y ahí está el meollo de la cuestión: al ser una carrera sin distancia fija, ¿cual es el objetivo con el que salir en mente?. Me resulta muy difícil aventurarlo, ya que es un tipo de prueba al que nunca me he enfrentado. En una carrera al uso, es decir, "del tirón", y poniendo una marcheta lenta utilizando el Método Galloway que tan buen resultado le ha dado a José Ignacio Hita en su maratón, calculo que podría hacer sin excesivos problemas unos sesenta o setenta kilómetros. Eso me llevaría sin agobios, pongamos que unas siete u ocho horas, ¿pero y luego?, ¿podría dar un paso el resto del día?.
Llevo un tiempo dándole vueltas a la estrategia a seguir y creo que lo mejor es correr con lo que he dado en llamar "Galloway a distintos niveles", es decir, intercalar los tramos andando o parando, en distintos órdenes. Un ejemplo, aprovechando que el circuito es de un kilómetro, sería trotar novecientos metros y andar cien. Cada cinco de estos ciclos parar en el avituallamiento a comer, beber y estirar. Cada cuatro o cinco de estos otros ciclos "de nivel dos", hacer una parada más larga para descansar, ir al cuarto de baño, tumbarse un rato o charlar con cualquiera que se preste a ello, sacar la cámara de fotos e inmortalizar esa locura... Nos hemos hecho unos 25 kilómetros, volvemos al asfalto y comenzamos otro ciclo. Hacemos unos pocos más, dependiendo de a qué hora nos den de comer estos chicos del Club Ñ Ultrafondo. Llega el momento de hacer una parada larga de verdad, aprovechamos para hacer la digestión, darnos una ducha, dormitar si es posible. Luego vuelta a empezar. Si todo fuera bien podría tener hechos setenta u ochenta kilómetros al caer la noche... Aquí empiezan los problemas. Soy incapaz de planear nada para ese momento en el que supongo que ya no sentiré las plantas de los pies, en el que de nuevo los Ñs nos darán el rancho, en el que después de un rato en las colchonetas la tentación de quedarse allí sea más fuerte que seguir con la tontería...
Pero me voy a mojar. Me gustaría dormir unas horas y ver amanecer mientras doy las últimas vueltas al circuito. Y a mayores, doy cifras concretas: mínimo de sesenta y siete kilómetros, (sesenta con los que me sentiría contento más los siete que le hurté a la pasada edición de los 100/500K Villa de Madrid, a fin de que la primera joya de la corona recuperara completamente su brillo), ochenta para sentirme totalmente satisfecho, y ciento uno como máximo. En un principio serían cien, pero por lo visto cuando pasas esa distancia te dan un banderín para que te pasees por el recorrido con él a cuestas y la gente va y te aplaude. Y tan cerca de ese momento de gloria la vanidad cuenta...
¿Sugerencias?. Las agradecería sinceramente.
lunes, 28 de abril de 2008
Ese Mapoma, oé...
Doceno, na.
(De doce)
1. adj. Duodécimo (ordinal)
2. adj. Dicho de un paño o de otro tejido de lana cuya urdimbre consta de doce centenares de hilos. u.t.c.s.m. para designar este género de paño.
3. f. Conjunto de doce cosas.
4.f. Peso de doce libras que se usó en Navarra.
Curiosas las definiciones 1, 2 y 4, y que la más usada no aparezca hasta la tercera.
En mi particular diccionario atlético-paquetil, paquetil-atlético, incluiría una más, espero que de vida efímera, que rezaría más o menos asi:
5. Número de maratones corridos por este paquetillo hasta la fecha.
Y es que así fue, sin sorpresas de última hora, percances inesperados o añagazas del destino, un servidor completó antes de ayer el que hasta ahora es su doudécimo maratón. Una muesca más que modifica ese particular ratio que por primera vez leí en el blog de Spanjaard en la que se hace constar por un lado las veces que uno ha igualado o superado la filipídica distancia y por otro su edad. El mío está ahora mismo en 44/13, pudiendo cerrar el año en el mejor de los casos en 45/16, si sumamos la aún no dilucidada, (aunque de inminente resolución), cuestión de mi participación en las Challenge Nacional Ñ Ultrafondo, mi prevista, esta sí, presencia en los 100k/24 de Aire Libre/Corricolari y un maratón de otoño, el Tui Maratón de Palma de Mallorca o el de San Sebastián, (o los dos, porque ya puestos he comprobado que esa es la mejor manera de tomarse las cosas con calma y no acabar roto en ninguno de ellos, 45/17 en tal caso).
Pero no avancemos aún sin disfrutar de lo que acabamos de hacer. Como decía, antes de ayer di cuenta de mi séptimo Mapoma, de largo el más cómodo y sabrosón. La marca retrocedió a las de hace un par de años: 4 horas 38 minutos 33 segundos, en mi compromiso con Lander para acompañarle en su debut en la distancia. A tal fin me presenté el sábado tarde en San Agustín del Guadalix, donde pasaría la noche, con ganas de ver a esa pareja a la que cada vez quiero más y que de nuevo me ofrecieron su casa para lo que hubiera menester. Mi labor, según yo lo veía, tenía dos facetas: por un lado quitarle a Lander la lógica tensión de la primera vez, y por otro, la más fácil, poner un ritmo cómodo y constante que le permitiera llegar a meta. La consecución del primer objetivo tendrá que ser él el que la valore, del segundo salí contento pues Lander llegó a meta exahusto, (o al menos eso me pareció), pero mantuvo el tipo durante todo el recorrido, cediendo unos segundos por kilómetro sólo al final, cuando el frescor de la casa de campo dió paso a esas descarnadas avenidas cuesta arriba en las que un sol de justicia golpeó inmisericorde a los corredores.
El sábado, decía, llegué a San Agustín a la hora del café, calentito y recién hecho, (gracias Lola), y casi sin acabar de degustarlo nos bajamos a la Feria del Corredor, donde teníamos esperanzas de ver a varios de los amigos blogueros de cuya comida nos habíamos caído. Ignoro la sensación de Lander al recoger los dorsales el viernes, pero sí recuerdo las mías propias las primeras veces que lo hice: las descargas de adrenalina al empezar a "respirar maratón", al tener en mis manos esas primeras combinaciones de números cuasi mágicos que se empaparían al día siguiente con mi sudor, que me identificarían unívocamente en un río de corredores. Recuerdo cuando veía a esa tropa de afilados de apariencia experta, moviéndose con la soltura que da la costumbre, recogiendo sus propios dorsales, hablando de tácticas, saludando con familiaridad a los cracks... Era excitante, y me gustaba. El sábado, después de encontrarnos con Elmorea y Encarni, (futura maratoniana), pudimos ver a Fabián Roncero, a mi paisano José María González, a la guapísima y amabilísima Mayte Martínez que tuvo a bien hacerse unas fotos y charlar un momento con nosotros...
En la feria conocimos también a Slowpepe, grande él, que nos hizo disfrutar a todos con su forma de entender y ver el atletismo, y..., lo siento, pero mi pésima memoria no recuerda el nombre de los otros amigos con los que compartimos esa cerveza.
La cena con Lander y Lola fue deliciosa, como siempre que comparto un rato con ellos. Lander está nervioso. Mucho. Es lógico, y parte de mi "trabajo" es intentar combatir ese exceso de tensión que le adivino. El sabrá si lo conseguí, o por contra, sólo le preocupé más.
Por mi parte estoy tranquilo, quizá demasiado. Tanto que a veces pienso si no estaré cayendo en el error de dejar de respetar lo que un maratón significa, pero lo cierto es que los preparativos de la carrera se han ido convirtiendo con el paso del tiempo en una rutina casi mecánica en la que todo ha sido testado, probado y repetido muchas veces. Con el tiempo le he ido dando a cada cosa la importancia que yo creo que merece, y les doy la justa, nada más. La lista de gadgets es siempre la misma: los protectores para las uñas, los imperdibles por si la organización no los facilita, la vaselina, el esparadrapo, el bote de Aquarius para antes de la salida, la barrita de Isostar que me dará el segundo aire a partir del 30... En otra categoría incluyo los imponderables. Aquellos contra los que no puedo luchar ni puedo modificar: recorrido, perfil, clima... Pero realmente no me preocupa en exceso el hecho de correr 42 kilómetros y pico. Se que sólo una lesión lo puede impedir. Además hoy los vamos a hacer lentos, sin prisas. No tendré la tensión de un ritmo prefijado, un tiempo de paso. Después de once maratones se lo que va a ocurrir, conozco muchas de las trampas y celadas con las que nos vamos a encontrar, he superado ya muchas veces los dolores, las dudas y los miedos. No veáis soberbia en lo que digo. Es simple costumbre.
El domingo amanece. He dormido relativamente bien, incluída una visita nocturna al cuarto de baño debida al mimo que puse la tarde del sábado en la hidratación, (este sí es un detalle que cuido al máximo, aunque sea, como el sábado pasado, con un par de cervecitas bien frías, quizá no lo más aconsejable, aunque siempre mejor que ese brebaje azul denominado Powerade con el que nos obsequió la organización durante la carrera).
Lander me confiesa que apenas ha dormido, pero tantas veces le he repetido que no tiene que tener pensamientos negativos que automáticamente contesta: "pero he descansado". Eso es Lander. Ese es el espíritu... Camino a la salida aún nos da tiempo a dejar el coche en Ventas y tomar un café. A las ocho estamos como clavos a la puerta de Correos, (que digo yo que habrá que irle cambiando ya el nombre...), para encontrarnos con Slowpepe y Germán. Sylvie, con la que estábamos citados no aparece..., y no se porqué, pero no me extraña... Saludo también a mis compis de Club, venidos de Avila en cuadrilla. A las ocho y cuarto, con puntualidad británica, acudimos a la masiva quedada de paquetes a la puerta de la Biblioteca Nacional, ¡qué tropa!. Risas, tensiones, apuestas, fotos... Gente muy especial. Y cuando nadie la esperaba, en una foto de familia en la que no debía haber estado, se cuela en primera fila una chikilicuatre morenaza y pizpireta con la que ya no contábamos, y así es como entra en esta historia Sylvie, la valenciana más popular después de la Dama de Elche y Rita Barberá, la chica de la eterna sonrisa. ¡Qué alegría más grande nos diste niña!
Y sin darnos apenas cuenta empieza lo serio. Bajo la atenta mirada de Gallardón y varios prebostes engalanados para la ocasión, cruzamos el arco de salida. Pienso. Lander, ahora juegas en primera, aquí se acabaron las tonterías. Aquí empieza lo serio, aquí comienzan los escarceos con el maratón, la maratón, los 42195 metros de los que serás dolorosamente consciente. De todos y cada uno de ellos. Una prueba voluble y caprichosa, taimada y cruel, por momentos fría, tremendamente pasional a veces. Infinitas sensaciones y momentos arremolinados en cuatro horas y pico y entre los que los dolores y las dudas se irán abriendo paso poco a poco con el transcurrir de los kilómetros, medidos en sufrimiento y sudor. Pero ahora libérate de esas dudas. Disfruta de tu maratón y del valor que has tenido para afrontarlo, escaso de kilómetros y experiencia. Ahora puedo decírtelo amigo mío, pero tenía mis reservas sobre tu éxito el domingo. En nuestro rodaje por Avila ví como los últimos kilómetros se te hicieron muy largos..., y ya en carrera, con esa distancia, aún no habríamos empezado a sufrir. Mis disculpas, pues aún contando con el "efecto dorsal" no hice lo propio con tu capacidad de sacrificio y tu pundonor.
De todas formas los primeros kilómetros cayeron muy rápido, (en sentido figurado y en el real, pues creo que nos fuimos unos pocos segundos por encima de lo debido y eso lo pagaste al final). En gran medida por la contínua "bronca" que Sylvie y Krisma llevaron durante toda la mañana. Lo más parecido que se me ocurre son los sketch de Escenas de Matrimonio... De todo salía por esas boquitas, y así, entre risas y Powerades llegamos sin pena, pero trabajando la gloria, a la media maratón. Lander va bien, le veo entero y concentrado, seguro de lo que está haciendo y confiado en conseguirlo. Pasamos por muchos de esos momentos que no se asimilan instantáneamente pero que salen a relucir a medida que vamos rumiándolos, como los Carros de Fuego de Vangelis, la entrevista televisiva y sobre la marcha a Sylvie, el primer avituallamiento de Lola, grande ella... Entramos en la Casa de Campo, recorrido precioso, amable y bucólico pero traicionero. Desprovisto de animación y propenso a pensar, y con los suficientes kilómetros en las piernas para que esos pensamientos puedan ser negativos. Yo voy muy bien, las pulsaciones son muy bajas y después de las alegrías del principio aquí vamos "clavando" el ritmo. Estoy disfrutando de cada paso y cada comentario. Sólo tengo que parar un par de minutos a aflojar el cordón de mi zapatilla izquierda. Al ser nuevas y ceder algo preferí apretarlos un poco más de la cuenta y molesta. No me dieron ningún otro problema, confirmando lo que ya sabía: que mis pies y la serie GT 2xxx de Asics están hechos los unos para la otra.
Ya al final de la Casa de Campo creo atisbar en Lander los primeros síntomas de fatiga. El cuestón, (sí Lander, era un cuestón, hay que reconocerlo), que hay a la salida es duro, pero insistes en hacerlo corriendo y sólo me queda animarte. Tengo ganas de volver a la ciudad, de volver a los aplausos y los ánimos de la gente que tanto se que se agradecen. Muchas veces son ellos los que nos impiden rendirnos y echar a andar en "esta mierda de carrera en la que no pinto nada".
Hemos superado el kilómetro treinta. Entramos en los procelosos dominios de ese "muro" del que yo te he dicho que es puramente psicológico por más que haya quien se empeñe en explicarlo empíricamente. Ya se oyen menos voces, menos risas. A partir de estos momentos ya nadie se recupera. Puedes conservar las pocas fuerzas que te quedan y medirlas con cuentagotas, apurando tus recursos en un rácano y egoista intento de no desperdiciar un paso de más, no gastar una brizna de aliento en ese chiste fácil que antes salía de tus labios. Ya no se corresponde con la misma alegría al griterio del público.
La vuelta a la ciudad nos da la sensación de que alguien hubiera abierto un horno, y pienso en que el que no haya medido sus fuerzas lo va a pagar muy caro... Así es. El camino es un rosario de corredores tocadísimos, deshidratados, renqueantes, rotos... Nos adelantan varias ambulancias en las que suponemos corredores a los que el maratón ha mostrado su cara más cruel. Yo miro la de Lander, le sigo viendo concentrado en lo que hace, sufriendo, ahora mucho, pero sin perder ese brillo en los ojos que da la determinación. Aunque yo sigo con buenas sensaciones las pulsaciones, como no podía ser menos, han subido y me duelen las plantas de los pies por el contínuo golpeteo con el asfalto. Es el precio. Incluso yendo a un ritmo muy inferior al posible, el maratón duele, y a veces mucho. Krisma hace de vez en cuando unos cientos de metros de más, adelantándose un tanto y volviéndose a por nosotros, a fin de dar un poco de descanso a unas rodillas acostumbradas a ritmos más altos. Muchísimas gracias Krisma. Fuiste un apoyo importantísimo. Sylvie no pierde el humor, aunque ya rie menos. Todos tenemos ganas de llegar a meta. Todos sufrimos el paso de los kilómetros, del calor y de ese recorrido demencial de la última parte del Mapoma. Pero el giro llega. Ese bendito giro a izquierdas, hacia el asfalto del Paseo de Coches del Retiro, ese oasis de frescura y verdor en medio del tórrido asfalto madrileño. El último esfuerzo, la última duda, ¿es el arco negro?, no, creo que es el del fondo..., sí, ese es, veo el reloj... Un intento fallido de sprint que no cuaja, los últimos gritos de ánimo, el último empujón, la cámara lenta en que se convierten esos últimos metros, la alfombrilla cada vez más cerca, una mano tendida, una fila de corredores, cuatro, que han hecho los 42 y pico juntos, han reído y han sufrido juntos. Han vivido un intenso trocito de vida juntos.
PD1. Foto gentileza de Locomotoro1964.PD2. No me olvido de tantos otros que se cruzaron en nuestro camino del domingo, como Teto, Jesús, otro corredor del 4Pipas del que no recuerdo el nombre, la familia de Guille que nos animó en el 13K... TODOS formáis parte de ese maratón y tenéis un huequito en mi corazón.
jueves, 24 de abril de 2008
Problemas de avituallamiento en el Mapoma
Según comentaban algunos amigos del foro de ElAtleta.com esta mañana, en los avituallamientos del próximo Mapoma van a repartir ese inmundo líquido azul denominado Powerade. Como por mi garganta es imposible que pase un líquido azul llevo todo el día intentando buscar una solución para abastecerme de sales en carrera, ya que el día parece que será caluroso y el agua no será suficiente.
Descarto tener amigos y familiares por el recorrido debido, fundamentalmente a que de pedirles tal favor posiblemente dejarían de serlo. Como segunda opción barajé guardar Isostar, (mi isotónico preferido), en polvo en las capsulitas amarillas que vienen dentro de los huevos Kinder. Son estancas y en una de ellas cabe aproximadamente la cantidad necesaria para preparar medio litro de bebida isotónica "de verdad". El problema es llevar un par de estas cápsulas en carrera.
Por último se me ocurrió hablar con un amigo recordando que él siempre usa un cinturón ergonómico comodísimo que le da muy buen resultado, y dicho y hecho. Esta misma tarde me lo ha acercado a casa y lo he podido probar "in situ".
Este es el testimonio gráfico donde podréis ver el cinturón prestado a la vez que admirais mi estilosa y gracil forma de correr:
Quizá en esta ocasión os podríais ahorrar los comentarios... O no, vosotros mism@s...
Por cierto, Dufflayos le llaman...
El escenario
Esta mañana, según subía a trabajar por la cuesta del Rastro, he visto de refilón el escenario de la foto y no he podido por menos que parar a fotografiarlo. Es el de La Niebla, aquel relato que publiqué hace ya unos meses. Desgraciadamente hoy el día ya estaba muy avanzado y la niebla es más alta y menos compacta que la que describo en él, pero desde donde está tomada la foto a veces se puede ver el espectáculo de las copas de los árboles "flotando" a modo de islas verdes en un mar blanco denso y lechoso.
miércoles, 23 de abril de 2008
Renovarse o renovarse
Estas son mis viejas Asics GT 2120. Soy fiel a a la línea GT desde los tiempos de las GT 2030, es decir, va para diez años. Como uno no es de series, pistas, ni velocidades excesivas, nunca he visto la necesidad de tener varios modelos de zapatillas con la excepción de unas Asics Gel Trabuco que uso en días contados para chapotear más que para correr cuando alguna sucursal del diluvio universal se deja caer por aquí o cuando le da por nevar.
Antes de llegar a esta exitosa línea de Asics usé Adidas, Reebok, Karhu, Mizuno..., excelentes quizás, pero cuando me probé por primera vez aquellas Asics GT 2030 supe que nuestro idilio duraría años. Son las únicas con las que nunca he sentido la necesidad de que se "hicieran al pie", más bien al contrario, parecen diseñadas a la medida para ese par de pinreles conque la naturaleza tuvo a bien obsequiarme.
Como tampoco he sido nunca un "fashion victim" de los de ir a la última, siempre que he podido las he comprado fuera de temporada, aprovechando rebajas u ofertas, de tal forma que a veces me he juntado con hasta ¡tres pares de zapatillas idénticas!, esperando que sus hermanas pasaran a mejor vida. Nunca me han defraudado. Nunca han rozado donde no debieran, han sufrido estoicamente el frío invierno abulense, los barros otoñales y las puntas de los cardos a finales de verano. Siempre han tenido un comportamiento ejemplar y sólo el peso de un servidor y un buen número de kilómetros han conseguido que perdieran su amortiguación, que no su comodidad.
Suelo cambiar de zapatillas más o menos cada ochocientos kilómetros. Creo que es un número razonable de ellos para conseguir un equilibrio entre duración y prestaciones teniendo en cuenta el uso que les doy, mi peso y pisada ligeramente pronadora, quizá el único y pequeñísimo defecto de mi estilosa forma de correr. Siempre he procurado hacer coincidir ese particular final de vida útil con alguna carrera importante, (sentimental que es uno), a ser posible con un maratón y a fin de poder jubilar ese par "con honores", (juro que después del Maratón de San Sebastián de 2006, con todas las vicisitudes que pasé en aquel "Annus Horribilis", a punto estuve de llorar cuando las eché al contenedor para ropa y calzado). Caso de no conseguirlo, (como la única vez que le fuí infiel al modelo con su propia hermana, las Asics Gel Kayano de infausto recuerdo para mí), las zapatillas han sufrido la humillación de servirme simplemente para ir a pasear por el campo con mi hijo o lo que es peor, usarlas en mis sesiones de gimnasio, que digo yo que cosa peor no se le puede hacer a estas ruteras de pura sangre.
He gastado docenas de pares, pero, ¿qué tiene este de especial?, pues veréis. El de la foto lo estrené el ocho de octubre de 2007. Tanta era mi confianza que lo hice con un rodaje de veinte kilómetros, (lo que no recuerdo es porqué leches me hice un rodaje así un lunes...), y por supuesto, no tuve ningún problema con ellas. Pero de ese día a hoy este par de zapatillas ha pasado, aparte de algún sarao en plan festivo con los amiguetes, por los 50 Kilómetros Villa de Madrid del cuatro de noviembre, por el Maratón de San Sebastián del veinticinco del mismo mes, por los 10K de Aranjuez del dieciséis de diciembre, por los medios maratones de Torrevieja y Villalba, de nuevo por Vallecas a por otra edición de los 50K Villa de Madrid... Han cumplido y han dicho basta. Y no he tenido corazón para pedirles un postrer esfuerzo y que se hicieran el Mapoma del próximo domingo...
Esta misma mañana he ido en busca de sus sustitutas. He visto las nuevas GT 2130 por... ¡130€!, (he visto en alguna ocasión los precios de compra en fábrica o distribuidor de modelos punteros, dato que no revelaré para no herir sensibilidades), pero en los rincones de las tiendas, acumulando polvo, (y pérdidas para el tendero), siempre hay algún par olvidado al que no se espera sacar tajada. Se trata de manosear el modelo de temporada, mirarlo con ojo experto, decir que no te convencen los cambios y suspirar melancólicamente por aquel que compraste hace uno o dos años y que tan buen resultado te dió. Así he comprado hoy dos pares de las antiguas GT 2110, si, sí, GT 2110, las de hace dos años, ya dije que no soy un "fashion victim", a buen precio y con tres pares de calcetines de regalo. Un par de zapatillas se estrenará "a lo grande" en el Mapoma del próximo domingo, y si todo va bien, dentro de unos meses no tendré más remedio que rendirle un homenaje como a sus predecesoras, ya que si por salud es, en menos de un mes les espera el maratón y dos ultras...
Siempre, claro está, que haya aquí alguien que siga leyendo tanta sandez como de vez en cuando suelto...
| ¡ADVERTENCIA! Hacer lo mismo que este mastuerzo, es decir, estrenar unas zapatillas el día de un maratón puede, y seguro que será, peligroso para tu salud. No lo hagas. |

