viernes, 18 de abril de 2008

Con las orejas tiesas...

Expresión hecha que denota un estado de alerta o inquietud, ante la cercanía de un hecho o situación que nos provoca tensión. Esta burda definición, a falta de corrección de persona más instruída, es mía, y refleja cómo me encuentro ante la cercanía del Mapoma del próximo domingo. No, no es la mieditis aguda del primerizo o del atleta de verdad que busca hacer marca. No me apunto a ninguno de esos carros puesto que no tengo sitio en ninguno de ellos. Es el puñetero gemelo derecho, que desde el pasado domingo, (rodaje de 25 kiómetros a ritmo de maratón en la mejor compañía), está dando guerra. No es nada grave, una simple contractura que en circunstancias normales a un paquete como yo le hubiera llevado a descansar una semana y que a los más fundamentalistas de esto del correr no les hubiera arredrado ni siquiera ante una dura sesión de series a ritmo infernal. Pero el domingo que viene viene Mapoma, (patético recurso estilístico, lo se, pero peor es el chiki-chiki). Y el domingo que viene tengo una cita a medias con él y con Lander, en el que será su primer asalto a la distancia. Y me dolería no estar ahí y ver la sonrisa en su cara al cruzar la meta.

Quizá le esté dando más importancia de la que realmente tiene, como harían los primerizos o los atletas de verdad que buscan marca, pero constantemente me viene a la mente una tarde de mediados de abril de 2006: un rodaje a ritmo lento, el penúltimo largo antes del Mapoma de ese año. Recuerdo un pequeño pinchazo, apenas perceptible en el gemelo, exactamente en la misma zona que ahora tengo dañada. Recuerdo que llevaba doce o trece kilómetros y tenía pensado hacer unos dieciséis, y que en el momento del pinchazo me encontraba a apenas uno de casa, y seguí... Bien, sin problemas. Pero al día siguiente el pinchazo era un dolor que me impidió acabar el entrenamiento: masajes, hielo, estiramientos, ¡prueba a correr Carlos, trata de correr por Dios...! Y vuelta andando..., más masajes, más estiramientos, más cabreos por mi mala cabeza... No corrí ese Mapoma. Recuerdo vívidamente cómo el viernes, en un postrer intento de autoconvencerme de que era posible hacerlo, salí a un camino completamente llano al pie de casa. No hice más de cien metros y poco me faltó para llorar de rabia. Según mis notas diez días después, (una semana desde Mapoma), corría normalmente.

No se me olvida la sensación de frustración por el error cometido, por intentar apurar unos míseros cuatro o cinco kilómetros en un rodaje totalmente intrascendente de cara al maratón y provocarme por ello una molestia que en cualquier otro momento hubiera sido una mera anécdota pero que en ese momento hechó al traste mis planes.

Ahora estoy igual. El domingo acabé con esa pequeña molestia y decidí tomarme dos días de descanso. El miércoles después del rodaje, (en el que no molestó, simplemente runruneó), dolió un poco al quedarme frío. Y aún sigue ahí...

Ayer empecé a tomar Diclofenaco Sódico, al que hacía siglos, (bueno, quizá no tanto), que no recurría. No me gusta nada hacerlo: enmascara los síntomas que son precisamente los que avisan de que algo anda mal, llevando, la mayoría de las veces, a cometer el error de infravalorarlos. Al menos aparte del antiinflamatorio me tomaré unos días más de descanso. En cualquier caso espero no estar equivocándome como en aquellos días de mediados de abril de 2006...

lunes, 14 de abril de 2008

La leyenda del Castillo de Manqueospese

castillo_manqueospese (20-03-08) 006

Le leyenda se mezcla con la realidad en una intrincada red que muchas veces es difícil desenmarañar. Hechos, opiniones, relatos parciales cuando no directamente sesgados por el escritor, adornos literarios en busca de la belleza o el enaltecimiento de un ideal..., dan muchas veces a las historias pasadas esa pátina de inconcrección, de irrealidad y falta de certeza que las hace tan maravillosamente deliciosas.

Es el caso de la que hoy os traigo aquí: La Leyenda, o mejor, Las Leyendas, del Castillo de Manqueospese, la imponente fortaleza de la foto, (desgraciada y vergonzosamente abandonada), en el término municipal de Mironcillo, a pocos kilómentros de Avila, allí donde las estribaciones de la Sierra del Zapatero se adueñan del Valle Amblés que se derrama a sus pies y del que tendremos unas maravillosas vistas desde el cerro al que el castillo se encarama cual nido de águila. Allí subí hace unos días con mi hijo a pasar la mañana.

No voy a sostener la verdad de las leyendas que rodean el castillo, ya que ni siquiera los orígenes del mismo parecen claros. Yo no soy historiador ni erudito para intentar dar fe de que siquiera una pequeña parte de las historias que aquí relato tengan un viso de realidad, pero los protagonistas están ahí: el castillo, el palacio con su ventanal enfrentado a él a través del valle, los apellidos que dan nombre a calles y plazas de Avila y que aún hoy viven en el nombre de los descendientes de los protagonistas de estas historias... Todo ello perdura aún en una ciudad antigua como Avila..., y en un alto roquedo, allá, en Mironcillo...

Hay quien piensa que la actual fortaleza se asienta sobre los restos de otra anterior de origen musulmán, y de ahí posiblemente surja la primera historia que os traigo, la de Zubeze, hija de Ben Hus Mar, el cual pudo ser el constructor del primitivo castillo. Zubeze cayó rendidamente enamorada de Aldefonso, un cautivo cristiano de su padre. Para evitar tal deshonra, Ben Hus Mar acordó el desposorio de su hija con un príncipe de Jaén, a lo que su hija contestó, según las fuentes: mal que os pese lo querré o aunque os pese, no iré. (Estas frases u otras similares son constantes que vertebran todas las historias relacionadas con el castillo y las que le prestan nombre).

El adorno final de tan hermosa leyenda habla de un túnel desde el castillo hasta Avila, distante en línea recta ¡17kilómetros!, y que los enamorados recorrían de noche para encontrarse furtivamente. Y de cómo Zubeze, viendo su amor imposible, murió despeñada desde la torre del castillo.

castillo_manqueospese (20-03-08) 014Cierta o no la leyenda, no deja de ser curioso como ésta tiene varias versiones "castellanizadas", datadas en época posterior, y que son las que generalmente se transmiten en la zona.

Una nos habla de nuestra particular versión de Romeo y Julieta, encarnados en las figuras de Don Gonzalo de Velada, enamorado de Doña Aldonza Aboín. Por aquellos años Velada y Aboín eran familias enemistadas que no aprobaban los amores de sus vástagos, siendo a la sazón Ximénez de Velada, padre de Aldonza, el corregidor de la ciudad. Este consiguó el destierro para Gonzalo, que fue a parar junto con varios caballeros al Castillo de Manqueospese después de pronunciar la imprescindible frase: mal que os pese, veré a vuestra hija. Hogueras nocturnas en lontananza, una rosa que no se marchita, y en la que Aldonza deposita sus besos de amor, vihuelas que tañen en la oscuridad, mensajes a escondidas..., van aderezando una historia de amor imposible, historia que muere inacabada en el momento en que Gonzalo vuelve a Avila con el ánimo de raptar a Aldonza, al conocer su próxima boda con un descendiente de los Dávila, otra de las familias nobles de la ciudad. Nada se escribió de lo sucedido después.

Con todo, la leyenda más extendida es la que cuenta como a la vuelta de la batalla de las Navas de Tolosa el apuesto Alvar Dávila, Señor de Sotalbo, entraba en Avila a la cabeza de sus hombres. Fue entonces, montado en su corcel, cuando sus ojos se cruzaron por vez primera con los de Doña Guiomar, hija del noble abulense Don Diego de Zúñiga, mientras esta jaleaba las victoriosas huestes. Cuentan que era hermosa Doña Guiomar, y que sus ojos oscuros y su sonrisa angelical consiguieron lo que no habían conseguido los enemigos y la penuria de la batalla: doblegar la voluntad y el corazón del bravo Don Alvar. Un amor súbito y puro surgió entre ambos y muchas veces se vieron a través de ese ventanal, hasta que un día el gallardo capitán solicitó a Don Diego licencia para desposarse con su hija. Don Diego era orgulloso, y no veía con buenos ojos la relación. Además tenía otro destino reservado para su hija, que no era sino entregarla a Dios.
varias (11-04-08) 002 Expulsado fue Alvar del palacio, no sin antes replicar al irascible Don Diego: "aún que os pese, la veré". Puesta le fue guardia a Guiomar, con orden de prender a Alvar tan pronto como por allí apareciera. Entre lágrimas y suspiros ahogaba la doncella su pena, sentada ante el ventanal por el que vió por vez primera a su amado. Este fue obligado a retirarse a su castillo, desde cuya torre adivinaba más que veía a la afligida Guiomar. Atormentados ambos por la separación consumían sus vidas, él a la espera de una nueva campaña militar, ella a la de su desposorio con el Altísimo.

Hasta que un día, cansada de llorar, el alma de Guiomar abandonó con un suspiro su cuerpo y se convirtió en blanca paloma, que ahora libre, voló al encuentro de su amado. Reconociendo este en tan bella ave a su querida Guiomar, la acogió en sus manos con ternura, con la certeza de que ya jamás su amor se vería correspondido.

Esa noche Alvar partió de nuevo a la guerra llevando consigo el recuerdo de su querida Guiomar. En el campo de batalla murió con honor.

jueves, 10 de abril de 2008

Cada vez más convencido

Los que me visitais de vez en cuando posiblemente habréis entrado también en el blog de Spanjaard, al que tengo en mi blogroll. Su alter ego, CyT, suele marrullear en el foro de ElAtleta.com susurrando al oído de quien lo quiera oir las bondades de su forma de entender el atletismo: más lento, más lejos. Más antropoide según sus propias palabras y al hilo de mi penúltima entrada. Además es un tipo con labia, como dice mi padre. Es capaz de hacernos creer que el hecho de estar un día entero dando vueltas a un circuito de un kilómetro en lo que hemos dado en llamar Hamster's Race va a ser una bonita experiencia en lugar de una tortura por partida doble debida no sólo a la distancia que cada cual recorra en esas 24 horas, sino al hecho de hacerla pasando cada pocos minutos por el mismo sitio que la vuelta anterior, girando una y otra vez en las mismas curvas, viendo el sol tornar alrededor de aquella farola, marcándonos su hora, la única y verdadera hora, medida de nuestro éxito o fracaso al igual que lo suele ser el dolor de nuestros cuádriceps.

El caso es que Spanjaard lo hace bien. Con esa pluma que sabe aunar el humor con el mensaje jugoso, y que tan a menudo se carga de ácida ironía, nos tiene a un puñado de paquetes a punto de darle el sí, y de hecho ya estamos comprometidos, (preinscritos), a falta de superar el "trámite" del Mapoma, esta vez con más pena que gloria por mor de reservar siquiera una pizca de fuerza para el reto.

Esta mañana soltaba en el hilo ad hoc del foro de ElAtleta.com esta perla, (una más):

CUESTIONES PRÁCTICAS (LO QUE SIEMPRE QUISISTE SABER SOBRE EL ULTRA PERO NO TE ATREVISTE A COMENTARLO EN TU GRUPO DE ENTRENAMIENTO):

1. ¿Cómo hay que correr las 24h?
No hay que correr de ningún modo obligatorio. Meteos esto en la cabeza (habéis logrado lo mismo con cosas más difíciles como Windows Vista): el circuito está abierto 24 horas y en ellas tu conseguirás una distancia, no un tiempo. Por eso no hay tiempo de cierre de control salvo las 24h. No hay ritmos mínimos, ni tiempos de corte a las 3h, 6h ... TU PONES EL LIMITE.
Dicho esto, hay que saber varias cosillas más:

- Tienes un avituallamiento cada km. Esto hace que la flexibilidad a la hora de correr-trotar-caminar-reptar sea máxima. Los objetivos pueden ser vuelva si-vuelta no, sorbito. O cada 5 vueltas parada a picotear. O 3+2, o como os plazca.
- Habrá comida sólida a eso de las 16h y a la hora de cenar. Además, caldo, agua, isotónicos, etc. Avisad si a la siguiente vuelta queréis que se os tenga preparado algo en concreto. Fruta, membrillo, frutos secos... un chef como Jose Vilches (nasío pa corré) es el jefe de logística. Para quien no lo conozcáis por el nombre, es ese que se disfraza de Pocahontas para hacer de guía en Mapoma.
- Importante estar siempre en LA ZONA NEUTRALIZADA. Sobre todo por si alguien piensa que los eñe matamos de hambre al corredor y quiere ir a Alcalá a comerse una pierna de cordero. La ZONA NEUTRALIZADA INCLUYE (amén del circuito) TODA LA PLAZA DE TOROS. O sea, tranquilidad que no vais a estar recluidos en el circuito sin poder salir. Podéis subir a la grada a estar con vuestros familiares o amigos del club, echar unas cartas, conectarse al foro (tengo que informarme si la Plaza es WiFi), porque esa esencia familiar y popular es marca conocida de nuestro club. Pero si salís del recinto seréis descalificados por los jueces. Tened en cuenta que es un evento oficial, que habrá jueces y que queremos dotarlo de un marco mínimo dentro de las normas de la IAU.
La zona de descanso estará debajo de las gradas, en una zona donde colocaremos colchonetas/tatami para que os echéis la siesta, etc. Pero si deseáis tener en el ropero vuestra mochila con una esterilla extra o lleváis vuestro saco de dormir (hará fresco), organizaos convenientemente.

2. Entonces, ¿me animo o no?
Coño pues claro . ¿Estás esperando a ver cómo te sale Mapoma?, ¿dudas sobre si encararlo como los 100/24?, ¿hacer solo un rato?, ¿un test?... Para informaros, tendremos un stand en la Feria de Mapoma (allí me podéis tirar cacahuetes) y es previsible que muchos esperéis a esa semana postmaratón, pero a estas alturas tenemos el 50% de los dorsales dados.
De nuevo, importante tener en cuenta que:
- Es adictivo. Si sales con la idea de hacer solo 6h y te ves inmerso en el sarao, encendemos las luces de la plaza, arrancamos el karaoke, será difícil que no intentes al menos un rato más.
- Es comprensible que muchos tengáis de sobra con intentar hacer esos cien. Pero ... ¿por qué no descansar y quedarse a ver a los compañeros de toda la tarde/noche llegar a meta?. En la grada, durmiendo, paseando de cháchara con algún participante y acumulando km, ¿has quedado?, ¿un Domingo a las 9am?...
- Seremos flexibles si hacen falta 4 o 6 dorsales más. Lo interesante es que la prueba cale hondo y en 2009 nos veamos en dificultades y obligados a ampliar el circuito 200m más porque sois 200 corredores.

3. ¡Eh!, yo estaba preinscrito, ¿me habéis dado boleto?
Por motivos de espacio en el blog y por organización interna, mejor comprobar cuántos de aquellos 70 u 80 interesados inicialmente materializan el pago de la inscripción. Recordemos que la inscripción se hace efectiva con el pago de la misma.


Y claro, ¿cómo le decimos que no?

viernes, 4 de abril de 2008

Mi primera vez

Mi amigo Lander me pone en un aprieto. Hace unos días inició un hilo en el foro del ElAtleta.com con el título: ¿Cómo fue vuestro primer maratón?. Como muchos de vosotros ya sabéis me he comprometido con él a hacerle de liebre en el próximo Mapoma. Realmente no me necesita para nada, puesto que ahora mismo está un punto por encima de mí, pero qué le vamos a hacer, el chico cree que necesita ayuda, así que me tengo que poner serio y hablar como si supiera de esto.

El caso es que después de varias páginas supongo que esperaba que yo contestara en el post por la amistad que nos une y por mi compromiso con él para el próximo día 27. Hasta hoy no lo había hecho, y cuando he intervenido ha sido al hilo de la respuesta de otro usuario para aportar alguno de esos pequeños "trucos" para sortear al tío del mazo que tiene que tener un corredor como yo al que los primeros casi podrían doblar en un circuito a dos vueltas.

Error. La siguiente respuesta, casi como si estuviera esperando al acecho, ha sido la del propio Lander pidiéndome que me dejara de bobadas y expusiera de una puñetera vez cómo fue mi primer maratón. Y esto para mí no es cuestión baladí, ya que debido a mi proverbial pésima memoria con la que suelo atormentar a los que me rodean, los recuerdos de ese primer maratón están sumidos en una especie de nebulosa, mezclados con los del segundo, el tercero... De hecho, lo creáis o no, he tenido que buscar el recuerdo que nos dieron para comprobar cual fue: Mapoma del año 2000.

Por aquel entonces yo salía a correr tres o cuatro días por semana. Siete, diez kilómetros, dependiendo del tiempo libre, de las ganas de ese día... El correr te hace conocer gente y con algunos de ellos trabas una incipiente amistad. Un buen día, bajando por uno de mis circuitos preferidos, veo unos cien metros por delante a Pepe, uno de esos amigos sobrevenidos a través de este mundo del correr y que con el tiempo se ha convertido en una persona entrañable para mí. Aprieto a ver si lo cojo, pero él hace lo mismo, está terminando su entreno y lo quiere hacer fuerte. Al final logro alcanzarlo..., cuando él paró. Brevemente charlamos mientras nuestros corazones vuelven a la calma. Yo tengo en ese momento treinta y siete años y le digo medio en serio, tres cuartos en broma, que antes de los cuarenta quiero correr un maratón. "Nosotros vamos a hacerlo este año..."

Siempre he sido un facilón. ¿Valiente?, ¿inconsciente?. No he corrido más que un par de medias en mi vida, pero allí, en enero de 2000, en un día cálido para la fechas en las que estábamos, nada más de que Pepe acabara de trasladarme sus planes, supe que el próximo Mapoma me tendría entre sus inscritos.

Quizá hice una media de cuarenta kilómetros semanales, no más. Sin planes, sin método, sin conceptos claros, sin saber qué era realmente un maratón... Ninguno del grupo había corrido nunca ninguno. Todos éramos corredores muy modestos, y todos acabamos muy por encima de las cuatro horas. Recuerdo que ese día todo fue una aventura: aparcamos los coches en el parking de la Plaza de España. Ya vestidos cogimos el metro hacia la salida, y de repente, allí estábamos, respirando ambiente atlético del bueno. Viendo mezclados corredores de toda condición, observando con la ingenuidad y curiosidad de la primera vez cómo se comportaban "los que sabían". Nosotros deambulábamos de aquí para allá sin tener muy claro qué es lo que debíamos hacer. El tiempo transcurrió lento hasta la hora de la salida, pero cuando esta llegó, estalló la fiesta. No se cómo se vive ese momento en la cabeza de la carrera, pero al final es una descarga de adrenalina brutal: por fin llega el momento de empezar a hacer aquello a lo que has venido, de jugar tus cartas esperando que esta vez sí, esta vez consigas esquivar las trampas que el maratón, (o la maratón, que nunca lo he tenido claro), te va a tender.

La riada de gente Castellana arriba es impresionante. Los nervios, relajados por la salida se tornan en risas, chistes y bromas. Durante los primeros kilómetros corres casi codo con codo con otros corredores. Eso dura poco. Al cabo de un tiempo los chascarrillos van cesando, las miradas se vidrian y cada uno va buscando su sitio. Nosotros habíamos decidido correr juntos la mayor parte del recorrido. Una vez que el maratón llegara a su mitad, allá por el kilómetro treinta o treinta y cinco, cada uno buscaría su ritmo. Hasta ese momento el maratón fue una sucesión de sensaciones: recuerdo especialmente el sonido de las zapatillas contra el asfalto, el olor a geles, linimentos y sudor. El paso por la Calle Fuencarral, donde siempre sonaba la canción de Carros de Fuego que conseguía ponerte un nudo en la garganta, el paso por la Puerta del Sol, con un muro de gente aplaudiendo. Las primeras molestias en los cuádriceps al entrar en la Casa de Campo. La soledad, el miedo, las dudas, la falta de confianza en las propias fuerzas al enfrentarte a distancias que nunca habías superado. El dolor en que se convierte las primeras molestias con el paso de los kilómetros. El atisbo de pánico cuando compruebas que esos kilómetros no miden igual que al principio. Los abandonos, la gente andando. Los aplausos que te impiden aflojar el ritmo. El agua que no calma la sed, las glucosas que te producen aún más. El dolor que se convierte en un dolor aún mayor. Las ganas de abandonar. Las preguntas sobre porqué no lo haces. El kilómetro cuarenta en el que pensabas que ya no dudarías, pero en el que sabes que aún es posible el fracaso. La tortura del tiempo detenido, del correr hasta aquel árbol, hasta la siguiente esquina..., donde la calle gira y sube, arriba, cada vez más... y el kilómetro cuarenta y uno, y ya sí. Ya llegas, seguro, y la gente, los aplausos, los ánimos, ¡Dios cómo os quiero!, y el ánimo renacido porque es posible, porque sabes que lo vas a lograr, y porque ves que aunque el reloj sigue corriendo lento, y que la siguiente farola parece no acercarse, de tu interior más profundo empieza a surgir un resto de energía para cruzar la meta, y el kilómetro cuarenta y dos, y los adoquines del Paseo del Prado, una última prueba antes del arco que nunca llega, que parece retroceder. Y la emoción, las lágrimas a duras penas contenidas porque has visto cosas en tí que no sabías que existían. Porque te has enfrentado a tus miedos y los has vencido. Porque te conoces mucho mejor que hace unas horas. Porque has crecido como persona. Porque eres más fuerte y sabes que a partir de ahora los problemas los encararás de otra forma. Ahora sabes, ahora conoces. Has mirado al miedo a la cara y lo has vencido.

Cruzas la meta. Tu cuerpo desconecta. Tus piernas trastabillan. Te abrazas con tus compañeros. El dolor vuelve. Has vencido, sí, pero tienes que pagar, y el precio es ese dolor. Pero ya no importa. Como un zombi avanzas por la cola de las bolsas del corredor. La recoges, bebes, comes, estiras. Te vuelves a abrazar a tus compañeros. Ves a los que llegaron antes, preguntas por aquellos a los que no encuetras. Esperas al resto. Un momento de sensatez te hace prometer que no volverás a someter a tu cuerpo y tu mente a esa tortura. Nunca más..., hasta el año siguiente.

Lo siento Lander. No tengo muchos recuerdos "del primer" maratón. Pero tengo infinitas sensaciones de todos los que he corrido. Espero que te sirvan.

miércoles, 2 de abril de 2008

Bosquimanos

Los bosquimanos, (gentes del bosque), también conocidos como San, Khoisan o Basarawa es la forma en que nos referimos a un grupo de pueblos africanos, censado en unos 100000 individuos, repartidos por Botswana, Zambia, Namibia, Angola, República Sudafricana y Zimbabwe. Sus ocupaciones tradicionales eran la caza y la recolección y actualmente son el resto de una población mucho mayor, (supuestamente de varios millones de individuos), que fueron desplazados por la ocupación de sus tierras y diezmados, primero por los bantúes, (dedicados a la ganadería), hace unos 1500 años y posteriormente por las potencias coloniales europeas.

Aunque muy recientemente la situación parece cambiar poco a poco al empezar a organizarse en defensa de sus derechos, los bosquimanos siguen siendo sometidos a la presión que supone la expulsión de sus dominios ancestrales y la "integración" en una civilización que les convierte en el mejor de los caso en jornaleros u obreros sin cualificar cuando no les condena a la miseria de los suburbios urbanos.

Especialmente sangrante es el caso de los habitantes del Kalahari, que abarca casi toda la superficie de Botswana y parte de las de Namibia, Zimbabwe y la República Sudafricana, (aunque no hay acuerdo unánime en cuanto a su extensión). Los bosquimanos del Kalahari son presionados para abandonar sus territorios históricos de caza de subsistencia en beneficio de la mucho más rentable explotación turística, "medioambiental" o en algunos casos diamantífera.

Recientes investigaciones tomando como base el estudio del ADN mitocondrial, (heredado exclusivamente de la madre, y que por tanto permite "seguir hacia atrás" las distintas ramas familiares), parecen demostrar que los bosquimanos son los primeros Homo Sapiens y que partieron de Africa para colonizar el resto del planeta siendo origen por tanto de las distintas razas que surgieron por las sucesivas emigraciones. Esto significa que todos, sin excepción, tenemos un ancestro bosquimano.

¿A qué viene todo esto en un blog de atletismo?.

Ayer por la mañana en el foro de ElAtleta.com hubo un interesante debate entre Yoku y Guille acerca de la idoneidad del diseño del ser humano para la carrera lenta y de larga distancia. Sin nombrarlos expresamente, Yoku se refirió a los bosquimanos y a una de sus técnicas de caza como ejemplo de cómo un hombre puede mantener sin problemas una carrera suave durante horas. Se refirió a ella como "caza por persistencia", consistiendo esta en elegir una presa, (pongamos un eland pues fue este bóvido con el que Yoku ilustró el ejemplo), y seguirla al trote. El eland es evidentemente más fuerte y rápido que cualquier humano, y huye, pero la paciencia del cazador, el control de su ritmo, su persistencia, y su adaptación a los esfuerzos prolongados hacen que después de varias horas el animal caiga agotado sin que el cazador tenga que hacer más que rematarlo.

Buceando en internet encontré este vídeo, quizá algo artificial en su realización, pero que ilustra perfectamente esta "caza por persistencia":

Paciencia, ritmo controlado, ahorro de fuerzas, frialdad mental...

Ultrafondo, puro ultrafondo...

Si queréis más información acerca de los bosquimanos y su problemática, aquí tenéis unos enlaces:

Fundación Mundo Natura

Survival International

Analítica.com. El genocidio del pueblo bosquimano

VIII Carrera Popular de "El Resucitado"

Bueno, pues el pasado sábado se celebró la VIII Carrera Popular de "El Resucitado", primera carrera del VI Circuito de Carreras Populares "Ecosport", de la que os pego la breve reseña que ayer emitió Televisión Avila. Aunque esté mal que yo lo diga, la carrera fué todo un éxito. Ved:

El jueves emiten un reportaje más completo en el que podréis juzgar mejor el trabajo de mi club, (y que de paso me permitirá rellenar una nueva entrada en el blog, jejeje...)

lunes, 31 de marzo de 2008

100/50 Kilómetros Villa de Madrid, o de cómo un ultra se convirtió en un maratón (y pico)

Son las cinco y cuarto de la mañana. Noche cerrada. La autopista es solitaria a esas horas. La salida del túnel muestra ante mis ojos la espectacular vista nocturna de la vertiente madrileña de la Sierra de Guadarrama: miles de pequeñas luciérnagas blancas, rojas y naranjas derramadas por valles y laderas donde otrora gobernaran el oso y el lobo entre antiguos y tupidos robledales y hayedos. Hoy las urbanizaciones han arrasado con todo, y la agridulce sensación que me produce el costo de la hemosa vista que ahora aparece ante mí me acompaña siempre que me acerco a Madrid por la noche.

La jornada comenzó muy pronto, demasiado. Apenas he dormido una hora u hora y media. Catorce horas después, ya de vuelta, tendré que parar en el área de descanso de la otra entrada del túnel, en tierra castellano leonesa y a poco más de media hora de casa, a dormitar unos minutos estacionado por el miedo a hacerlo durante un segundo mientras conduzco. Con el asiento reclinado, en los breves momentos en que tardo en sumirme en un sopor que poco tiene que ver con el verdadero sueño pero que me restablece lo suficiente como para permitirme terminar mi viaje, pienso: estoy tremendamente cansado pero satisfecho del día de hoy. Como siempre, hay luces y sombras. Nunca hay días perfectos ni totalmente para olvidar, hoy quizá haya habido algún problema inesperado, pero el balance del día es muy positivo. Bueno sólo bueno en lo atlético pero sobresaliente en lo personal.

Tenía muy poco miedo a la cita de ayer, mi segunda incursión más allá del maratón. De los tres, (posiblemente cuatro), objetivos que barajo de aquí a junio este era el menos ambicioso: 50 kilómetros suaves, de rodaje tranquilo salpicado de avituallamientos de membrillo, pasas y orejones. En hora y media exacta desde que salí de mi garaje tengo el coche aparcado justo al lado de la salida de la carrera. Mi dorsal lo recogió Silvestre ayer, así que no tengo nada que hacer. Pocos corredores pululan aún a esas horas por las cercanías. Uno de ellos es mi paisano, José María González, campeón de Europa de 100K con el que hablo durante unos minutos. También aparece Spanjaard, magullado por la caída de su excursión serrana y que va a hacer su particular test globero sub-3.30 para el próximo Mapoma. Los que sí trabajan, mucho y rápido son los chicos de la organización. Veo los carteles kilométricos por colocar, las cajas de agua, furgonetas que van y vienen... Es ese trabajo escondido y poco agradecido en el que el corredor no repara salvo que falle pero que es imprescindible. En los 100/50 Villa de Madrid ese trabajo está bien hecho. Poco a poco la salida se va animando. Este año se dobla la inscripción del pasado noviembre, que fue tan sólo unos setenta corredores, y se nota. Hay un detalle que me llama la atención: casi todos se conocen entre ellos. Creo que esto del ultrafondo es una especie de secta en la que recalan los incomprendidos por el resto del mundo del atletismo. Sólo ellos entienden que 50 kilómetros suaves son menos agresivos que una media maratón a tope, afirmación que hecha por mí en la entrega de dorsales del circuito de carreras que organiza mi club arranca sonrisas entre mis compañeros, algunos de los cuales estarían en estos momentos levántandose de la cama para competir en las medias de Segovia y Toledo y que seguro que hoy tienen más molestias que yo mientras escribo, no les culpo: yo tampoco lo creía...

La primera alegría de la mañana me la proporciona Paco, Efejota en el foro de ElAtleta.com, que haciendo honor al sobrenombre "descerebrado" con que a menudo cariñosamente nos hemos referido a él, ha decidido en el último minuto apuntarse a falta de mejor plan para su tirada larga. Poco después aparecen Carlos "Señor Oscuro" Darth Vader, a una semana de triunfar en los mismísimos Campos Elíseos en París, y Silvestre, que por fin parece olvidar el "vacío existencial" que le dejó el Maratón de San Sebastián. Ninguno de los dos tiene intención de correr entera la carrera. Aún así se han inscrito, pagado su dorsal y madrugado, (una hora más por el cambio de horario), para acompañarme. Juzgad vosotros qué clase de personas son.

Salida. Hace frío, pero es agradable. La primera vuelta no tiene ninguna historia que contar salvo la bucólica sensación de correr de noche y ver cómo las primeras luces del amanecer van lamiendo los tejados de la ciudad. Nos vamos ajustando al plan de trotar suave y parar en los avituallamientos a comer, beber y estirar. En el comienzo de la segunda vuelta noto unos pinchazos en el adductor izquierdo, los mismos que al inicio de la pasada carrera de Aranjuez, pasan pronto y al igual que entonces lo achaco al frío. Al respecto se ha levantado un fuerte viento que pega la camiseta sudada al cuerpo y nos deja helados. Las nubes apenas dejarán pasar el sol en lo que queda de carrera y no conseguiré entrar en calor en toda ella. Si yo me quejo del frío y el viento no quiero ni pensar cómo lo habrán pasado otros...

Los pinchazos desaparecen aunque no del todo. Vuelven inesperadamente de vez en cuando, sobre todo en las cuestas arriba y después de las paradas en los avituallamientos. Es algo a lo que tengo que prestar atención en el futuro y buscar sus orígenes. Llevo más de un año sin perder días de entrenamiento por lesión y la última fue precisamente un problema de adductores.

Al comienzo de la tercera vuelta Darth nos deja. Los pinchazos vuelven con mucha más fuerza en la larga cuesta del inicio obligándome incluso a parar en algún momento, incluso me planteo si no será mejor volverme y conformarme con los veintipocos kilómetros que llevo. Les doy de plazo un kilómetro más y al acabar la cuesta casi desaparecen de nuevo. De todas formas no me encuentro bien. Las pulsaciones siguen bajas, mi estado de forma es similar al de noviembre del año pasado y muscularmente, salvo los pinchazos, me encuentro incluso mejor, pero la falta de sueño y el frío hacen que las sensaciones no sean buenas. De nuevo, con la cercanía de los treinta kilómetros, estoy tentado a abandonar, cosa que por supuesto, al final no hago. Aquí nos deja Nacho, y Paco y yo nos quedamos solos con veinte kilómetros por delante. Quedamos en tomarnos esas dos vueltas que quedan con algo más de calma, no por él, que está en un excelente estado de forma después de apostar fuertemente por preparar Mapoma siguiendo el método Galloway, sino por mí y mi adductor. Damos en llamar a cada parada o tramo andando un "Galloway", de los que hacemos uno en cada cuesta. Es precisamente al final de una de ellas donde nos encontramos, corriendo de frente hacia nosotros, a un exultante Zerolito Correpoco, que no haciendo honor a su sobrenombre nos comenta contentísimo cómo ha batido su marca de 10K. Su presencia nos anima bastante y corremos hacia los cuarenta kilómetros y el inicio de la última vuelta. Antes de llegar comento a mis compañeros que me doy el plazo del primer kilómetro para intentar acabar la carrera. No quiero que el adductor castigue mi osadía a medio camino y me tenga que volver cinco kilómetros andando con el frío que hace. Hago todo lo posible por modificar y controlar mi zancada, protegiéndo mi maltrecho adductor de cualquier movimiento "extraño", y parece que funciona.

Nada más de empezar esa última vuelta aparece Eva2r, a buen seguro la chica más popular de Madrid, y su inseparable cámara con la que nos hace unas cuantas fotos, de entre las que pirateo la que encabeza esta entrada. El año pasado corrió con nosotros los 50K en plan campeón, (tiene acreditadas cinco horas en maratón y lo suyo tuvo verdadero mérito), y que este, como Zerolito acababa de hacer MMP en 10K unas horas antes. Juntos nos encaminamos cuesta arriba con mucha precaución, y el adductor parece darme tregua. Si es así, pienso, el segundo ultra de este súper paquete, (entendiendo el súper como superlativo del calificativo de paquete), está al caer. Desgraciadamente el momento malo del día, de hecho la única sombra de una maravillosa jornada, está al caer. Poco después de pasar la imaginaria línea del maratón, aproximadamente a los 42,5 kilómetros oficiales, (43,2 kilómetros según mi Polar), y al intentar arrancar después de un "Galloway", mi rodilla derecha dice basta. Con una mezcla de preocupación por el dolor, situado en y por encima de mi rótula, y sorpresa por lo repentino de la molestia que apareció sin avisar, paro de nuevo y hago unos estiramientos de cuádriceps. Vano intento. Quiero volver a correr pero el dolor es fuerte y se presenta la disyuntiva: por delante siete kilómetros en los que presuntamente no pueda correr, pero terminar los 50 o, por detrás, vuelta a la zona de salida, habiando completado algo más que un maratón pero sin arriesgarme a empeorar la situación y sobre todo, llegando antes a una anhelada ducha caliente que me saque el frío del cuerpo. Después de un par de minutos de dudas la cordura se impone y deseándole lo mejor a Paco enfilo cuesta abajo. No tengo dudas de que con tan buena compañía como lleva y la facilidad conque le he visto durante toda la mañana su carrera sea un éxito.

Así que heme ahí, perplejo por una molestia inesperada que me golpea sin aviso y después de que toda la carrera hubiera sido otra la que me había tenido preocupado. Habiendo corrido más de un maratón pero sin terminar la carrera, (esto me pareció realmente gracioso en ese momento), helado de frío, cojeando ostensiblemente y con casi tres kilómetros por delante hasta mi deseada ducha caliente. No más de doscientos metros de vuelta parece que el riego sanguíneo vuelve a mi maltratado cerebro y mi propia visión, como si de un viaje astral se tratara, me viene a la mente: un tipo como yo, con poco aspecto de atleta "de verdad" pero con toda la pinta de haber corrido un maratón, o sea, macilento, desgreñado, todito arrugado y cojo tiene que dar una lástima del copón. Estoy bajando la avenida por la parte por la que suben los corredores, animándoles cuando me cruzo con ellos. Lo siento chicos pero os dejo solos. Me cruzo de acera a la parte de la calzada por la que los coches enfilan hacia mi ducha caliente con el firme propósito de hacer parar, a las malas si es necesario, al primero que pase para que al menos me acerque hacia la salida. Semáforo verde: el resto de los peatones pasan, yo espero paciente, cual depredador al acecho de su presa. Un desvencijado coche gris gira en el cercano cruce, es mi oportunidad, pierna izquierda al frente, derecha a la rastra, exagerando hasta lo histriónico la cojera y una mirada de perro apaleado mientras levanto levemente mi mano en lo que debiera parecer a ojos del conductor un esfuerzo casi insuperable. Una ventanilla que baja y el rostro de un joven gitano que asoma por ella:

- Oye, por favor, ¿podría...?

Y sin dejarme acabar oigo:

- Claro, sube...

Puerta de copiloto abierta y yo p'adentro antes de que el joven cambiara de opinión. Coche, como decía, desvencijado, CDs. llenos de polvo, parabrisas agrietado y dudoso paso de la última ITV, pero un conductor de lo más amable y simpático, cabeceando de incredulidad cuando le dije lo que estábamos haciendo por las calles de su VallleKas y que callejeó y me llevó justo hasta la meta. Muchísimas gracias desconocido y amable conductor.

Y esa es la historia de la carrera. No procede aquí hablar de las cañitas de después, con sus boqueroncitos fritos y sus patatas bravas mientras abusivamente mi pierna estirada y con hielo en su rodilla ocupaba una silla a la vez que el resto de mi cuerpo asentaba sus reales en otra. O de cómo pasé una deliciosa comida y sobremesa con mis amigos del foro de ElAtleta.com, llena de chascarrillos, piques y anécdotas mientras descrubría, entre otras cosas, lo delicioso de las Fresas al Mascardone...

Hoy la rodilla duele menos, reafirmando mi creencia de que las molestias son simplemente fruto del frío y el sueño, pero por precaución descansaré totalmente un par de días y si todo va bien el miércoles haré un rodaje suave para probarla. La primera joya de mi todavía no se si triple o cuádruple corona queda un poco deslucida, sin el brillo y la pátina que hubiera deseado, pero sin dejar de apreciar que en el peor de los casos al menos he corrido un maratón "y pico", y ese, afortunadamente, es el mayor de mis problemas ahora: ¿cómo leches me cuento lo de ayer?, técnicamente corrí unos cientos de metros más que en un maratón, pero tan pocos que me resisto a denominarlo ultra, así que, ¿como lo contabilizo?, ¿como maratón?, ¿como ultra?, ¿como lo que realmente fue, un rodaje largo con los amiguetes...?. Se admiten todo tipo de sugerencias.