viernes, 4 de abril de 2008

Mi primera vez

Mi amigo Lander me pone en un aprieto. Hace unos días inició un hilo en el foro del ElAtleta.com con el título: ¿Cómo fue vuestro primer maratón?. Como muchos de vosotros ya sabéis me he comprometido con él a hacerle de liebre en el próximo Mapoma. Realmente no me necesita para nada, puesto que ahora mismo está un punto por encima de mí, pero qué le vamos a hacer, el chico cree que necesita ayuda, así que me tengo que poner serio y hablar como si supiera de esto.

El caso es que después de varias páginas supongo que esperaba que yo contestara en el post por la amistad que nos une y por mi compromiso con él para el próximo día 27. Hasta hoy no lo había hecho, y cuando he intervenido ha sido al hilo de la respuesta de otro usuario para aportar alguno de esos pequeños "trucos" para sortear al tío del mazo que tiene que tener un corredor como yo al que los primeros casi podrían doblar en un circuito a dos vueltas.

Error. La siguiente respuesta, casi como si estuviera esperando al acecho, ha sido la del propio Lander pidiéndome que me dejara de bobadas y expusiera de una puñetera vez cómo fue mi primer maratón. Y esto para mí no es cuestión baladí, ya que debido a mi proverbial pésima memoria con la que suelo atormentar a los que me rodean, los recuerdos de ese primer maratón están sumidos en una especie de nebulosa, mezclados con los del segundo, el tercero... De hecho, lo creáis o no, he tenido que buscar el recuerdo que nos dieron para comprobar cual fue: Mapoma del año 2000.

Por aquel entonces yo salía a correr tres o cuatro días por semana. Siete, diez kilómetros, dependiendo del tiempo libre, de las ganas de ese día... El correr te hace conocer gente y con algunos de ellos trabas una incipiente amistad. Un buen día, bajando por uno de mis circuitos preferidos, veo unos cien metros por delante a Pepe, uno de esos amigos sobrevenidos a través de este mundo del correr y que con el tiempo se ha convertido en una persona entrañable para mí. Aprieto a ver si lo cojo, pero él hace lo mismo, está terminando su entreno y lo quiere hacer fuerte. Al final logro alcanzarlo..., cuando él paró. Brevemente charlamos mientras nuestros corazones vuelven a la calma. Yo tengo en ese momento treinta y siete años y le digo medio en serio, tres cuartos en broma, que antes de los cuarenta quiero correr un maratón. "Nosotros vamos a hacerlo este año..."

Siempre he sido un facilón. ¿Valiente?, ¿inconsciente?. No he corrido más que un par de medias en mi vida, pero allí, en enero de 2000, en un día cálido para la fechas en las que estábamos, nada más de que Pepe acabara de trasladarme sus planes, supe que el próximo Mapoma me tendría entre sus inscritos.

Quizá hice una media de cuarenta kilómetros semanales, no más. Sin planes, sin método, sin conceptos claros, sin saber qué era realmente un maratón... Ninguno del grupo había corrido nunca ninguno. Todos éramos corredores muy modestos, y todos acabamos muy por encima de las cuatro horas. Recuerdo que ese día todo fue una aventura: aparcamos los coches en el parking de la Plaza de España. Ya vestidos cogimos el metro hacia la salida, y de repente, allí estábamos, respirando ambiente atlético del bueno. Viendo mezclados corredores de toda condición, observando con la ingenuidad y curiosidad de la primera vez cómo se comportaban "los que sabían". Nosotros deambulábamos de aquí para allá sin tener muy claro qué es lo que debíamos hacer. El tiempo transcurrió lento hasta la hora de la salida, pero cuando esta llegó, estalló la fiesta. No se cómo se vive ese momento en la cabeza de la carrera, pero al final es una descarga de adrenalina brutal: por fin llega el momento de empezar a hacer aquello a lo que has venido, de jugar tus cartas esperando que esta vez sí, esta vez consigas esquivar las trampas que el maratón, (o la maratón, que nunca lo he tenido claro), te va a tender.

La riada de gente Castellana arriba es impresionante. Los nervios, relajados por la salida se tornan en risas, chistes y bromas. Durante los primeros kilómetros corres casi codo con codo con otros corredores. Eso dura poco. Al cabo de un tiempo los chascarrillos van cesando, las miradas se vidrian y cada uno va buscando su sitio. Nosotros habíamos decidido correr juntos la mayor parte del recorrido. Una vez que el maratón llegara a su mitad, allá por el kilómetro treinta o treinta y cinco, cada uno buscaría su ritmo. Hasta ese momento el maratón fue una sucesión de sensaciones: recuerdo especialmente el sonido de las zapatillas contra el asfalto, el olor a geles, linimentos y sudor. El paso por la Calle Fuencarral, donde siempre sonaba la canción de Carros de Fuego que conseguía ponerte un nudo en la garganta, el paso por la Puerta del Sol, con un muro de gente aplaudiendo. Las primeras molestias en los cuádriceps al entrar en la Casa de Campo. La soledad, el miedo, las dudas, la falta de confianza en las propias fuerzas al enfrentarte a distancias que nunca habías superado. El dolor en que se convierte las primeras molestias con el paso de los kilómetros. El atisbo de pánico cuando compruebas que esos kilómetros no miden igual que al principio. Los abandonos, la gente andando. Los aplausos que te impiden aflojar el ritmo. El agua que no calma la sed, las glucosas que te producen aún más. El dolor que se convierte en un dolor aún mayor. Las ganas de abandonar. Las preguntas sobre porqué no lo haces. El kilómetro cuarenta en el que pensabas que ya no dudarías, pero en el que sabes que aún es posible el fracaso. La tortura del tiempo detenido, del correr hasta aquel árbol, hasta la siguiente esquina..., donde la calle gira y sube, arriba, cada vez más... y el kilómetro cuarenta y uno, y ya sí. Ya llegas, seguro, y la gente, los aplausos, los ánimos, ¡Dios cómo os quiero!, y el ánimo renacido porque es posible, porque sabes que lo vas a lograr, y porque ves que aunque el reloj sigue corriendo lento, y que la siguiente farola parece no acercarse, de tu interior más profundo empieza a surgir un resto de energía para cruzar la meta, y el kilómetro cuarenta y dos, y los adoquines del Paseo del Prado, una última prueba antes del arco que nunca llega, que parece retroceder. Y la emoción, las lágrimas a duras penas contenidas porque has visto cosas en tí que no sabías que existían. Porque te has enfrentado a tus miedos y los has vencido. Porque te conoces mucho mejor que hace unas horas. Porque has crecido como persona. Porque eres más fuerte y sabes que a partir de ahora los problemas los encararás de otra forma. Ahora sabes, ahora conoces. Has mirado al miedo a la cara y lo has vencido.

Cruzas la meta. Tu cuerpo desconecta. Tus piernas trastabillan. Te abrazas con tus compañeros. El dolor vuelve. Has vencido, sí, pero tienes que pagar, y el precio es ese dolor. Pero ya no importa. Como un zombi avanzas por la cola de las bolsas del corredor. La recoges, bebes, comes, estiras. Te vuelves a abrazar a tus compañeros. Ves a los que llegaron antes, preguntas por aquellos a los que no encuetras. Esperas al resto. Un momento de sensatez te hace prometer que no volverás a someter a tu cuerpo y tu mente a esa tortura. Nunca más..., hasta el año siguiente.

Lo siento Lander. No tengo muchos recuerdos "del primer" maratón. Pero tengo infinitas sensaciones de todos los que he corrido. Espero que te sirvan.

15 comentarios:

Sylvie dijo...

Y a eso le llamas tú haber olvidado tu primer maratón????...simplemente magnífico, Carlitos!!

Al final...con eso es con lo que nos quedamos siempre...con las sensaciones.

Ojala Lander también las tenga así de buenas y su recuerdo le haga sonreir siempre.
(yo intentaré aguantaros el ritmo...a ver si no reviento).

Besitos para los 2.

Lander dijo...

como diria jezulin
en dos palabras

IN PREZIONANTE

Que bonito Carlos, me he emocionado e ilusionado más aún, que ganas tengo, que llegue yaaaaaaaa jajajaj
Un abrazo tio, te quiero.

pd, si no te importa lo puedo copiar y pegar en el hilo del foro?, para tenerlo guardado con todas las repuestas...

gasias.

ELMOREA dijo...

Carlos, esta vez te has superado. Muy, pero que muy bien expresado, mi primera vez tambien fue así. Tal cual

Carlos dijo...

SYLVIE, a ver si te tengo que dar dos collejas como a LANDER. AMBOS estáis mejor que yo ahora mismo. Seguro. Pero bueno, seguiré con mi rol de "liebre", jajaja...

LANDER, coge lo que quieras y haz lo que quieras con ello, eso sí, si lo vendes quiero mi parte... :-P

ELMOREA, por eso repetimos, y por eso me da tanta pena aquellos que se obsesionan con sus tablas de ritmos, obsesión con su marca... Respeto esa postura, pero no la entiendo. No se disfruta de la carrera.

Gracias a los tres. ;-)

Anónimo dijo...

Muy bueno Carlos. Has puesto palabras a muchas sensaciones que aunque son inexplicables las haces entendibles.

Ah¡ Soy Dani_blay¡¡

Carlos dijo...

Te me cruzaste Dani. Muchas gracias y suerte este finde. ;-)

Anónimo dijo...

Creo que sabes que mi primer y hasta ahora único maratón fue "culpa" tuya y de Chuchi. Lo que me contastes de tu a tu ha sido superado por lo que ahora escribes. Ya me había apuntado en mi segundo maratón cuando leí esto, pero si no lo hubiera hecho seguro que lo que he leído me habría animado a hacerlo, como seguro ha animado a otros "corredores paquetes". Un día de estos te llamaré para ver que tienes pensado hacer en Madrid y quizá para que me recojas el dorsal, pero aprovecho esta oportunidad para darte las gracias por haber hecho que corriera mi primera maratón y por acompañarme junto con Chuchi en él. Nos vemos el día 27. Gracias Carlos.

Carlos dijo...

¡Hombre Juanjo!, al final te has animado, jejejeje... Otro que decía que no, si es que...

Hablamos. ;-)

David Rodriguez Roures dijo...

Muy bien contados esos pocos recuerdos y aunque parezca que no has animado mucho a Lander,recuerda que las liebres tampoco son hasta el final de la prueva,seguro que hasta donde puedas ayudarle bien hecho estara,ya veras como al final daras la sorpresa jeje,un saludo.

Wild Runner dijo...

Carlos, ha sido un relato precioso. Espero vivir mi primer maratón de una forma tan emotiva como ese, disfrutando del momento y de los compañeros, sufriendo también pero sintiendo cómo me supero a mí mismo.

Muchas gracias por compartirlo con nosotros. Un abrazo.

SlowPepe dijo...

Hermosísimo todo lo que cuentas, Carlos. Además me recuerda tanto a mi debut en Barcelona. Especialmente lo de "venga, sólo hasta ese árbol, hasta esa esquina...". Dice mi amigo Luis que no dosificamos el esfuerzo. Lo que dosificamos es el sufrimiento, para que nos dure más. En el 35 nos preguntamos el porqué de tanto padecimiento, en el 42 tenemos la piel de gallina e incluso lloramos y en el 43 ya estamos planificando el siguiente.

Lo dicho, me ha encantado. Gracias. Te veo en Madrid. Un abrazo.

Jose Ignacio Hita Barraza dijo...

Qué bonito, la verdad es que el primer maratón se recuerda siempre, salga bien o mal. Lander va a tener una liebre cojonuda :)

Carlos dijo...

DAVID, no me pierdo la entrada de Lander en su primera maratón por nada del mundo, así tenga que reventar.

WILD, lo disfrutarás. Por lo poco que te conozco, por lo que escribiste de tu primer sub-1h30' en media, y por cómo te tomas esto, estoy seguro de que será así. Fijo. Es simplemente no obsesionarse con "la marca".

HITA, realmente debería ser él el que me hiciera de liebre a mí, pero nada chico, que no hay manera...

Muchas gracias a los tres. ;-)

mayayo dijo...

bravo carlos!
Una delicia verte tirar para atrás hasta el 2000 para contarnos tu estreno. Y es que esa primera vez es de veras especial.

Como Elmo, yo tambien me he visto a mí mismo en tus líneas. Esos adoquines del Paseo del Prado...que momentos!

Un brindis pues a la salud de Lander, de Wild y de esos debutantes del Mapoma08.
A ratos, los envidio.

Pero solo a ratos eh? Luego me acuerdo del 35k y de los "7 magníficos" detrás y doy gracias a Dios por saber bien lo q me espera. Y aun asi...

Anónimo dijo...

INSUPERABLE Carlos, magnífica la forma en que lo expresas, amigo.

Me has trasladado literalmente a Abril 2006, a mi único Maratón hasta la fecha, y ahora mismo estoy con el nudo en la garganta y la lágrima a puntito...jajajajja...!!!!

Enhorabuena.

(Malagueta)