¿Camino de Santiago en Avila?. Sí, luego volveremos a ello, pero antes tengo que hacer confesión: me acuso de haber cometido cuantos fallos se puedan cometer para conseguir hacer de lo que podría haber sido un buen día de atletismo un remedo de los últimos Kms. de un maratón. Mi pecado es la soberbia de haber acabado nueve maratones y haber despreciado una carrera que apenas llegaba a la mitad de esa distancia. Y como a todos los soberbios, me ha asistido una buena dosis de estupidez que me ha hecho cometer errores de principiante, (uno es y será un paquete, pero ya tiene su experiencia y hay cosas que no se le pueden perdonar). Después del "mea culpa" y antes de la penitencia autoimpuesta, que consistirá en la exposición de mis vergüenzas al lector, aclaro lo del Camino de Santiago en Avila.
En estos tres enlaces os pego el escaneo de un folleto explicativo:
uno,
dos,
tres. En síntesis podríamos decir que esta desconocida rama del famoso camino de peregrinación, el llamado "Camino del Sureste", está documentada al menos desde 1546, tiene su origen en Alicante y se une al más conocido "Camino Francés" en
Astorga. En Avila entra por el Valle del Tiétar, a la altura del pueblo de
El Tiemblo y discurre hacia el Noroeste hasta
Palacios de Goda, cerca de la provincia de Valladolid. Uno de los pueblos intermedios es
Gotarrendura, cuna de
Santa Teresa de Avila, Doctora de la Iglesia.
Este pueblo, de menos de doscientos habitantes, tiene un alcalde y un grupo de gobierno trabajador y con ideas que se llevan a la práctica. Entre sus iniciativas destacan su Museo Etnográfico Eugenio López Berrón, la rehabilitación de sus edificios señeros como El Palomar, la creación de una escuela de dulzaina... Es un pueblo en el que se trabaja con cariño por algo que mucha gente olvida: las propias raíces, el apego a la tierra que te vió nacer, tus propios orígenes, perdidos en la vorágine de asfalto, humo y sirenas de las grandes ciudades. En
Gotarrendura hay tiempo para hablar con el vecino, para dar un paseo, hay sitio y tranquilidad para que los chiquillos jueguen en la calle, y sobre todo, hay un puñado de gente que trabaja con ilusión para que eso siga siendo así. Parte de ellos son además andarines, y un buen día crearon la
Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Avila con el fin de compartir su afición, promocionar su pueblo y el denominado "Camino del Sureste".
Es esta
Asociación, junto con el
Club Puente Romanillos de Avila, la que ha organizado la I Media Maratón "Amigos del Camino de Santiago en Avila". Aunque aclaro, porque el matiz se revelará más tarde como importante, que la Asociación HA PAGADO la organización de la carrera al Club.
Dicho esto, empezamos con lo atlético.
Sabía que el día iba a ser duro, que iba a hacer mucho calor, que los caminos por los que discurre la carrera son secos y polvorientos, en muy mal estado, con partes de piedra, arenales, y en algunos tramos directamente inexistentes, con constantes subidas y bajadas, alguna bastante dura. Uno tiene que ir preparado para todas estas circunstancias y cualquier otra que pueda surgir. Una media maratón, aunque se salga a rodar, como era mi intención, no deja de ser una dura prueba para el organismo, y más cuando el recorrido realmente era un cross largo, muy largo y con malas condiciones climáticas. La soberbia y la estupidez de las que hablaba antes hicieron que cometiera mi primer gran error ya el viernes-sábado. Se de sobra que no corro bien después de dos días de descanso completo. Mi cuerpo se "adormila" y al mínimo esfuerzo se rebela. Aún así me los tomé, "total, si el domingo sólo voy a rodar...".
El segundo error grave ha sido demorarme más de la cuenta en la cama. No me he levantado hasta las ocho, con lo que he empezado ha desayunar a las ocho y cuarto cuando la carrera comenzaba a las diez. Tercer error: la glotonería. En la bolsa de cereales había más de una ración, pero menos de dos, y entre dejar media ración y comer ración y media he preferido la segunda opción... La cuchara se quedaba de pie en el tazón, con eso os digo todo. Cuarto error, aún confiando en los avituallamientos en carrera siempre me llevo líquido para antes de la salida. Como hoy sólo "iba a rodar", se me ha olvidado, y el bar del pueblo estaba cerrado... Quinto error, en el colmo de desprecio hacia lo que me esperaba ni siquiera me he untado algo de vaselina en axilas y pezones. Me he acordado en la ducha, ¡qué dolor!...
Total, que a eso de las nueve y cuarto ya estaba en la salida, en el pueblo de Narrillos de San Leonardo, junto con otros treinta y tantos corredores, dispuesto a pasar ese calor seco que nos gastamos por aquí, con una masa en mi estómago que más que digerirse parecía fraguar como hormigón armado, pero a la espera de pasar un buen día. Nada más llegar he visto a un ilustre atleta, un ilustre dentro de este mundillo, Jesús Moreno Novoa, campeón de España de media maratón en categoría de más de sesenta años hace un par de ellos, atleta y caballero, buen amigo de mi padre y excelente persona dentro y fuera de las carreras. A su lado había otro veterano al que no conocía pero que lucía con naturalidad una camiseta de una carrera de montaña. Me han llamado la atención sus zapatillas, gastadas y pasadas de temporada... He pensado, "o este hombre lleva una camiseta prestada por alguien que corre o está de vuelta de todo y pasa de modas y de tanta tontería como a veces nos traemos los atletas". Jesús lo ha saludado afablemente y nos hemos puesto a charlar. Enseguida me he dado cuenta, con respeto, de que mi segundo pensamiento era el correcto, ya que entre los dos me han apabullado con anécdotas de carreras, con conocimiento y sabiduría de esto del correr. Jesús lo llama Luis, y alguien del pueblo le pregunta: "¿y tu hijo, está ya liado con esa carrera por El Zapatero?. Bruscamente lo miro de nuevo e intuyo su apellido:
Spanjaard, he tenido el placer de conocer a tu padre y charlar unos breves minutos con él, porque en carrera no he sido capaz de seguirlo...
A las diez comienza la carrera. Narrillos de San Leonardo está situado allí donde se derraman las últimas estribaciones de la Sierra de Gredos, con el Zapatero al fondo, dando paso unos kilómetros más allá a la comarca de
La Moraña, llana, seca, dura. Forjadora del carácter de sus gentes. Los últimos estertores de la sierra nos dejan un recorrido sinuoso y quebrado, en el que se mezclan piedras, prados y cortos, pero duros, repechos. Los primeros kilómetros hago "la goma" con Luis Arribas Sr. y otro corredor: se me van cuesta arriba y les cojo hacia abajo, (ventajas del sobrepeso). Pero dura poco. El cemento en que se ha convertido mi tardío desayuno me provoca molestias que durarán toda la carrera. El calor es axfisiante y me dejo caer.
En esta zona el recorrido se bifurca numerosas veces. Suerte de no perder la estela de los que nos preceden, pero en algunos lugares faltan las cintas indicativas de la carrera, y muchas de las flechas del camino están ocultas por la vegetación.
Al poco atravesamos Cardeñosa, donde nos pegamos literalmente a los edificios en busca de un poco de sombra. Algo más allá está la parte más bonita del recorrido, una vereda arbolada que da paso a un soto por el que discurre un arroyo ahora seco. Un poco de verde entre las jaras y retamas de la primera parte y las llanuras de cereal que nos esperan.
Los kilómetros van cayendo penosamente. No encuentro un ritmo, las pulsaciones van por las nubes y las piernas no responden. Muscularmente todo ello me pasa factura y la sensación es la del km. treinta de un maratón. Empiezo a pagar mi desprecio a la carrera y lo asumo con resignación. No obstante tengo la suerte de hacer grupo con un joven que me confiesa que esta es su primera carrera y al que una zapatilla le ha provocado rozaduras. Al tran-tran llegamos a Peñalba de Avila, pueblo de mi madre y límite real sierra-llanura. A partir de aquí tenemos la falsa sensación de que el camino es cuesta abajo, pero aunque es cierto que se va perdiendo altura, en realidad todo es una sucesión de falsos llanos en los que apenas se recupera. Al menos aquí los caminos son tales y no simples veredas o rodadas de tractor. Comenzamos a adelantar a los andarines que hacen el mismo recorrido, pero que han salido dos horas antes.
Mi compañero de fatigas tiene un podómetro que le indica que llebamos unos quince kilómetros. Intento tragar saliva por mi reseca garganta. Aunque hemos tenido avituallamiento en Cardeñosa y Peñalba de Avila el calor hace estragos con mi pobre y maltratado cuerpo. El viento, que por suerte sopla de cara hace que mi rostro esté cubierto de una costra de sal seca que se queda pegada a mis dedos. Quedan seis kilómetros que se van a hacer muy largos... Mi acompañante y yo, en vista de nuestros respectivos estados, decidimos andar en las cuestas arriba y arrastrarnos penosamente hacia abajo.
Pero hay algo que no me cuadra. En mi "mapa mental" el pueblo que tenemos enfrente debería ser Gotarrendura, pero aún quedan varos kilómetros. Empiezo a especular conque esté equivocado y en realidad sea alguno de los pueblos cercanos: Monsalupe, Las Berlanas..., pero entonces, ¿no eran estos el resto de pueblos que vimos desde el otero de Peñalba en el que se supone que es su sitio...? Me estoy haciendo un lío... Al cruzar la carretera vemos el cartel que indica la entrada al pueblo, y sí, pone: Gotarrendura, y no, no se completa el recorrido con una vuelta por los alrededores como nos temimos en cuanto lo vimos. La carrera, mal anunciada como media maratón debe tener entre diecisiete y dieciocho kilómetros, cosa que en esos momentos agradezco enormemente. Mi acompañante y yo entramos los últimos pero más contentos que unas castañuelas por el inesperado regalo.
En meta esperamos al resto de andarines y acudimos a la entrega de trofeos. Allí, charlando con otros corredores nos enteramos que algunos de los que abrían la carrera se han perdido y han tenido que volver sobre sus pasos en varias ocasiones. Algunas caras lo dicen todo y había gente muy enfadada. Por eso era importante el matiz del principio de la entrada: el marcaje y control del recorrido estaba encargado al
Club Puente Romanillos, que había cobrado por ello. Hay otro incidente muy desagradable: por la megafonía se anuncia que en media hora sale el autobús que nos debería llevar de vuelta a Narrillos de San Leonardo, donde la mayoría de nosotros hemos dejado nuestros vehículos. A los veinticinco minutos un servidor estaba en la explanada donde teóricamente debería estar el autobús y allí no había nada. Dudando ya sobre si mi soberana estupidez podría haber alcanzado tales cotas como para hacerme entender mal la hora, y de vuelta sobre mis pasos en busca de un alma caritativa que me devolviera a casa me encuentro conque le ha ocurrido lo mismo a varios andarines y corredores que también pretendían volver en el autobús. Mal de muchos, consuelo de tontos...
Ignoro a quien se debe este error, si a la Asociación, al Club, al conductor del autobús..., pero no se puede dejar "colgadas" a tantas personas. En favor de la Asociación, que ha faltado tiempo para que entre algunos de sus miembros nos "repatriaran" en coches particulares.
En resumen, una experiencia que califico de positiva en lo personal por lo que de cura de humildad tiene, de mala en lo atlético debido exclusivamente a mi mala cabeza y de regular tirando a mala en cuanto a organización, aunque estoy absolutamente seguro de que los defectos de este año no se repetirán al que viene y allí estaré para ser testigo.