viernes, 22 de junio de 2007

Mis otros deportes

Hace tiempo que no cuento nada "autobiográfico", así que aquí tenéis una entrada "ladrillo" que seguramente hubiérais agracedido no comenzar a leer. Vosotros mismos.

Supongo que la mayoría de vosotros habéis practicado, o practicáis, más de un deporte aparte del atletismo.

En mi caso concreto, y al margen de que aún use alguno de ellos como complemento a la carrera, también he practicado durante años kárate, bicicleta de montaña y gimnasio puro y duro, (aparatos).

Cada uno de ellos me ha dado y me ha hecho sentir cosas distintas, que no coincidirán con las que tú hayas podido experimentar, supongo que porque porque cada uno tenemos nuestro carácter y hay deportes con los que nos identificamos más que con otros.

Por ejemplo, yo nunca he practicado con asiduidad deportes de equipo. Había dos razones que lo justicaran. La primera es que siempre he sido muy malo en ellos. Durante un tiempo tuve un equipo de futbito con los amiguetes, y el míster sólo me ponía cuando el partido estaba decidido, esto es, cuando el diferencial de goles entre los contrarios y nosotros era de al menos cuatro.

Muchos años después volví al futbito en un equipo del trabajo. Aún así no tocaba bola. Como tenía la ventaja de una forma física superior a la media lo único que hacía era correr como pollo sin cabeza detrás del balón, y a fuerza de perseverar y de disciplina táctica, me convertí en un defensa discreto. A esto ayudaba, (dedicado especialmente a tí que me lees ahora y eres uno de mis compañeros de trabajo), el que erais una panda de chupones ególatras que sólo pensábais en vosotros mismos, no me centrábais una pelota y nunca recuperábais la posición, con lo cual yo me pasaba el partido arriba y abajo corriendo por todos. ¡Mamonazos...! (¡Qué a gusto me he quedado...!)

Si esta torpeza mía se debe a incapacidad genética lo ignoro, pero admito en descargo de los que nunca me eligieron en sus equipos, (que fueron muchos), que nunca he sabido qué hacer con un balón en los pies o en las manos. Por mi propia autoestima prefiero pensar que tampoco puse demasiado interés en mejorar.

La segunda razón es que siempre he sido un tanto independiente. Mi madre, con razón, a veces me decía que yo había nacido para ermitaño, y debo confesar que le encuentro su aquel a alejarte del mundanal ruido y centrarte tan sólo en tus cosas procurando encontrarle sentido a la vida, y que tampoco he sentido nunca la necesidad de demostrarle a nadie que era mejor que él.

El caso es que casi siempre he practicado deportes individuales.

Comencé corriendo varios días por semana con eso de trece o catorce años, pero no puedo decir que "entrenara".

Sí lo hice, y durante años bastante en serio, cuando me apunté en un gimnasio de kárate. La idea que se suele tener de las artes marciales está muy sesgada e influida por tanta mala película de serie B "Made in Hong Kong", y por las vistosas competiciones de kumité, (combate), que no son más que una parte del entrenamiento, pero que muchas veces es la única visión que se tiene de las artes marciales en general. Yo compartía esa visión, pero al comenzar a practicarlo me di cuenta de que era un deporte maravilloso y mucho más complejo de lo que suponía y que además se adaptaba como un guante a mi forma de ser.

El kárate es un deporte básicamente individual en el que se busca un perfeccionamiento personal a través a su vez de la perfección en la ejecución de las técnicas establecidas y reglamentadas. En el kárate entrenas solo, contra tí mismo, repitiendo innumerables veces una técnica, buscando coordinar en un solo movimiento todos y cada uno de tus músculos para una ejecución correcta.

Además es uno de los deportes más completos que conozco, ya que se trabajan fuerza, velocidad, elasticidad, rapidez de reacción, coordinación, equilibrio..., y es muy estético.

Pero el nacimiento de mi hija y el horario de trabajo de mi esposa, junto con una operación de oído que me desaconsejó practicar deportes en los que pudiera haber un contacto, hicieron que tuviera que abandonarlo.

Aún hoy, bastantes años después de dejarlo, me sigo sintiendo karateca antes que corredor o ciclista.

Debido a la facilidad para entrenar en distintos horarios, me apunté a un gimnasio a hacer un poco de gimnasia de aparatos. Poco tengo que contar al respecto. Es de largo el deporte más aburrido que he practicado, así que duré poco en él. Ahora voy uno o dos días por semana como complemento a la carrera.

Lo cambié por la bicicleta de montaña, lo cual tiene mérito, ya que hasta ese momento, (veintinueve años), yo NO SABIA montar en bici. Tal cual.

Así que un buen día me compré una, me fuí andando con ella hasta una explanada asfaltada cerca de mi casa y a dar pedales...

La bicicleta de montaña ha sido el deporte más divertido de cuantos he practicado. No me ha dado tanto como el kárate, ni me ha procurado las sensaciones del atletismo, pero he vivido momentos inolvidables junto con mis compañeros en salidas por las montañas y cerros cercanos a Avila, ya que pronto los caminos convencionales se me hicieron aburridos.

Pero vino mi segundo hijo, y el escaso tiempo disponible disminuyó aún más.

Durante unos años salía a correr días sueltos. Correr me llevaba poco tiempo, no estaba sujeto a horarios y lo pasaba bien, pero no llevaba una planificación ni era constante, lo que provocaba que me lesionara de vez en cuando y no progresara absolutamente nada.

Como corredor he tenido dos puntos de inflexión importantes. El primero fue a finales del año 1999 principios de 2000, cuando unos amigos se plantearon correr un maratón. De entrada la idea me parecía casi surrealista, pero contagiado de su entusiasmo durante esos cuatro meses aumenté los días de entrenamiento y el kilometraje, y el 30 de abril de 2000 corrí mi primer MAPOMA. No voy a hacer una crónica de la carrera, pero si me gustaría que entendieras que yo no entrenaba, no tenía idea de planes de entrenamiento, ritmos, zonas de entrenamiento. No pertenecía a un club ni había hecho una serie en mi vida. Para mí ese maratón era hasta entonces la mayor aventura a la que me había enfrentado, así que te puedes imaginar la indescriptible emoción que me supuso entrar en meta.

Entonces decidí que hasta que mi cuerpo aguantase correría al menos un maratón al año. El problema es que seguí siendo inconstante en los entrenos. Corrí seis maratones más, pero todos por encima de las cuatro horas y cuarto.

El segundo punto de inflexión tuvo lugar a finales de 2005, cuando me comprometí a entrenar de forma sistemática, a seguir un plan concreto, a quitarme los kg. que me sobraban, es decir, cambiar de ser corredor a ser atleta.

Lo demás ya lo sabéis. En anteriores entradas, he escrito las vicisitudes del año 2006, que han sido muchas, culminadas felizmente, y después de muchos sinsabores, en el Maratón de San Sebastián de 2006 o el más reciente MAPOMA 2007.

8 comentarios:

Santi Palillo dijo...

Carlos por lo que más quieras no tengas más hijos ;-)

Yo también he sido suplente del suplente, era bajito y cabezón y si acaso me ponían de portero, ahora soy más alto pero sigo siendo cabezón y suplente.

La bici me está gustando mucho, como sabes me ha entrado una fiebre que también incluirá mojarse.

Enhorabuena por llevar una vida deportiva, futbol, kárate, ciclismo, atletismo... el caso es estar en forma y seguir disfrutando del aire libre.

anita dijo...

BUeno, si que tenías que contar del deporte...

A mi el gimnasio tampoco me gusta, me lo tomo como una píldora, como un remedio para complementar el correr, un mal necesario...

Para la bici, me gustaría tener más tiempo. Pero para eso, voy a tener que esperar que mis hijos sean mas grandes, que ahora salvo que invente un día de 30 horas, no me da.

Alfonso dijo...

Vaya! Vidas paralelas. Me has hecho recordar especialmente cuando en clase me quitaron del equipo de fútbol en el momento que un nuevo chaval ingresó a mitad del curso y sobraba uno..jejeje

Saludos

Carlos dijo...

Santi y Alfonso, ¿a ver si el atletismo es un refugio de futbolistas frustrados...? jajaja...

Es broma. Yo incluso cuando jugaba tampoco le encontraba demasiado placer a darle patadas a un balón.

Ana: tiempo, tiempo... Tan poco y tantas cosas por hacer...

Un abrazo. ;-) :-)

mayayo dijo...

Vaya vaya Carlos...Sorpresas tiene la vida, oh gran karateka! :-)

No ha sido nada ladrillo, sino muy interesante. Yo tambien me ví un poco reflejado en lo que contabas...en mi caso, la evolución fue judo, balonmano, escalada, BTT, carreras.

Aprovecho para proponer a algún doctorando en medicina que escriba una tesis sobre la psicología de los corredores de fondo: origen, motivaciones y perversiones varias. (maratón, ultrafondo, trail, etc..) Puede dar más sorpresas que un capítulo de "House"

Jose Ignacio Hita Barraza dijo...

Qué guay que hayas llevado una vida tan deportiva hasta ahora, yo también era excluído del equipo de fútbol, pero con razón, estaba bastante bastante gordo y luego me tiré muchos años sin hacer deporte, de hecho he empezado hace poco, pero oye, más vale tarde que nunca, nunca es tarde para empezar, ¿no? ;)

Carlos dijo...

Pues sí Mayayo. Las motivaciones para empezar o simplemente seguir haciendo deporte en gente entrada en años darían para un sesudo, (y divertido), ensayo.

Hita, no te creas. Aunque toda mi vida he hecho algo de deporte, el único que me he tomado en serio fué el kárate, por lo que desde que lo dejé siempre me ha acompañado un flotador de considerables dimensiones...

Gracias por vuestros comentarios. ;-) :-)

Sandra dijo...

Creo que ya se ha quien he salido en eso de los deportes a mi tampoco me gustan los deportes colectivos, y referido al karate me resultaba aburrido pero me sirvio de mucho.
Y ahora estoy aqui empezando a correr casi he seguido tus pasos.
JeJeJe
saluditos.