lunes, 21 de septiembre de 2009

Una mañana aprovechada.

castañar_safari (13-08-07) 027 -¡Vamos chicos!, que se nos hace tarde...

Son poco más de las diez de la mañana. Acabo de dejar estacionado mi coche en el aparcamiento de la zona recreativa Los Regajos, al pie de El Castañar de El Tiemblo. Llevo unas semanas saliendo a la montaña con mis hijos, y hoy han decidido que querían ir allí. Tenemos ya las mochilas al hombro, y los bastones en la mano. La ruta que vamos a hacer no es dura ni difícil, pero esos complementos le dan a la salida un "toque" especial de aventura, especialmente para mi hijo, un tanto peliculero. Los dos han descabezado un pequeño sueño durante el camino, y andan perezosos.

A unos cien metros del aparcamiento, a mi izquierda, veo un cartel que siempre me había pasado desapercibido y me acerco a leerlo. Describe una senda, la Senda de San Gregorio, que no conocía, pero que, a lo que veo, enlaza por el interior del frondoso pinar previo a la mezcla de robledal y castañar que recorre la Senda de El Castañar que tenemos intención de transitar.

-¡Eh, chicos, mirad esto!.

El cartel describe las características de la senda: casi cuatro kilómetros y medio, (sólo ida), con poco más de doscientos metros de desnivel. Dificultad media-baja. Por lo que veo llega justo a las ruinas de lo que supongo son los edificios de la antigua resinera, y en el punto en que nos encontramos se puede enlazar con la salida de la Senda de El Castañar, que conocemos de otras veces. Mi hija propone que la recorramos en vez de esta última, y aunque no me gusta hacer primero el tramo de bajada y dejar la subida para el final, me fío de esa "dificultad media-baja" y la encaramos.

Llevo pocas semanas con estas excursiones con los niños. Surgieron con una "expedición arqueológica", (a Carlos le encanta plantearse así las cosas, ya he dicho que es un poco peliculero), al Castro de Ulaca, en la que para mi sorpresa disfrutó muchísimo no sólo del aspecto arqueológico, motivo principal por el que subimos al agreste cerro donde está enclavado el castro, sino de la marcha en sí, por lo que decidimos "institucionalizarlas" en las mañanas de los sábados. Mi hija también se ha apuntado con nosotros y para mí el mero hecho de que una adolescente como ella, en plena transformación física y psicológica aún quiera compartir algún momento con su padre es un motivo de enorme satisfacción.

Los castaños se mezclan con el pino resinero. La senda, perfectamente marcada pasa por un refugio, una fuente, una abandonada majada pastoril... Como prometía el cartel, no tiene apenas dificultad y es mucho más hermosa de lo que suponía. Nuestra charla es animada. Yendo con mi hijo, esta gira indefectiblemente sobre naturaleza: bichos y más bichos. Con sólo diez años Carlos es una enciclopedia andante, (y os aseguro que altamente fiable), acerca de insectos, anfibios, reptiles, rapaces... Bromeo con él acerca del día en que se vaya a la selva tropical a descubrir nuevas especies. Le pido que me deje acompañarle como "jefe porteador de mochilas". La ilusión brilla en sus divertidos ojos, la ilusión del niño al que la vida aún no ha puesto cortapisas a sus sueños.

El día es perfecto, algo fresco quizá, pero eso lo agradeceremos en la subida. Apenas hay viento, y el que corre es un mero susurro en las copas de los árboles, algunos de ellos inmensos. Hay robles centenarios,  con un porte majestuoso. Donde la humedad lo permite, el suelo está cubierto de helechos. El fresco olor a pino lo inunda todo y mis pulmones parecen estallar por el ansia con la que respiro. Por la noche ha llovido y aún a finales del verano, el verde es el color predominante. Vemos un tocón aserrado del que gotea resina y recogemos unos cuantos hilos.

-Papá, voy a enterrar la resina para que se fosilice y se convierta en ámbar...

Las conversaciones con Sandra son distintas. Cuesta llegar a la mente de un adolescente. Son reservados, a veces muy pagados de sí mismos, y a la vez inseguros, lo que hace que confíen más en sus amigos que en sus propios padres. Es difícil conseguir que se abran a ti, pero el día es propicio. Separada de su ambiente de instituto y padilla, en el que busca su lugar, Sandra baja la guardia y vuelve a ser niña. Me cuenta cosas que en casa hubiera sido difícil oír, hay una comunicación más intensa entre los dos, y yo disfruto de los últimos retazos de esa niñez, ya casi olvidada, arrastrada por la promesa de mujer en que se ha convertido.

Bajamos el último tramo de la senda y cruzamos un par de puentes sobre un fresco y cantarín arroyo que tamiza de musgo las piedras que jalonan sus orillas. Paramos unos minutos y damos una vuelta por los edificios, antes imponentes, y ahora en ruinas. Emprendemos el regreso por el mismo lugar por el que vinimos. Al poco decidimos explorar un camino distinto y que nos encontramos sin marca, lo que nos hace pensar que es una variante de la misma senda. Así es, aunque recorremos unos cientos de metros de más por una pista forestal en lugar de por la senda. No obstante el desvío nos hace conocer una nueva zona de pinar espeso, por momentos casi impenetrable en el que Carlos recuerda las mil y una peripecias de El Ultimo Superviviente.

- Papá, este es mi ídolo...

Sandra bromea con él y le hace rabiar cuestionando su habilidad para sobrevivir en un ambiente hostil, pero Carlos es un optimista impenitente y desgrana los mil y un trucos que usaría para conseguirlo. Periódicamente solicita mi aprobación:

-Papá, ¿a que con un reloj de aguja y el sol no necesitamos brújula para orientarnos?

-Claro que no hijo...

La senda acaba, y de nuevo en el merendero del área recreativa, paramos a comer. A estas horas ya hay varios coches en en el aparcamiento, la mayoría llenos de bulliciosas familias y grupos de gente joven que encaminan la Senda de El Castañar. A pesar de su belleza me alegro de no haberla elegido hoy y haber podido disfrutar de esos momentos a solas con mis hijos. Han sido unas horas deliciosas.

A la vuelta, ya en casa, tengo que hacer dos llamadas telefónicas. La primera a mi esposa, para que esté tranquila sabiendo que hemos llegado. La segunda, más difícil pero igual de ineludible, me volverá a la cruda realidad, a la difícil rutina instaurada en mi vida en los últimos meses y me recordará que esta puede ser dura. Además Sandra ya está pensando en salir por la tarde con los amigos, Carlos quiere ver los Simpson y por supuesto, ninguno me quiere ayudar a poner la mesa: en casa todo vuelve a ser como antes, pero por unas horas, he olvidado problemas y tensiones, he fortalecido el vínculo con mis hijos, nunca demasiado sólido, y nada ni nadie me puede quitar el recuerdo de esos maravillosos momentos.

Este sábado, si el tiempo lo permite, subiremos a La Mira de Gredos.

17 comentarios:

mayayo dijo...

si, momentos para la historia, Carlos.

Y por cierto, que la subida a la Mira ya es un buen paseito eh? Grandes paisajes, si el día os sale bueno. Y si la fauna local se acerca, un aliciente. Que disfruteis!

Amig@mi@ dijo...

Sobre este post... ¿llevas babero?
Bromas aparte, ha sido precioso. Hay tanto sentimiento en forma de palabras escritas...
Guarda, que te gustará recordarlo aunque sentirás pena porque ya pasó, y aprovecha la racha.
Del segundo tema...
sabes que estoy por aquí por si algún día te apetece chillar.
Y...
¿Para subir a La Mira no había una calzada romana??
Tengo los recuerdos mezclados, imágenes de andar y andar por un camino de piedras, la calzada, pero no recuerdo donde estaba.
Un besote y ME ENCANTÓ.

Dani dijo...

Buff, Carlos, que emotivo tu post y cuánto me alegro por ese pellizco de complicidad paterna que has saboreado este fin de semana. Ojala te deseo que sean todos y muchos más los que te esperan...

Preciosa familia, ¡enhorabuena!

Lander dijo...

Bonito post Carlos. A veces me gustaría parar el tiempo y que no crecieran, soy egoista, pero no queiro...

Un abrazo, mucho ánimo con lo otro y te digo como Montse, no dudes en apoyarte donde necesites

Oscarunin dijo...

que envidia! sana obviamente.
de ruta por esos hermosos parajes y con la family
saludos

yoku dijo...

cómo te entiendo, Carlos...

Mi hijo ya está en fase adolescente huidiza, pero aún le gustan los Simpsons y el Último Superviviente (bueno, a mí también).

Por cierto, ahorrad un año y llévatelos a Costa Rica. Tu hijo será completamente feliz porque es el lugar donde más animales de todo tipo puedes ver.

Sigue disfrutando de ellos...

cabesc dijo...

Si acaso no tuviera dos hijos de tan corta edad como los que tengo, ¿tus relatos/historias me harían brillar los ojos de esta manera?

mamón, espejo en que mirarse, maestro, un abrazo.

Saturnino dijo...

Bonita entrada; nunca deberían de dejar de ser niños, bendita infancia.
Ánimo.
Un saludo.

Rafa dijo...

Hola Carlos.
Perdona pero pululando por los blogs de corredores populares de “mis seguidores” y a la vez seguidores de estos he acabado en el tuyo y tu crónica sobre la mañana con “encanto” que has pasado con tus hijos.
Me ha gustado mucho el escrito la verdad, y aunque tengo dos hijos también, me hago eco de uno de los comentarios que he leído de la gente que te ha respondido al mismo y me explico.
En concreto amig@mi@, te escribe en un parrafo:
Guarda, que te gustará recordarlo aunque sentirás pena porque ya pasó.
Y he recordado en estos últimos años mis salidas algunas veces con cualquier pretexto con mi hermano y mi padre antes de dejarnos.
Recuerdo que cualquier motivo era bueno para salir a hacer un recado cualquiera por Madrid y mi padre feliz el hombre porque iba con sus dos hijos nos comentaba, por aquí hay una tasca que ponen unos pinchos de bacalao riquísimos a ver si recuerdo donde estaba y la encontramos.
Y entre bromas de unos y otros y callejeando hasta que encontrábamos el lugar disfrutábamos de momentos simples pero con un algo especial que nos hacia a los tres sentirnos muy a gusto.
Al final de la mañana cuando volvíamos a casa mi hermano me comentó, ves?, estas son las cosas que quedan, lo que nos hace disfrutar y que el disfrute también, con esto es con lo que hay que quedarse.
Desgraciadamente mi padre nos dejo hace ya casi 4 años, y esos momentos y vivencias cobran fuerza en mi mente con alegría y nostalgia a la vez en algunas ocasiones.
Te cuento esto Carlos porque de alguna manera tus hijos también han disfrutado a su manera de esa mañana con encanto que tan bien has reflejado en tu escrito, y seguro que algún día lo recordaran con cariño y nostalgia también, pero como dice amig@mi@, guárdalo, porque esas cosas son las que quedan y enriquecen.
Buffff menuda parrafada me ha salido, perdona por la extensión, ha sido la primera vez que te leo, pero intentare seguirte más, soy Rafa y mi blog es canalillo garden.
Un saludo

Rafa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Running Scared dijo...

esa zona es alucinante, sí, pues no habré yo hecho veces la Senda del Castañar...

anita (la gurisa) dijo...

Que bueno! que lindo salir con los hijos a aventurarse en la naturaleza!

un beso grande

Loken dijo...

Precioso dia el que pasaste,sin duda estos son algunos de los momentos que nos hacen gozar de la experiencia de ser padres;disfruta de tantos como puedas...
Mucho animo y un fuerte abrazo...
Saludos,Loken.

Carlos dijo...

Ni de contestaros tengo tiempo...

MAYAYO, momejntos que espero recuerden cuando sean mayores.

MONTSE, babero y provisión inagotable de pañuelos. ¿Calzada Romana?, ya te contaré...

DANI, ójala sean muchos más, ójala...

LANDER, ya se que estás ahí amigo, y sí, los críos crecen, qué se la va a hacer...

OSCAR, placer doble, sí...

YOKU, pensaba en tí y en las excursiones que haces con tú hijo mientras escribía. ¿Costa Rica?, ufff..., molaría mazo, como dice él.

CABESC, me da a mí que tú vas a disfrutar de infinidad de esos momentos. De hecho ya lo estás haciendo.

SATURNINO, pero crecen amigo, crecen, qué se le va a hacer...

RAFA, precisamente es eso: yo soy feliz compartiendo esos minutos con ellos porque recuerdo los pocos que yo pude compartir con mi padre con muchísimo cariño. Aún no son conscientes del valor de esos recuerdos, pero yo sí, y como diría JCI: me llena de orgullo y satisfacción vivirlos juntos. Bienvenido por este rincón y suelta todas las parrafadas que quieras.

RUNNING SCARED, bienvenido por aquí también. Sí, es maravillosa, y a un paso de Avila.

ANITA, me da a mí, que al igual que Cabesc, tú también vas a disfrutar muchos de esos momentos con tus hijos.

LOKEN, disfrutaré a tope, no lo dudes.

Gracias a tod@s. ;-)

Zerolito dijo...

Pura delicia, Carlos. No te hace falta un reloj y el sol para saber dónde está el Norte. Afortunado tu.

La Mira es preciosa. La subidita es tela telita pero las vistas son increibles. Cuidadín con los atajos a la vuelta. Nosotros estuvimos varias horas perdidos por los Galayos por intentar atajar. Eso sí, vimos parajes espectaculares (y peligrosos) que de otra manera no hubieramos podido conocer.

Rafa González dijo...

Los niños en el campo abren su mente que es una pasada. Mis niñas se montan unas películas alucinantes. Cualquier cosa es el rastro de un oso, o una pisada de monstruo, o ....
Es algo especial, a mí me encanta.
Gran entrada, Carlos.

Amig@mi@ dijo...

Esperaré. ;) .Siempre acabas despertando mis recuerdos dormidos...