miércoles, 26 de mayo de 2010

Primer, ¿y último?, ensayo para el Gran Trail. Gañanada en la Sierra…

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Noche cerrada aún en Navaidem. Falto yo, pero alguien tenía que hacer la foto…

Hoy por hoy el Gran Trail queda muy lejos de mis posibilidades. Esa es la conclusión de la ruta que hicimos el sábado sobre el recorrido de los dos primeros controles con la intención de conocer el terreno, simular el ritmo que deberíamos llevar ese día y probar el material. El resultado fue un verdadero desastre.

A las seis de la mañana estábamos todos en Navacerrada, (menos Guille, que se nos durmió, jejeje…), debidamente pertrechados con la intención de encarar los primeros treinta y siete kilómetros del Gran Trail. En este enlace podéis ver la descripción detallada del recorrido. Como decía, la idea es apurar los horarios de cierre de control, que en estos dos primeros tramos son muy ajustados, y comprobar como “se nos quedaba el cuerpo” para seguir setenta kilómetros más hasta meta y completar así este terrorífico perfil en las treinta horas de plazo máximo.

No sólo la experiencia fue todo un fracaso para casi todos los que componíamos el grupo, sino que además fuimos capaces de demostrarnos una vez más lo gañanes que podemos llegar a ser. Ya a quinientos metros de la salida nos equivocamos de camino e hicimos un kilómetro “de clavo”, y eso que íbamos equipados de mapas, gps y resto de parafernalia tecnológica… Quizá también llevábamos algo de ¿prisa?, ¿precipitación?. El caso es que durante toda la jornada perdimos muchísimo tiempo en andar y desandar, atravesar trochas y senderos apenas insinuados por no parar un par de minutos y pensar. Gañanes, (y yo el primero).

navacerrada_canto-cochino 22-05-10 - 0004Clarea por detrás de La Maliciosa. 

La subida a La Maliciosa por La Barranca la conocía por aquella preciosa salida con Noe, Pedro y Alakan, de hecho la ruta del Gran Trail es incluso más llevadera pues el acercamiento se hace por pista en lugar de por los recoletos senderos que Alakan tuvo a bien enseñarnos. La temperatura, tórrida más adelante, aún es fresca. Subimos por la cara suroeste, lo que hace que el sol no nos vea casi hasta el mismísimo Collado del Piornal, ya finalizada la parte más dura de la subida. Mis sensaciones son las esperadas: estoy fuera de forma y los milagros no existen. Sé sufrir, pero eso sólo me hace poder acercarme algo más a mis límites, no baja mis pulsaciones ni mitiga mi dolor. Antes de llegar ya perdemos un par de efectivos que deciden ir a su paso a Canto Cochino.

navacerrada_canto-cochino 22-05-10 - 0008 Risueños, confiados e ingenuos paquetillos en La Maliciosa.

En el alto de La Maliciosa hacemos una breve parada y nos tiramos para abajo, por el técnico descenso en dirección a la Sierra de Porrones. Y empiezan los problemas: yo llevo el track publicado por la organización en mi gps, pero sobre él ha habido modificaciones que intentamos seguir sobre el mapa, sin previo acuerdo, por las descripciones impresas en papel. Resultado: un puñado de nosotros tira por la cuerda de la sierra, otro a media ladera, y otros nos apuntamos a que sean el resto los que hagan el trabajo sucio, se lleven la gloria del acierto en la elección o las mofas por tener que recular y desandar lo andado. Primera conclusión: somos un grupo demasiado numeroso y heterogéneo, lo cual no sería malo “per se”, siempre que las cosas hubieran quedado claras de antemano y nadie arrastrara o se dejara arrastrar por el resto.

navacerrada_canto-cochino 22-05-10 - 0010 Parada, breve, como todas, en el mirador del Collado de los Pastores.

Con unos cuantos arañazos en las piernas, algún “tira por ahi”, (sin tilde), unos cuantos “no, mejor sube p’allá”, llegamos en varios grupos al Collado de los Pastores donde hacemos reunión. En ese punto bajamos unos kilómetros por la pista conocida como “Las Zetas”, de piso de zahorra y cómoda de trotar. El calor ya se hace notar, al igual que mi tendón de aquiles derecho… Supongo que castigado por la subida y bajada a La Maliciosa, es con el cambio de pisada cuando decide quejarse. Cojeo levemente. Al poco llegamos al inicio de una senda muy técnica que ataja entre unas curvas de la pista y por la que descendemos con mucha precaución, no sólo por el asumido riesgo de resbalón, sino porque en algunas zonas está sembrada de estacas metálicas que supongo sujetarían las alambradas de fijación del terreno que vemos en alguna ocasión y que intuyo sirven para consolidar la vegetación que proteja de la erosión tan frágil ladera. Son peligrosísimas: una caída encima de una de ellas podría ser fatal y me sorprende que el Gran Trail no lo prevea. Más tarde nos damos cuenta de que, por supuesto, habíamos errado el camino… Salimos de nuevo a la pista, y hay que buscar otra senda… Soy consciente de que no puedo soportar otra bajada como la que acabamos de hacer. Mi tendón se queja cada vez con más fuerza y empiezo a sentir los primeros síntomas de agotamiento. El calor es horrible y ha aumentado mucho en poco tiempo al perder varios cientos de metros de altura tan rápido.

Al llegar al inicio de una nueva senda, ya con el parking de Canto Cochino a la vista, allá lejos al fondo del valle, decido seguir por la pista en lugar de castigar mi tendón con una bajada como la que acabamos de dejar atrás. Aquí cometo la gran tontería, la suprema gañanada del día de la que soy único responsable: en lugar de comprobar por mí mismo el mapa, me dejo guiar y sigo el ramal de la pista que sale a nuestra derecha. Error. Ese ramal me lleva de vuelta al Collado de los Pastores… Casi dos kilómetros al trote, parte cuesta arriba, para al final tener que volver al sitio de partida y buscar la senda que quería evitar… Por suerte esta sí es la “oficial” y es muy corrible, preciosa y sombreada, cosa que agradezco infinito después de unos kilómetros en solitario y bajo un sol que ya es de justicia.

Al final, con mucho retraso, llego a Canto Cochino, donde los amiguetes están esperando. Mil perdones y más gracias aún.

Organizamos rápidamente mi evacuación. Soy el tercero de los doce que se borra, cuarto si contamos al dormilón de Guille..., que al final se despertó y está en Canto Cochino dispuesto a hacer la segunda parte de la ruta. Tiene su coche en Manzanares el Real, a unos seis kilómetros. Allí se dirigen a su paso Pepo y Manolo, que también han dejado el suyo, pero con los que no consigo hablar por teléfono para que me esperen e ir juntos al Puerto de la Morcuera, donde recogeremos a los que terminen la ruta, y así, con el resto de coches bajar a Miraflores de la Sierra, donde comeremos. Luego habrá que repatriar a los que tenemos el coche en Navacerrada…, menudo operativo… Ni el Desembarco de Normandía oiga…

La Senda Qebrantaherraduras, que me llevará de Canto Cochino a la entrada del parque es fácil, divertida y muy transitada; y con los jarales en plena floración ahora está preciosa, aunque no la disfruto lo que mereciera, ya que bajo hacia Manzanares el Real cansado por el recalentón para no demorarme mucho en llegar a Canto Cochino y por la sensación de que el objetivo de este año tendrá que ser el del año que viene. Eso sí, posteriormente esa sensación no me privó de tomarme mis buenas jarritas de cerveza con limón y dar debida cuenta del menú que teníamos concertado en Miraflores de la Sierra

En Manzanares el Real encuentro a Pepo y Manolo. Poco después nos llama Guille que también abandona junto con Carlos y Andrés, (y van seis de doce), a los que recogemos en la carretera.

Mención aparte para los otros seis componentes del grupo que sí tuvieron el valor y la fuerza para completar la ruta en once horas, (perdiendo según ellos la dirección correcta en muchas ocasiones), y cuyo rostro era todo un reflejo de la dureza con la que se encontraron: Yoku, Pardillete, Ibki, Miguel B, Txamo y Aspen. Hablamos de corredores curtidos, maratonianos de pro, veteranos montañeros alguno de ellos e incluso un ironman, a los que no les arredra ni les pilla de sorpresa dar todo de sí mismos. Aún así estaban destrozados y ninguno confiaba en sus posibilidades de terminar el Gran Trail en tiempo.

Tendré que reflexionar sobre cómo me tomo el Trail, lo que significa determinar el sitio exacto de mi abandono… Vaya año. Sigo sumando objetivos incumplidos…

Aquí os dejo mi track, (al final poco tiene que ver con el oficial), y el mapa interactivo de la ruta:

 

¡¡¡IMPORTANTE!!!

Las descripciones de rutas de montaña que hago en este blog son tan sólo expresión de mis impresiones y sensaciones de ese día concreto, y por tanto totalmente subjetivas. No tienen porqué coincidir con las de cualquier otra persona, incluso realizándolas en las mismas condiciones. Tampoco son guías exhaustivas. A pesar de que procuro que todos los datos que ofrezco sean correctos, sería recomendable que antes de hacer alguna de ellas te informaras sobre las mismas en publicaciones especializadas. No obstante, si crees que te puedo servir de ayuda, o necesitas alguna aclaración, ponte en contacto conmigo. Por último, tienes que tener en cuenta que la montaña es un entorno potencialmente peligroso. Usa el sentido común y no afrontes recorridos para los que no estés absolutamente seguro de estar suficientemente preparado y equipado. Y ten siempre en cuenta las posibles complicaciones meteorológicas, muchas veces imprevisibles.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Caminamos por Haití.

carrera_haiti La Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Ávila organiza el próximo domingo 16 la II Peregrinación Contra la Pobreza en el Tercer Mundo, un recorrido de unos once kilómetros entre la Plaza de la Catedral de Ávila y el Santuario de Nuestra Señora de Sonsoles, acabando en el Albergue de Peregrinos “Las Tenerías”, de nuevo en la ciudad. Mixto de camino y asfalto sin ninguna complicación salvo el último kilómetro de cuesta llegando al Santuario. Un paseo de lo más agradable para los que nos apuntemos.

La inscripción es gratuita aunque se solicita un donativo que este año irá destinado a proyectos solidarios en Haití.

Mi hijo, con el que andaré el domingo, juega el sábado el último partido de fútbol del año, por lo que podríamos considerar que esta peregrinación es el aperitivo de nuestra nueva temporada de montaña que espero sea al menos tan sabrosona como la pasada…

viernes, 7 de mayo de 2010

Uno de esos días...

Apenas media hora de trote muy suave con pésimas sensaciones. Entras en el ascensor y te miras en su espejo. Tu rostro gris devuelve una mirada lejana, cansada y sin brillo. Tus sienes se van cubriendo de blanco, al igual que la barba de dos días que no has querido afeitar. Tomas conciencia de tu cuerpo, agotado por la falta de descanso, quejumbroso por los muchos años que ya pesan sobre él, por todas las lesiones que un día padeció y por alguna de la que aún renquea, pero sobre todo, dolorido por albergar un alma que lleva mucho tiempo sufriendo, impotente.

A veces llega un momento en que

te haces viejo de repente.

Sin arrugas en la frente

pero con ganas de morir.

Poco te sorprende ya en este anodino mundo. Hace tiempo que perdiste la ilusión, y la soledad es frecuentemente tu única compañía.

Paseando por las calles

todo tiene igual color.

Siento que algo echo en falta,

no sé si será el amor.

Hace meses que no duermes bien. El brillo verdoso y fantasmagórico de los números de tu despertador es testigo de largas horas de insomnio en busca de respuestas que sabes no encontrarás, a la espera de un milagro que no ocurrirá, mientras te aferras a una vana esperanza.

Me despierto por las noches

entre una gran confusión.

Es tal la melancolía

que está acabando conmigo.

Siento que me vuelvo loco

y me sumerjo en el alcohol.

Las estrellas por la noche

han perdido su esplendor.

Y te gustaría contarlo, gritarlo a los cuatro vientos, pero las palabras se ahogan en tu garganta, y tus dedos tropiezan en el teclado, y los sentimientos brotan y fluyen, y giran…, pero quedan dentro.

Y un buen día vuelves a sentir lo mismo que aquella tarde mientras comías con tu hija: siempre hay alguien que ya lo contó antes. Alguien que sí supo sacarlo fuera y cantarlo.

He buscado en los desiertos

de la tierra del dolor,

y no he hallado más respuesta

que espejismos de ilusión.

He hablado con las montañas

de la desesperación

y su respuesta era sólo

el eco sordo de mi voz.

Y un nudo ata tu garganta. Y el inmenso peso de la pena ahoga tu corazón. Y aprietas los ojos, ¡joder, cómo duele!, y ni llorar puedes...

 

lunes, 26 de abril de 2010

Mapoma 2010. Crónica de una retirada anunciada.

Quedada en la puerta de la Biblioteca Nacional. Foto gentileza de Pedro.

Existe una ley inexorable en atletismo que dice que dos y dos puede que alguna vez sumen cuatro, muchas veces tres, (o menos), pero nunca, jamás de los jamases, cinco, y para que un atleta tenga éxito en un maratón se tienen que conjugar varios factores. A grandes rasgos:

Primero: estado físico y mental. El atleta debe haber entrenado lo suficiente, descansado y alimentado convenientemente y no estar lesionado. Asimismo debe saber desarrollar una buena estrategia de carrera, conocerse perfectamente a sí mismo, y mantener la cabeza fría para anticipar y solventar sobre la marcha posibles problemas.

Segundo: las condiciones climatológicas, (viento, lluvia, temperatura), deben ser propicias para que el atleta pueda rendir en todo su potencial. Hasta cierto punto la sensatez y una buena estrategia pueden dulcificar condiciones poco propicias, pero estas siempre acabarán pasando factura.

Tercero: tener "el día". Esto escapa a todo control lógico. El atleta puede haber entrenado, descansado, planteado una perfecta estrategia, amanecer un día fresco en un recorrido perfectamente conocido, incluirse en un grupo que le ahorre fuerzas..., pero si no es "el día", y las piernas simplemente no van, no hay nada que hacer. Esta incertidumbre se da tanto más cuanto más popular es el atleta, y por tanto menos controlado y estructurado su entrenamiento.

Cuando uno de esos factores falla aún podemos hacer una carrera digna. Si lo hacen dos petaremos miserablemente, pero si son los tres, lo mejor es no salir o limitar la carrera hasta donde nuestro esfuerzo comience a convertirse en sufrimiento.

En definitiva, que llevo unos cuantos párrafos para intentar justificar porqué ayer en la Casa de Campo, con sólo veintiséis kilómetros recorridos, me bajé de la carrera y me subí al metro. Y es que a pesar de que modestamente creo conocerme bastante bien a mí mismo y al Mapoma, y saberme dosificar y plantear mis carreras adecuadamente, es cierto que:

1.- No he entrenado más que apenas mes y medio después de estar siete parado.

2.- La lesión no es aún historia.

3.- Ayer hizo un día realmente infernal para correr, y…

4.- No era "el día".

Y mira que todo empezó bien. A las siete de la mañana tenía el coche aparcado a menos de doscientos metros de meta y del lugar donde habíamos quedado a comer. Había dormido lo suficiente y había comido e hidratado más que bien. Cafelito con los amigos de quedada y marcheta tranquila hasta la zona de salida. Muy buen ambiente, muchos rostros conocidos y distintas ambiciones que se entrecruzaban entre confesiones y planteamientos de carrera. Miradas afiladas en algunos corredores, aquellos que en su calendario tenían marcado en rojo este día; más relajadas en los que simplemente salíamos a disfrutar. El día ya se presuponía caluroso, no en vano a las ocho de la mañana, una hora antes del pistoletazo de inicio, los termómetros ya marcaban catorce grados, que llegarían a veintiocho en meta, por lo que previsoramente desde las cinco de la mañana, hora de mi despertar, había bebido un par de vasos de agua y medio litro de isotónico.

Salida algo más lenta y caótica que otros años al hacerla coincidir con la del diez mil. El plan es ir con Jose, (sin tilde, con acento en la o), un amigo suyo que se apuntó a última hora para acompañarle, y que se encontró con un dorsal by the face, gentileza de Nacho que no pudo correr ayer, y Carlos, a un ritmo cómodo de cuatro horas treinta, a fin de merendarnos el maratón en plan "trámite". Con esas cruzamos el arco de salida.

Suelo darme un plazo de cinco kilómetros para comprobar si el día es "el día", y ya en Plaza Castilla me doy cuenta de que no ha habido suerte. Más allá de la falta de entrenamiento las pulsaciones, aún yendo contenidas, son algo altas respecto al reciente Medio Maratón de Madrid. El calor y la elevada humedad me producen una cierta sensación de falta de aire y las piernas pesan. Toca plan B: dosificar y resistir, ahorrar fuerzas en las subidas, controlando al máximo el pulso, y poner en marcha los mecanismos de distracción: charlas con los amiguetes, escuchar a Jose cantar el himno no oficial de los paquetes, (ver abajo), o a Carlos sus disertaciones histórico-filosóficas, y fundamentalmente fijarnos en las guapísimas chicas que siempre nos rodean en cola del pelotón...

Los kilómetros fueron cayendo puntualmente al ritmo previsto, pero en la subida de la Calle Ferraz me descuelgo del grupo: para ellos me convertiría en una rémora y para mí sería suicida intentar seguirlos cuando quedan más la mitad de los kilómetros por recorrer, es decir casi todo el maratón. Me doy de plazo hasta la Casa de Campo para decidir qué hacer. El plan B en el que hasta ahora me muevo acaba con el maratón completo sin importar el ritmo y sin descartar andar algún tramo para recuperar resuello a fin de hacer una tirada larga de cara al GTP, pero por si las cosas se complican empiezo a esbozar un plan C que incluye una poco digna pero inteligente retirada y repatriación en metro.

Los kilómetros previos a la Casa de Campo son muy descubiertos y pican hacia abajo. Las fuerzas todavía acompañan y es fácil dejar ahí buena parte de nuestras opciones. Intento administrarlos bien, pero se me hacen duros. Quizá no tanto como para no pensar en terminar el maratón, pero sí lo suficiente como para saber, porque otras veces ya he pasado por ello, que llegar al Parque del Retiro sería un acto de fe que requeriría de mí, hoy literalmente, hasta la última gota de sudor. Con estos pensamientos llego a la Casa de Campo y su acogedor frescor. Hay a quien no le gusta esta parte del maratón, con poco público en contraste con el bullicio y los pasillos de gente de la Calle Fuencarral, la Puerta del Sol, la Calle Mayor..., que levantan el ánimo y empujan a seguir, pero a mí me parece un privilegio poder trotar esos kilómetros entre la arboleda. Tengo unos pocos kilómetros para tomar una decisión entre dos opciones meridianamente claras: salir de la Casa de Campo supone un compromiso con llegar a meta, ¿porqué?, no lo sé, pero para mí es así. De abandonar, tiene que ser aquí, subir al metro en la estación de Lago y volver en él a Retiro. La otra opción es tirar de épica, asumir el sufrimiento extremo de una segura deshidratación más o menos grave, (para mí, y para la mayoría de corredores con este calor es físicamente imposible reponer líquidos al mismo ritmo que los pierdes), asumir los intensos dolores musculares que aparecerán pronto y lo más difícil: encontrar una razón para soportar todo ello.

Kilómetro veinticinco y pico. Una familia: madre, padre y dos peques, anima a rabiar. Los niños extienden sus manitas para chocarlas con los corredores, gesto que siempre correspondo, mientras sus padres gritan y aplauden. Escucho al padre: "sois unos héroes por estar ahí con el día que hace". Y tomo mi decisión: yo no soy un héroe. Ya he pasado antes por situaciones parecidas y su coste ha sido muy alto. Esta carrera no es objetivo. Intentar acabarla a toda costa, tan corto de entrenamiento, supondría no poder salir a trotar en varios días y comprometer otras carreras, y ya voy bastante corto de kilómetros como para permitirme ese lujo. El pubis, aunque no duele, ya molesta, al igual que la sobrecarga del gemelo. En otras ocasiones he asumido el riesgo, pero hoy no tiene sentido. Al llegar al kilómetro veintiséis paro mi crono y echo a andar. Tranquilo, sin prisas. Simplemente paseo bajo la sombra de los árboles. Animo a los corredores que me adelantan, (y a alguno al que a pesar de mi tranquilo ritmo soy yo el que les adelanta).

En el amplio bucle del recorrido en el que se cruzan los corredores que apenas hemos acabado de entrar en la Casa de Campo y los que ya la abandonan, justo enfrente de la estación de metro de Lago, salgo del recorrido en dirección a ésta. Tengo un pequeño problema: no llevo dinero encima, por lo que me apresto a lucir la mejor de mis sonrisas a la taquillera para que me deje entrar sin pagar, o llegado el caso, extender lastimeramente mi mano en busca del euro que cuesta el billete. No hizo falta recurrir a ninguna de las estratagemas: justo detrás de mí veo entrar cual ángel salvador a Coral, la esposa de Zerolito, que amablemente me deja un billete. En uno de los más malolientes vagones de metro que nunca haya existido, (gracias a que no era el único corredor que allí se retiraba), y después de un trasbordo a otro no menos maloliente vagón, ya que casi todos los corredores íbamos al mismo sitio, llego a la estación de Retiro. La salida está dentro del propio parque, pero decido salir de él y entrar de nuevo en la carrera por si en la zona de meta, (cerrada al público), me encuentro con algún amiguete y para coger algo de avituallamiento líquido a fin de empezar a reponer fluídos. Toca echar de nuevo a trotar con los que están terminando su maratón a un ritmo de entre tres horas cuarenta y cinco minutos y tres horas cincuenta. Si ya en la Casa de Campo e incluso antes, a falta de casi veinte kilómetros para meta, había visto mucha gente muy tocada, aquí el panorama es desolador: rostros demacrados, resecos y cubiertos de sal, signo inequívoco de deshidratación preocupante, músculos acalambrados por la descompensación de electrolitos, gente sentada en los bordillos con la cabeza agachada, alguno vomitando, el SAMUR atendiendo un desmayo... El maratón hoy ha sido cruel, y de haberme empeñado, en el mejor de los casos yo sería uno de esos rostros de ojos vidriosos que avanza casi mecánicamente a meta. Aunque no deja de ser una retirada, y eso nunca es plato de gusto, soy consciente de que he tomado la decisión correcta.

El resto del día es lo mismo de siempre cuando me junto con esta gente: comer, beber y reír. Si llegando desfallecido me hubieran hecho recuperar de mitad del cansancio, ayer su presencia me compensó más que sobra de esos veintiséis kilómetros que hoy no han dejado ninguna molestia que no tuviera antes de hacerlos, y es que la tortillita de patata en su punto, los bizcochos esponjosos, los chocolates, unas cuantas cervezas, y sobre todo, su extraordinaria compañía, son el mejor bálsamo para cuerpo y mente.

Aunque ya lo publiqué anteriormente, vaya de nuevo su Himno no oficial, (aún):

 

Queda todavía alguna reflexión de esas de las que se hacen con la cabeza fría, pero que desembocará sí o sí en la eliminación de algún(os) de los objetivos de la izquierda de este blog. Ya contaré.

viernes, 23 de abril de 2010

Y se me llega el Mapoma…

Así, sin sentir, y sin entrenar…

El martes echaba cuentas de los kilómetros que había recorrido en lo que llevamos de año: doscientos veintinueve…, se dice pronto. Y teniendo en cuenta además que vengo de estar totalmente parado los anteriores seis meses.

En mi nivel de exigencia habitual, que como sabéis tampoco es que sea muy alto la verdad, esa kilometraje debería haber caído al menos de media mensual para afrontar el maratón con ciertas garantías, pero como he dejado ya escrito en este blog varias veces: es lo que hay…

Y por si creéis que ese es todo mi problema, estáis equivocados: después del Medio Maratón de Madrid sólo he corrido un día: el martes de la semana pasada, y al llegar a casa el gemelo derecho dolía. Es una lesión recurrente que me ha costado ya dos maratones: el Mapoma de dos mil seis si mal no recuerdo, y el de San Sebastián de dos mil ocho. Parece que es esa parte de mí la única que se acojona ante un maratón...

Según mi fisio es una inflamación de la fascia que une las dos partes del gemelo: interno y externo, y siempre me ocurre en la pierna derecha. Ved la imagen de debajo que se explica mucho mejor que yo. Lesión leve, de fácil tratamiento y rápida evolución siempre que repose unos días y le deje a él que me martirice un par de veces metiendo los dedos entre ambos músculos y recorriendo la fascia de abajo a arriba con toda la saña que le permiten sus fuertes manos...

Y no creáis que es todo. Tengo un fuerte golpe en la parte externa del muslo derecho. Ignoro con qué me lo pude hacer, quizá una mesa en el trabajo, pero durante unos días he tenido la zona hinchada, un gran hematoma y dolor al intentar agacharme o simplemente al caminar. Y más: en la sesión del lunes mi fisio me notó un bulto, presumiblemente de grasa, en el cuádriceps de mi pierna derecha. No molesta, pero me ha recomendado que no deje de consultarlo con el médico.

Del peso que he cogido durante el parón forzoso ni hablamos…

Total, que además de haber hecho una birria de kilometraje en los últimos meses y sin dar un paso en las dos últimas semanas me presento en el Mapoma gordo y lleno de “mataduras”… Cojonudo.

A mi favor, que será la decimocuarta muesca en esta distancia, y eso curte, (o te idiotiza y te vuelve inmune a cualquier razonamiento lógico, que todo pudiera ser), y que las expectativas son simplemente pasarlo bien con los amiguetes y terminarlo sin pensar en el ritmo a fin de hacer al menos una “tirada larga” de cara a ese GTP que cada vez veo a más distancia. También habrá que rezar, si es que me acuerdo, por que el pubis aguante, (que esa es otra, que no me veo yo a corto-medio plazo descolgándome por un cortafuegos sin romperme por dentro).

Este va a ser, de largo, el maratón que he afrontado en peores condiciones físicas. A ver qué sale…

martes, 20 de abril de 2010

Incoherencia.

Leo incrédulo esta noticia en la web de 20minutos.es y no recuerdo tal estupefacción por el vaivén de la opinión de una persona desde la “evolución ideológica” de Jorge Verstrynge.

Resulta que ahora, uno de los adalides de la SGAE se desmarca de esta con argumentos tan pueriles como los que sustenta la entidad a la que hasta ahora rendía vasallaje y que me obliga a pagar un canon por un CD en el que voy a grabar las fotos de las vacaciones de verano, presuponiéndome de entrada infractor de las leyes de propiedad intelectual.

¿Será posible tanta caradura y tanta hipocresía?. Escuchad y alucinad… (Y si lo entendéis, me lo explicáis)


Vídeo del programa Salvados, de Jordi Évole.

lunes, 19 de abril de 2010

De nuevo: Dramateurs.

Mis amigos de Dramateurs están de nuevo de gira. Este año han añadido a su obra Cinematters nuevas parodias, (Matrix, Harry Potter, Forrest Gump…). Os dejo otro par de vídeos para que os riáis un rato y recuerdo que si os queréis poner en contacto con ellos lo podéis hacer a través de su web, (está alojada en un servidor local, por lo que a veces no funciona), dejándome aquí un comentario o enviándome un correo.

Aquí tenéis su particular versión de Titanic e Indiana Jones: