martes, 10 de mayo de 2011

Bucle central del MAM. Otra vez.

- Que sí, Dani, que es normal…

Te refieres a la sensación de ahogo, de boqueo en busca de una traza de un aire que parece no querer entrar en tus pulmones, que parece no contener una brizna del ansiado oxígeno por el que tus doloridos músculos, tensos, duros por el esfuerzo, claman incesantemente. Dani está pasando exactamente por lo mismo que tú ahora hace dos años: su primer ascensión a los Tubos de Cabezas, la brutal subida por la cara norte de Cabezas de Hierro, y eso después de vencer a Bola del Mundo y Peñalara, es decir, las tres cumbres del Maratón Alpino Madrileño. La ruta de hoy es el bucle central del Maratón Alpino Madrileño, algo más de veintiocho kilómetros de montaña pura y dura, la mayor parte de ellos por encima de los dos mil metros, que están poniendo al límite su resistencia física y especialmente la mental. Por decirlo claro: Dani las está pasando putas, pero putas de verdad… Y le comprendo.

- Esto es así, Dani. La próxima vez, con la ventaja de saber de antemano a qué te vas a enfrentar, lo sobrellevarás mejor…

Poco consuelo, sabes, para el que en esos momentos considera seriamente si tenderse en el suelo y abandonarse a su suerte…

Pero es inevitable. En los niveles en que Dani y yo nos movemos para atreverse con el MAM es imprescindible conocer íntegramente su recorrido, a ser posible en distintas circunstancias, a fin de elaborar una cuidadosa estrategia que nos permita acabarlo con unas ciertas garantías. Por eso a las ocho de la mañana encarábamos la pestosa subida a Bola del Mundo, tristemente llena de cascote y restos de las obras de acondicionamiento de las pistas de esquí. Dani tiene la necesidad de hacer el recorrido de hoy, y yo tengo unas ganas tremendas de probarme en él después de unas semanas de sensaciones muy encontradas, salpicadas de problemillas físicos que no dejan adivinar cual es mi verdadero estado de forma. He iniciado la subida con buenas sensaciones, con las pulsaciones bajas y racaneando esfuerzos para las horas (largas) que vendrán después. Hace frío, lo cual agradezco, pero el día es luminoso y radiante, hermoso… Intento “picar” la ruta, salpicando paradas que nos permitan recuperar aliento y aprovechar para beber y comer de cuando en cuando. Le hablo  a Dani, intento explicarle lo que se va a encontrar en carrera, dónde estarán los avituallamientos, cómo debe, en mi opinión, encarar ese día… Espero haberle servido de ayuda o al menos no haberle provocado un dolor de cabeza…

Bajamos rápidamente por la Loma del Noruego. Quizá demasiado rápidamente, y en un par de momentos tengo que frenar a Dani, al que veo fuerte. La montaña está hermosa, llovida, verde y fresca… Cruzamos el pinar que da acceso al Puerto de Cotos y casi sin darnos cuenta hemos dado cuenta del primer coloso del día. Comemos, reponemos agua y seguimos. Entramos de nuevo en el espeso bosque, ahora camino del Collado Peña Citores, oliendo a resina, a liquen, a frescor y humedad… Aún queda algún pequeño nevero que atravesamos sin peligro y al poco coincidimos con los senderistas que suben por Dos Hermanas hacia Peñalara.

Llegando al Collado de Peña Citores. A la derecha el Puerto de Navacerrada. En el centro Bola del Mundo, y descendiendo, en una hermosa curva hacia la derecha, la  Loma del Noruego.

En el camino a Peñalara.

En Peñalara hace frío. Y viento. En Peñalara siempre hace mucho viento… Nos tenemos que resguardar para comer y descansar unos minutos. Ahora viene un tramo técnico de piedra y una rapidísima bajada, mucha de ella por pista en relativamente buen estado pero con mucha pendiente y piedra suelta lo que la hace peligrosa. No es conveniente hacerla excesivamente cansado, que esto no es más que un entrenamiento…

En el Puerto de Cotos paramos de nuevo, nos sentamos en la terraza de la Venta Marcelino y nos tomamos una buena cerveza con su pinchito de tortilla. Esta parada, aparentemente frívola, es más necesaria de lo que parece para paquetillos como nosotros. Van a ser muchas horas de esfuerzo, más de ocho al final, y hemos dominado dos de las cumbres del día, pero hay que descansar y comer algo más que una barrita energética porque queda lo peor… Y lo peor, que se cuente solo, que para eso me llevé la cámara:

Carlos ¿seguro que es por ahí?

Joder, joder, joder… ¿Dónde me ha metido este tío? Pesao con las fotitos esta…

¿Y si tiro p’abajo y le dan a este abulense?

Que sí… que me vuelvo…

Cagüentó…

Up, up…

Up, up, up, up…

¡Cabezas de Hierro al fin!

Pero todo se acaba, como no me canso de repetirle a Dani durante la subida. Con paciencia y determinación todo termina. Y los Tubos también, y lo que queda hasta el final es negociable, las pendientes no son tan brutales y el terreno no es excesivamente técnico. No hay prisa y no importa poner un ritmo flojo. De hecho trotamos solo cuesta abajo y no en todos los tramos. Dani tiene molestias y su salida más larga hasta ahora era la mitad de la de hoy. En Bola del Mundo, ya en la “civilización”, decide bajar por la pista de cemento mientras yo me tiro ladera abajo en busca del Restaurante Dos Castillas, donde nos apretamos unas cervecitas fresquitas y unas cuantas raciones que nos alivian cuerpo y alma.

¡Te has portado, chavalote, te has portado…!

En lo personal, ha sido un día estupendo. Ya de salida compruebo que mis sensaciones son muy buenas (todo lo buenas que pueden ser en mi situación) y siempre voy con un punto, a veces dos, de reserva. Las salidas montañeras por encima de las cuatro horas que hemos estado haciendo esas últimas semanas se notan, y mucho. Aún queda un mes largo para el MAM pero si nada se tuerce lo encaro con muchísima confianza.

Y este domingo muy probablemente hagamos el recorrido del Cross Tres Refugios. Otros treinta kilómetros de montaña, más o menos por la misma zona y con las mismas intenciones: acumular horas de monte y disfrutar del camino.

¡¡¡IMPORTANTE!!!

Las descripciones de rutas de montaña que hago en este blog son tan sólo expresión de mis impresiones y sensaciones de ese día concreto, y por tanto totalmente subjetivas. No tienen porqué coincidir con las de cualquier otra persona, incluso realizándolas en las mismas condiciones. Tampoco son guías exhaustivas. A pesar de que procuro que todos los datos que ofrezco sean correctos, sería recomendable que antes de hacer alguna de ellas te informaras sobre las mismas en publicaciones especializadas. No obstante, si crees que te puedo servir de ayuda, o necesitas alguna aclaración, ponte en contacto conmigo. Por último, tienes que tener en cuenta que la montaña es un entorno potencialmente peligroso. Usa el sentido común y no afrontes recorridos para los que no estés absolutamente seguro de estar suficientemente preparado y equipado. Y ten siempre en cuenta las posibles complicaciones meteorológicas, muchas veces imprevisibles.

miércoles, 4 de mayo de 2011

El grajo vuela. Bajo, pero vuela…

OLYMPUS DIGITAL CAMERA         Foto de mi amigo Dani, del blog Zapatillas con Velcro.

Este blog lleva mucho tiempo viviendo de unos hermosos ojos oscuros. Demasiado aún para tanto embrujo. Trabajo, familia, fotografía… Todo suma, pero paradójicamente es el hecho de que por fin enlazo bastantes semanas de entrenamientos constantes lo que tiene mucha de la culpa de que no escriba desde hace tanto tiempo. De hecho, desde mi retirada en el maratón de Sevilla, he corrido la V Media Maratón de Collado Villalba, también conocida popularmente como “La Tragamillas”, la IX Carrera Urbana Navas Center, un diez mil que es la primera carrera del IX Circuito de Carreras Populares Ecosport, el XI Medio Maratón de Madrid, el Maratón Popular de Madrid y la X Carrera Popular de El Resucitado, cinco kilómetros y tercera carrera del Circuito de Carreras Populares Ecosport. Todas ellas, independientemente de su distancia, con un denominador común: su único objetivo ha sido disfrutarlas. Punto. Sin sufrir y sin comprometer los entrenos siguientes. De hecho el Mapoma no requirió más que tres días de descanso para seguir con ellos. Eso no significa que esté en forma. Ni mucho menos. Año y medio de parón no se olvida con estos pocos meses en los que además también ha habido sinsabores en forma de lesión (tendinitis de rodilla y molestias de pubis, olvidada la primera y “controladas” las segundas). Pero al menos he conseguido una base, espero que suficiente, para poder encarar el objetivo del año: el MAM. De hecho ya he hecho alguna salida montañera, en una de las cuales Dani me hizo la foto que encabeza esta entrada.

Y es eso lo que queda de aquí al doce de junio: montaña, montaña y más montaña… Los entrenamientos diarios será por terreno quebrado y todos los fines de semana de aquí a entonces tengo comprometida alguna salida o carrera por monte: habrá dos o tres visitas al temible bucle central del MAM (este mismo sábado la primera), repetiré en mi primera carrera de montaña “de verdad”, el Memorial Fernando García Herreros, y correré la primera edición de la Media Maratón por la Naturaleza, en Hoyos del Espino. Aún así, a estas alturas, estoy objetivamente en peor forma que en dos mil nueve, cuando me atreví por primera vez con Las Tres Torres. A mi favor, precisamente que este año ya no es la primera vez. Ahora sé. Y no temo…

martes, 15 de febrero de 2011

Maratón de Sevilla.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Kilómetro veintisiete y medio. Corro solo. Desde el primero. Así ha sido en muchos maratones y no me importa por más que el dolor siempre “duela más" en soledad. Una bonita joven, apenas una adolescente, ha decidido perder una mañana de domingo animando a un puñado de sudorosos corredores la mayoría de los cuales ni siquiera tendrán un gesto de agradecimiento con ella. Lleva horas gritando, prestando un apoyo vital de cuya importancia seguramente no es del todo consciente. Su voz sonará quebrada al final de la mañana, pero con cada palabra suya habrá conseguido que alguien de un paso más, que un nuevo aliento entre en los pulmones de uno de los cientos de atletas con los que se cruce. Corro solo. El grupo que me precede me lleva unos pocos metros. A su paso la muchacha se gira y vuelve hacia mí un rostro en el que adivino esa orgullosa y altiva belleza andaluza de pelo azabache, piel color oliva y encendidas ascuas por ojos. Unos ojos enormes, oscuros y profundos. Serán muchos los que sientan vértigo ante su mirada y pocos los que sean capaces de enfrentarla. Corro solo. Y sus ojos se clavan en los míos...

¿Como describir el arte con palabras? El arte no se describe. El arte se vive. Porque no se puede poner en negro sobre blanco el sutil vuelo de la capa del maestro Curro Romero en sus tardes de gloria en la cercana Maestranza, o cómo el quejío de Camarón rasgaba la noche de Triana compitiendo en belleza con la luna llena, asomando tímida tras la Torre del Oro. Corro solo. Y solo yo fui testigo de lo que me susurró esa mirada, fue solo a mí a quien se dirigieron esas pocas palabras de dulce acento andaluz que no olvidaré jamás:

- No somos rubias, pero tenemos esponjas...

Ella seguramente ya no recordará el esperpéntico espectáculo de un corredor tan falto de forma como sobrado de peso que se atraganta con el agua al reírle la ocurrencia, mientras que lo que pretende ser un guiño cómplice de agradecimiento se queda en una retorcida mueca, toda vez que comprobé a las bravas que no se puede articular palabra cuando el agua inunda tu glotis. El domingo solo fui un recuerdo en su memoria a corto plazo que a buen seguro quedó borrado con el siguiente corredor, pero ella quedó convertida en mi pincelada de ese maratón, en esa imagen recurrente que va componiendo con los años el acervo de tu memoria atlética. Como los dedos entrelazados de aquella pareja escandinava a través de la valla en la salida del Tui Maratón de Palma de Mallorca, o las lágrimas del corredor al que acompañaba en el kilómetros treinta y cinco del Mapoma al besar a su familia... Para mí el maratón de Sevilla irá siempre unido a la negrura del pozo sin fondo de unos ojos alegres en cuyas pupilas, a pesar de lo nublado del día, brillaba el reflejo del sol en el Guadalquivir, las velas de una Madrugá en el barrio de Santa Cruz y el fuego de un embrujo robado a una ciudad que rebosa de él.

Desgraciadamente el empuje de la chica no llegaría mucho más allá. Tomé la salida del maratón casi con la certeza de no terminarlo (de hecho llevaba monedas para repatriarme en taxi) e incluso me planteé seriamente no presentarme en la salida. La media maratón de Getafe me dejó muy buenas sensaciones en cuanto al ritmo que en estos momentos puedo mantener, pero después de tantísimo tiempo parado no tengo suficientes kilómetros en las piernas como para hacer un maratón completo. Además la semana previa fue horrible en cuanto a sensaciones, con unos rodajes pésimos y muchas molestias debido, quizá, a que mis hijos estuvieron enfermos y yo no consiguiera evadirme totalmente de las miasmas. Aún así la maratona jugó conmigo, tentó y templó, hizo que me arrimara, me mostró el capote e, infeliz de mí, entré al engaño. Durante la primera media las sensaciones fueron fantásticas. Como digo, tengo el ritmo, aunque no el fondo, y me planté en el kilómetro veintiuno casi sin sentir, con las pulsaciones incluso más bajas de lo que esperaba. Y llegué a soñar con terminar el maratón. De ahí al veinticinco la lógica aparición de los primeros síntomas de cansancio: ligera subida de las pulsaciones, kilómetros algo más lentos de lo que dicen las propias sensaciones, primeras molestias musculares..., nada alarmante, nada fuera de lugar. Pero en el veinticinco comenzó el desmoronamiento. Las pulsaciones, esta vez sí, comenzaron a subir ostensiblemente a la par que el ritmo bajaba inexorablemente.

No hay más excusas ni justificaciones. La gasolina llegaba hasta ahí y punto. En el kilómetro treinta decidí andar un par de minutos en un último intento de comprobar si lo que sufría era un simple desfallecimiento temporal, pero no. Troté de nuevo un par de kilómetros sin notar mejoría. Podría haber recurrido a tirar de redaños, apelado a la épica del maratón y bla, bla, bla..., con tal de terminar, que al fin y al cabo en peores plazas hemos toreado y de ellas hemos salido airosos, pero simplemente no quise. Y mientras valoraba pros y contras de abandonar un maratón sin tener realmente excesivos problemas físicos y tan solo a diez kilómetros de meta, por la calzada paralela a aquella por la que discurría la carrera pasó un taxi, y en un gesto casi instintivo levanté el brazo. Allí acabó todo.

En lo personal ha sido un estupendo fin de semana aprovechado a tope. He disfrutado de Sevilla, de sus calles y de su gastronomía. Lo he hecho, además, con mi familia y con mis amigos. No puedo pedir más. Y en lo deportivo me quedo con haber hecho una tirada larga de cara al objetivo del año, el MAM.

Y también me llevo el recuerdo de la mirada de esos ojos negros…

jueves, 27 de enero de 2011

Objetivo: Maratón de Sevilla. Decimoquinta Semana.

Fifteen, foto descargada de 613photo.com.

“Todo pasa y todo llega, pero lo nuestro es pasar”. Permítaseme la licencia de modificar los versos de Machado, pero creo que así reflejan mejor lo que ha sido esta semana de ¿entrenamiento?. Todo pasa, pasa el tiempo, días, semanas, y con esta quince. Y todo llega. En concreto en solo tres… Llega el maratón, y yo, que debería estar en el punto álgido de la preparación, sigo apenas rozando unos míseros cuarenta kilómetros semanales. Poco, muy poco para afrontarlos de una sola tacada en Sevilla…

Podría aburrir de nuevo con excusas, con amagos de catarros filtrados subrepticiamente por mis hijos, con eternas recuperaciones de sensaciones que nunca fueron, de carreras por correr, y, sobre todo, con el cansancio infinito de muchas noches sin dormir. De nuevo la enfermedad golpea duramente mi familia, de nuevo a uno de mis seres más queridos cuando apenas empezamos a recuperar el ánimo, decaído por la muerte de mi madre. De nuevo la lucha sin cuartel, con esperanza de recuperación esta vez, pero con la certeza de que no será fácil. Y siendo conscientes de que en el mejor de los casos el camino será largo, muy largo…

Aún así, cuarenta kilómetros. ¿Pocos?, quizá. Muchos según se mire. Y todo pasa, y esta semana pasó, y pasó casi otra para encontrar el momento de dar cuenta de ella, y todo llega, y este domingo llega Getafe… Y como me ocurrió en el cross, no sé qué hacer. Quizá, como aquel día, será mi corazón el que lo decida en la salida.

miércoles, 19 de enero de 2011

III Memorial José Soriano. Cross Ciudad de Avila-Caja de Avila.

EcoCross-288 En mi anterior entrada afirmaba haber corrido el pasado domingo una de las mejores, si no la mejor, carrera de España, y a fe que no exagero aún siendo juez y parte en mi condición de socio del Club Ecosport, porque si en anteriores ediciones la organización rozó la perfección, en esta han conseguido superarse. Incluso el día, luminoso e impropiamente cálido para la altura de año en que nos encontramos, quiso sumarse a una fiesta del atletismo popular de la que os desafío a que encontréis una, una sola crítica.

Antes de nada tengo que hacer un reconocimiento a los compañeros de club que han trabajado mucho y muy bien para que esto fuera así, dedicándoles a los corredores muchas horas, robadas demasiado frecuentemente a la propia familia o a su trabajo, para conseguir que el participante sienta eso que cada vez es menos frecuente en las carreras: que se le trata con cariño. En especial tengo que felicitar a la directiva, responsable última de todo el tinglado. Labor ímproba y poco reconocida la vuestra, chic@s.

Al tema. A las ocho de la mañana llego al Parque de El Soto a montar circuito: encintar, preparar el podio, delimitar las distintas zonas cerradas… Frío y hielo a esas horas, pero día abierto y despejado después. Radiante.

Según aparco sigo sin tener claro qué hacer. Incluso le comento a Chuchi, un compañero de club que se comprometió a ir de corredor escoba, que si quiere hago yo esa labor, pero él ya estaba mentalizado y me dijo que de todas formas iría cerrando carrera. Lo único que tengo decidido es hacer una buena tirada larga, así que después de cumplido el compromiso organizativo, tomar un par de cafés gentileza de Cafés Coty y charlar con amiguetes y corredores venidos de fuera caliento brevemente y a eso de las once y diez comienzo un suave trote. Comparto un trecho con José María González Muñoz, paisano, récord de España y campeón de Europa de 100 kilómetros, aunque su ritmo de calentamiento es más rápido que el mío de competición… Salgo del circuito y me adentro en las profundidades de El Soto, el recoleto bosquecillo de fresnos al sur de la ciudad. Troto muy suave, con la mayor levedad que puedo, sin agitar apenas mi respiración, y sigo pensando en qué hacer cuando suene el disparo de salida. Al final, en un ejercicio de absoluta indecisión me decido a seguir trotando y disfrutar de la mañana, aún fresca pero luminosa y vibrante. Ya habrá tiempo para pensar… Desconecto.

Al cabo de media hora de relax absoluto llego de nuevo a la entrada del parque. Allí hago un par de kilómetros con Enrique, un mocetón hijo de mi primo Jesús al que bromeo con darle una buena lijada en carrera a sabiendas ambos de que ni en mis mejores sueños puedo meterle mano al mozo a poco que este se esfuerce. Y para la salida, que el speaker dice no sé qué de cinco minutos…

Veo por allí a dos amiguetes de la Asociación Fotográfica de Avila, Raúl y Javi, cuyas fotos estoy deseando ver. Gracias por bajar compis.

Suena el disparo. La gente corre. Arranco. Simplemente corro. Los tres cuartos de hora largos de rodaje no pesan en absoluto. Las piernas van fáciles, todo lo fáciles que pueden ir a estas alturas, después de tantos meses de parón, de tensión acumulada que solo ahora va soltándose poco a poco. Me encuentro bien. Relajado. Tranquilo. Y llevo un dorsal. Hacía muchísimo tiempo que no llevaba uno, y el plan surge como por ensalmo: hoy toca disfrutar. Hoy no es día de épica, pero tampoco de zanganear, acomodaticio paquetón. Sufre, pero lo justo. Ve rápido la primera vuelta de las dos que componen el circuito y algo más la segunda, pero sin pasarte, que la carrera deje en ti el dulce sabor del esfuerzo bien medido pero no el salado de la sangre en la garganta. El circuito no tiene secretos para mí: es mi lugar más frecuente de entrenamientos. “Aprieta aquí, que hay buen piso…” “Esa zona es de hierba, no merece la pena forzar…” “Cuidado con el firme ahora: tiene agujeros…”

Se me acerca un corredor: ¿tú eres Carlos, el corredor paquete?. Es Javi, de Tierras de Itaca, al que no conocía, y que está en la foto conmigo. Compartimos un par de kilómetros de animada charla. Me da noticias de Miguel, su compañero de aventuras y nos ponemos al corriente de las alegrías y pesares que siempre acompañan a un atleta.

Mis sensaciones son fantásticas, y al inicio de la segunda vuelta decido apretar un poco. Dejo a Javi y empiezo a adelantar gente. Las pulsaciones suben, la respiración se agita, pero no descompongo el gesto. Entro en meta correspondiendo a los saludos de los conocidos, con una sonrisa. Como debe ser.

Y si he disfrutado de la carrera, no menos de las atenciones posteriores. Con deciros que no comí en casa…

En resumen: primer objetivo del lateral del blog cumplido. De nuevo me siento corredor. Encaro con optimismo el siguiente: la media maratón de Getafe, y a partir de ahí sacaré alguna conclusión de cara al maratón de Sevilla. O quizá no. Quizá, como el domingo, decida esperar a que suene el disparo y que sean mis pies y mi corazón los que decidan qué hacer. Tampoco me fue tan mal, después de todo.

Enlaces:

lunes, 17 de enero de 2011

Objetivo: Maratón de Sevilla. Decimocuarta semana.

5732356-md

Foto de Rachel schneider, descargada de Photo.net.

Pocos, muy pocos kilómetros esta semana. Apenas cuarenta para las alturas en que estamos, aunque eso sí, los más rápidos hasta ahora. De hecho unos treinta han salido a ritmo de maratón. Espero que eso compense algo la falta de distancia…

No he tenido más remedio que hacer tan solo tres salidas en una semana que se torció en parte por mi mala cabeza, en parte por otros compromisos: lunes descanso para no unir cuatro días seguidos de entrenamiento, martes recalentón de una hora a ritmo de maratón, y además, por terreno embarrado. Miércoles descanso y sensación de haberme pasado el día anterior…, cosa que volví a hacer, borrico de mí, el jueves con otra horita, esta larga, y también a ritmo de maratón. Viernes de inauguración de la exposición de fotografía “18 Miradas”, organizada por la Asociación Fotográfica de Avila, a la cual pertenezco, con celebración demasiado “celebrada” hasta altas horas de la noche. Sábado de penitencia y resaca. Y el domingo ¡ay el domingo!.  El domingo corrí, si no la mejor, sí una de las mejores carreras de España: el Memorial José Soriano. Cross Ciudad de Ávila - Caja de Ávila, del que daré oportuna reseña tan pronto pueda.

martes, 11 de enero de 2011

Objetivo: Maratón de Sevilla. Duodécima y decimotercera semanas.

Foto de André Nicolaj Zahn, descargada de Photo.net.

Tormentosas y tumultuosas fiestas. Dos mil diez quiso despedirse con un último y grosero estertor que nos envió de vuelta al hospital, de nuevo a los miedos suscitados por imágenes que aún están demasiado recientes en la retina y el corazón. De nuevo el deporte a un plano secundario, muy secundario. Dos mil once comienza con una tregua, y fiel a esa a veces demasiado mitificada capacidad de sufrimiento que tenemos los, ejem, maratonianos, estoy intentando aprovecharla todo lo posible. De resultas de todo ello la duodécima semana se cerró con unos miserables once kilómetros y tres días de hospital que agotaron como otros cien pero sin sumar más que dolor, mientras que la decimotercera acredita más de cincuenta de claroscuros, pues si el viernes hice con relativa comodidad más de una hora a ritmo de maratón (del de mi mejor maratón, no del previsto en Sevilla, mucho mas modesto), el domingo lo despachaba con una cuasi tortura de dolor en el pubis y de falta de fuerzas para unos modestísimos (y lentísimos) quince kilómetros.

La rodilla mejora muy poco a poco, como corresponde a un madurito cuya capacidad de regeneración ya va siendo escasa, y el pubis al menos no va a peor. De hecho, con la boca chica, diría que ha mejorado algo gracias al trabajo abdominal y a los estiramientos. Espero aprovechar estas últimas semanas para rodar, más o menos largo, más o menos rápido, pero solo rodar pues no creo que tenga mucho sentido a estas alturas de “preparación” y con los antecedentes que acredito meter nada de calidad. El míster está de acuerdo con ello…

Vamos pues  a por la decimocuarta, que se cerrará este domingo con el III Memorial José Soriano Cross Ciudad de Avila-Caja de Avila en el que estaré a buen seguro muy cerca del compañero que acompañará al farolillo rojo, ya que la idea es hacerlo muy lento y sumarle un puñado de kilómetros antes de la salida para componer una tirada larga en regla.