martes, 19 de febrero de 2008

De la envidia y otros pecadillos...

avila (19-02-08) 014

Sí, envidia, sexto de los pecados capitales. Insana y mortificante, motor de tantas y tantas de nuestras conductas, orientadas a compensar esa minusvaloración y/o falta de confianza que generalmente es lo que trasluce tan pernicioso sentimiento. Pecado nacional por antonomasia que hace que en este curtido y rancio país aún tantos y tantos queramos ser cabeza de ratón antes que cola de león. Actitud dañina que pretende antes el mal de su objeto que el bien propio. El que esté libre de ella que... ¡Bobadas!, nadie está libre de ella.

Ayer sentí envidia. Mucha. Y cambié mi conducta y mi comportamiento consciente de que lo hacía por ella, nada más, ningún otro motivo. Relato:

El domingo madrugué, (si es que se puede llamar madrugar a levantarse a las nueve y media, aunque quizá un domingo sí se le pueda llamar madrugar a eso), para ir con mi familia a visitar a mis suegros. Tenía pensado madrugar, pero  de verdad, y levantarme a las siete, para hacer la tirada larga y completar una semana de entrenamientos "en condiciones". La Pereza, otro pecado capital, me venció en esta ocasión y me levanté con el tiempo justo de desayunar un enorme trozo de tarta de manzana, (¡Dios!, ahora pecado de Gula, me estoy deprimiendo), hecha al alimón el día anterior por mis dos mujeres preferidas, y que a la sazón estaba deliciosa.

Como castigo, consideré a todos los efectos ayer lunes era domingo, (atléticamente hablando), con lo cual tocaba esa tirada larga hurtada por el acogedor calor de las sábanas, y que dicho sea de paso además descabala el plan de la semana entrante, (aunque eso es otro tema por el que me mortificaré en otro momento).

Al tener que salir casi anocheciendo, la última parte del rodaje transcurre forzosamente por ciudad, (que no me veo yo en plan minero con un frontal en la testa, que aquí en Avila somos muy pudorosos como para llamar la atención de esa manera), y así de paso vacilas un poco a los conocidos, aunque tengas que esconder algo de tripa cuando te cruzas con ellos y a sabiendas de que en cuanto te alejes unos metros ellos, (y/o ellas), van a girar la cabeza y se van a fijar en tus piernas embutidas en esas mallitas apretadas con esa expresión de irónica, (y envidiosa), burla cristalizada en el susurro al acompañante: "¿y adonde va este así vestido?". Menos mal que la envidia aquí juega a nuestro favor...

Decía, que divago, que en estas iba yo por la Avenida de Juan Pablo II, a casi un kilómetro en línea recta del lienzo sur de la muralla de Avila, hermosa y radiante con su iluminación nocturna cuando hete aquí que veo la sombra de un corredor "trepando" por ese lienzo. La imagen era de una plasticidad innegable. Preciosa. El corredor subía por unas escaleras que llevan desde la antigua carretera de circunvalación a Avila, conocida popularmente como La Ronda, hasta el Atrio de San Isidro, una explanada a los pies de la Puerta de la Mala Ventura y que suben entre la muralla y su iluminación, sí, eso, la escalera de la foto. La pendiente que se salva en unos cien metros posiblemente sea del 20% con el añadido de que los escalones la hacen aún más incómoda de subir. Mi idea primera era volver a casa por el mismo lado por el que corría en ese momento, pero las ganas de ser yo el protagonisata de tan hermosa estampa, de que fuera mi silueta la los conductores vieran al bordear la ciudad, me pudo y hacia allí me dirigí. Por el camino ví que el corredor subía y bajaba varias veces. No era un corredor ocasional, pues en ese caso con unas pocas coronaciones al ritmo que en que le veía, se hubiera ido a casa. Durante unos instantes, mientras yo mismo cruzaba el puente romano sobre el Río Adaja, en la parte de la muralla que gira hacia el oeste, lo perdí de vista, pero en cuanto llegué al comienzo de la escalera ví que él comenzaba una de sus repeticiones. Apreté el paso para iniciar mi subida unos cinco o seis metros por detrás, (y con catorce kilómetros ya en mis pobres patas), y me concentré en recortar algo la distancia que me separaba de él, o al menos mantenerla. Más adelante mi pulsómetro escupiría un dato demoledor: 185ppm. para unas pulsaciones máximas, según la última prueba de esfuerzo realizada, de 194ppm.

Su paso era ligero y fácil, apenas sin esfuerzo y tuve que reconocer que a tal ritmo yo hubiera podido hacer apenas seis o siete repeticiones.

Al final resultó ser Chuchi, un compañero de club al que no había reconocido la trasera, y al que no pude por menos que confesar que había llegado hasta allí debido a la envidia que me produjo su visión sobre la muralla.

Con una repetición tuve bastante para calmar de momento mi envidioso sentimiento.

¿Que porqué sólo "de momento"?, decís. Porque según bajábamos de mi momento "de gloria" el bueno de Chuchi me comentó que el otro día él se hizo ¡¡¡32!!! de esas cuestas... Chuchi, ¿no has oído hablar del pecado de soberbia mamón?.

6 comentarios:

Sylvie dijo...

Al final, cada uno con su tema envidioso particular...

qué preciosa es Ávila, por dios!!!!
vaya escaleras, vaya murallas y vaya paisajes!!!!!!!!!!!...

Entiendo tus sensaciones...pero es que claro, querer competir con el chuchi, viendo lo que es capaz de hacer por esa pendiente...pues tú dirás!!!...vamos...eso es como envidiar a un perro, por tener 4 patas (ya sé que no es igual, pero casi).

Es peor el de la gula en este post y te duró poco...así que no te flageles...

besitos.

Yoku dijo...

Peor habría sido el pecado de lujuria viendo la trasera del tal Chuchi...

migyaur dijo...

Que valor hacer estas escaleras despues de 14 Km... Son realmente matadoras, y despues de un rodaje largo, hacerse unas cuantas subidas es para no sentir envidia de nadie...

ELMOREA dijo...

Anda que si ves la tipica parejita amorrandose y te da la envidia....mejor ha sido así, mejor ha sido así...

Carlos dijo...

SYLVIE, tengo que dar la razón a YOKU: dadas las circunstancias hubiera sido peor la Lujuria... Contra la Gula no lucho, es batalla perdida hace tiempo.

MIGYAUR, una querido, una sola repetición..., no había fuerzas ni ganas de más, y de todas formas, de habérmelo propuesto, ¡cualquiera sigue a Chuchi!

ELMOREA, pues aguanto un pelo, llego a casa, le doy un achuchón a mi esposa, (previa ducha higiénica y vitalizante), y solucionado, jajaja...

El día que queráis conocer Avila y la cuestecita "in situ", convido yo.

Gracias a tod@s. ;-)

Cientounero dijo...

Si, si tu convida que como muchos blogeros se enteren, en la proxima carrera en Avila acudimos en tropel y tu pagas la cerveza "postcarrera"