lunes, 23 de enero de 2017

IX Cross Ciudad de Ávila Memorial José Soriano. ¿El retorno?

 

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Ya antes de la carrera había comentado a los amigos que estaba más nervioso que en cualquier otra que hubiera hecho antes. Tenía una cierta sensación de vértigo por saber que a mi edad, después de casi seis años de parón y aunque el de ayer no fuera el último tren (siempre pasará otro, aunque no sea tan rápido ni tan cómodo), cada vez resultará más difícil cogerlo. Eso le daba a los ocho kilómetros y medio que me esperaban el valor inmenso de la corroboración de mi recuperación. Y todo fue bien. Perfecto. Mucho mejor incluso de lo que esperaba.


Probablemente ni siquiera me hubiera apuntado de no ser por Luis, que me animó a ello. Y desde luego no lo hubiera hecho a ninguna otra carrera, pero me inscribí porque es el cross de mi club, porque lleva el nombre de un buen amigo, y porque el trato y cariño de Ecosport al corredor es insuperable. Así que allí estaba, a las ocho de la mañana, y con ocho grados bajo cero, cargando picas, cinta y maceta en un carro para comenzar a marcar el recorrido, porque ¡ay, amigos!, estas cosas no se hacen solas, y la directiva del club bien se merece que no sólo disfrutemos de su excelente trabajo sino que colaboremos con ellos para que no nos pierdan ilusión. Mañana jodidamente fría, decía, de esas en las que cuesta clavar esas picas en el suelo helado a tal punto que somos muchos los que a día de hoy tenemos los hombros doloridos. Pero a las once y media, reconfortado por un par de cafés y un trozo de roscón, gentileza de El Asturiano, era el momento del cambio de chip y ponerse en modo corredor, el del cambio de ropa, el de los ejercicios de calentamiento y los primeros trotes. Ocho kilómetros y medio, ¿un quinto de maratón y estás nervioso Carlos?. Sí, mucho...


Luis, su amigo Eduardo y yo salimos los últimos. A estas horas el sol es radiante, día típico del invierno abulense: frío y luminoso. Hermoso. Ninguno de los tres tenemos en mente exprimirnos y la idea es correr a ritmo muy tranquilo, en mi caso, de hecho, y al ser un recorrido a dos vueltas, incluso valoro la retirada en la primera si mi aquiles tiene alguna molestia. Arco de salida, cronómetros en marcha y aplausos del público, ¡Dios, cuanto tiempo hacía! Mi mente de maratoniano evita pensar en lo que pudiera o pudiese pasar hasta que llegue (o no) el momento de enfrentarse a ello. No te puedes permitir el lujo de perder energía en hipótesis y por tanto me dedico a disfrutar como un niño del momento. Mi nieta además está entre el público y no se merece un rostro crispado por la tensión, sino que me separe unos metros de la línea de atletas y le choque la mano como así hago. Termina la recta de salida. Estamos en marcha...

 

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Fotografía de Luis Carlos Hernández Martín. Luis, servidor y Eduardo.


El cross Ecosport es llano como la palma de la mano... una mano arrugada, ciertamente. Chico, es un cross, no un paseo por el parque, y cuando el recorrido sale de camino o vereda el terreno está algo pesado. No importa: siempre se puede ir más despacio. Caen los primeros kilómetros. Sin prisa. Con frío cuando la ligera brisa viene de cara. No con calor, pero sí mucho más cómodos cuando empuja de cola. Sonrisas, charla, goce... El circuito es enrevesado y propicio para que los espectadores te puedan ver en múltiples ocasiones. Voy atento a ver por dónde se sitúa mi hija con mi nieta. Me gustaría que esa imagen de su abuelo "viejoven" quedara impresa en su dúctil y aún maleable mente. Afortunadamente no hay hielo, sólo algún tramo húmedo y sin problemas. Seguimos avanzando...

 

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Foto de Avilared.com

 

Al finalizar la primera vuelta Eduardo se descuelga. Lleva mucho tiempo sin correr y prefiere no forzar. Luis y yo aprovechamos y subimos un punto el ritmo, lo justo para empezar a adelantar gente. Sigo sin noticias de mi aquiles. Aunque apenas troto, la piscina y la bici si me han dado un fondo más que suficiente para la velocidad que llevamos. Algún kilómetro cae sin apenas esfuerzo por debajo de mi antiguo ritmo de maratón (que tampoco ha sido nunca para tirar cohetes, ciertamente), y teniendo en cuenta el terreno que pisamos eso me alegra sobremanera. La preocupación ya no es si terminar o no el cross, sino si mañana tendré molestias. Atención, spoiler: no, no las tengo. Así que los dos últimos kilómetros subimos un punto extra ese ritmo y entramos en meta, en mi caso completamente feliz como sólo un puñado de allegados puede entender. Fin de dudas, fin de prueba: test superado. Toca disfrutar, y disfrutar en meta en una carrera de Ecosport supone irte, literalmente, comido a casa: isotónico, bollo preñado, caldo calentito, pastas, roscón... Un par de estiramientos rápidos y a echar un cable. Como este año no he ejercicio de fotógrafo no tenía excusa para ir a la entrega de premios, así que tocó arrimar el hombro (sí, ese que duele por la maceta) a retirar vallas, cartelería... porque ¡ay, amigos!, estas cosas no se recogen solas.


¿Se le podía poner una guinda a tan estupenda mañana? Claro. Después del cross los compis de Triávila tienen una muy buena costumbre: celebrar su participación en él con un buen cocido donde, ahí sí, estuve a la altura de los mejores.


Resumen: pocas veces alguien habrá habido alguien tan contento por terminar una carrera. Y aunque no tengo el alta definitiva está cerca el momento de decir eso de "he vuelto". Triávila organiza un duatlón para el 1 de abril. ¿Próximo objetivo? Seguiremos informando.

 

Reseña en Avilared.com.

Reseña en Tribunaavila.com.

Clasificaciones Oficiales.

lunes, 16 de enero de 2017

Alea jacta est.

 

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Inscrito en el Cross Memorial José Soriano de este domingo organizado por el Club Ecosport. Con el compromiso de no ir más rápido de seis minutos por kilómetro, pero primer dorsal desde 2011. Con miedo por el aquiles, sin haber trotado más de media hora máximo un par de veces por semana desde finales de año, pero con la ilusión y los nervios de la primera vez. Alea jacta est.

domingo, 1 de enero de 2017

Nuevo año…

 

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Foto de Rafa, un amiguete del Club Ecosport. Tomada en la tradicional subida que organiza el club al Santuario de Nra. Sra. de Sonsoles el día de Año Nuevo. Allí arriba estoy…

Tengo muchas esperanzas puestas en este nuevo año, deportivamente hablando. Muchas. Si todo va bien, y aunque cruzo los dedos parece que así es, será el año de mi vuelta a las carreras después de casi seis sin ponerme un dorsal. También será el año (sigo con los dedos cruzados) de mi debut en triatlón-duatlón una vez dividida mi fidelidad entre Ecosport y Triávila. 2016 ha sido consistente en “entrenamientos”, no duros, quizá ni siquiera se les podría llamar así, sino básicamente sesiones de vuelta al ejercicio después de tan largo parón, de construcción de una base en el gimnasio, de adaptación al agua, en la que de todas formas sigo siendo más boya que delfín, y de atreverme a quitar los ruedines a la bicicleta, en la que son habituales las salidas de dos o tres horas. El caso es que estoy en el camino. El tendón de aquiles me permite ya trotar dos o tres días por semana en llano y no más de media hora, y lo mejor es que las ecografías que me hago periódicamente muestran una exasperantemente lenta mejoría, pero mejoría al fin y al cabo. Si todo sigue su curso confío en poder olvidarme de la rotura a mediados de año. Después de tan larga y áspera travesía ya mismo firmaba porque fuera así.

De momento el plan es seguir quemando semanas en las que seguiré mezclando salidas de bici, sesiones de piscina, gimnasio y esos pequeños trotes que me saben a gloria, porque amigos, ahora que no nos oye nadie, la carrera es, de largo, el ejercicio más divertido de los cuatro…

Ahí vamos pues. Sobran años y algún kilo, pero también ilusión y ganas.

sábado, 23 de abril de 2016

Destino Ironman. Arrancando.

 

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Va siendo hora, creo yo, de que de cuenta de los ¿progresos? de cara a mi participación e un ironman de aquí a dos años y medio, sobrada que lancé ya hace meses y de la que no he vuelto a reportar a pesar del insaciable afán de información de los innumerables seguidores de este blog que me acosan sin parar en busca de la más mínima novedad. Pues que sepáis que ahí sigo.

Aunque los comienzos han sido, como era de esperar, bastante duros debido al parón de años. Recapitulo…

Mi intención es participar (a ser posible terminándolo, jejeje…) en un ironman antes de cumplir los cincuenta y cinco años, hecho que ocurrirá en agosto de 2018. El punto de partida no podía ser menos propicio: casi veinte kilos de más, parado deportivamente durante casi dos años, con una rotura longitudinal de aquiles de la que quiero evitar la operación y que mi fisio no acaba de poder cerrar a pesar de las innumerables sesiones de EPI e infiltraciones de factores de crecimiento y que me impide correr. Sin haber montando nunca en bici de carretera (de hecho ni siquiera tengo una) y sin saber nadar. En estos meses desde entonces, lo que sí he podido es hacer callo en el trasero con la bicicleta de montaña y tomar clases de natación. Y ponerme a dieta. De hecho creo que esto último era lo más difícil de la preparación, pero en estos meses he perdido una buena cantidad de kilos lo que me deja casi a tiro de un peso si no óptimo, sí suficiente para arrastrar mi cuerpo durante más de doce horas en pos de meta.

Como digo, aún no puedo correr, así que detallo mi desempeño en las otras secciones… La bicicleta va. Despacio pero va. Las primeras salidas fueron de apenas veinte minutos y no sólo por el dolor en las vergüenzas. Apenas podía salir de casa, dar un par de vueltas por las cercanías y volver agotado, derrotado, dolorido y abatido después de un ejercicio que fácilmente podría hacer mi nieta a poco que se pusiera. Tampoco podía esperar otra cosa ciertamente. Como digo, no tengo aún una de carretera. Estoy esperando a ver si definitivamente puedo correr pues es absurdo gastarme la pasta teniendo la BTT y sin saber si voy a poder hacerlo. Además sobre dos ruedas me llama más la atención el sendero y la montaña que el asfalto. No obstante estoy eligiendo circuitos llanos e incluso salidas por carretera para que el ejercicio se parezca lo más posible al que me encontraría en la prueba. Voy acumulando entrenamientos de dos o tres horas “a ritmo” a fin de ir haciendo fondo, pero queda mucho, muchísimo para acercarme a esos ciento ochenta kilómetros que me esperan…

 

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La natación… ¡Ay la natación! En octubre me apunté a Triávila, un club local de triatlón a través de cual se organizan clases/entrenamientos dirigidos en los que coincido con gente con mucha más experiencia (y juventud) a los que me empeño, con notable éxito, en estorbar, si bien es cierto que al no tener previamente ni idea de técnica la mejoría ha sido enorme y aunque aún no creo que pudiera entrar en tiempo de corte (generalmente dos horas para los 3,8k. a cubrir) creo que ese tramo del ironman no será un problema de aquí a entonces. Físicamente me resulta más dura de lo que pensaba al ser un ejercicio que nunca había practicado y porque además estoy haciendo lo que nunca hice en mis tiempos de corredor: entrenamientos fraccionados, series, intervalos…

La de arena… Como la bicicleta y la natación son deportes sin impacto y “no lesionan”, y hacía tanto tiempo que no me sentía deportista se desató la euforia, y a finales del año pasado la realidad me golpeó como suele hacerlo, con dureza, en forma de tendinitis de supra espinoso en el hombro derecho y de tendinitis de pata de ganso en la rodilla derecha. Ahora bien. por una vez tuve la sensatez de parar con las primeras molestias y de ambas me he recuperado en pocas semanas, pero ha sido un toque de atención. Para prevenir problemas y echar algo de músculo de cara a la natación he decidido renovar mi suscripción al gimnasio, lo que me permite además diversificar aún más el ejercicio, por lo que ahora dispongo de tres actividades distintas con las que poco a poco me quiero ir acercando a ese mínimo, mínimo de doce o catorce horas semanales de entrenamiento que estimo necesarias para concurrir con garantías.

Seguiremos informando.

martes, 28 de julio de 2015

¿Ironman?

 

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Cuando las circunstancias son difíciles y te superan, cuando por mucho que las has buscado no encuentras soluciones, hay dos opciones: darte por vencido y rendirte o huir hacia adelante. Aunque a veces me ha llevado a estrepitosos fracasos, siempre he elegido lo segundo. Es por eso por lo que después de cuatro años de lesiones constantes de las que aún me estoy tratando y que probablemente me lleven a corto plazo al quirófano, pasadísimo de peso y sin haber entrenado prácticamente nada en este tiempo, he decidido que antes de cumplir cincuenta y cinco años (es decir, que tengo de plazo exactamente tres años y un mes) voy a hacer un Ironman… Ahí queda constancia pública del reto. Veremos a dónde me lleva...

sábado, 27 de junio de 2015

I promise...






Prometo... Que algún día explicaré el significado de esta entrada. No le déis muchas vueltas: sólo lo tiene para mí y quedó unido a esta estupenda canción de The Killers aunque podía haber sido a cualquier otra.


jueves, 15 de enero de 2015

Fotos VII Cross Ciudad de Avila "VII Memorial José Soriano" 11-01-15

 

Os dejo el álbum Picasa al que he subido las fotos que hice el pasado domingo en la VII edición del Cross Ciudad de Avila “Memorial José Soriano” organizado por el Club Ecosport Avila.

 

 

Enlace directo al álbum.

martes, 7 de octubre de 2014

Fotos II Media Maratón Avila Monumental.

Os dejo el álbum Picasa al que he subido las fotos que hice el pasado domingo en la II edición de la Media Maratón Avila Monumental organizada por el Club Ecosport Avila.

 

 

Enlace directo al álbum:

martes, 31 de diciembre de 2013

Streak Running V 2.0 ¡NPR!

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Con la corta salida de ayer, treinta de diciembre, con cuya gráfica encabezo esta entrada, supero la cantidad de ochenta y una salidas consecutivas conseguidas el pasado diecinueve de septiembre de dos mil doce en mi primera tirada de Streak Running, de cuyo comienzo di cuenta en esta entrada y a la que una de la interminable lista de lesiones que he sufrido en los últimos años puso fin. Ayer cerré la ochenta y dos de la V 2.0 que empecé el diez de octubre, día de nacimiento de mi nieta, no tanto por la ñoñería de celebrar tal efeméride (que también, admito) como porque algún día tenía que ser el primero. ¿Motivos de volver?, los mismos que la otra vez: por un lado el Streak Running te motiva a salir en días en que te quedarías tan a gustito en casa, te crea un hábito y una disciplina, y por otro te ayuda a controlar las salidas y a hacerlas lo suficientemente suaves como para no comprometer el entrenamiento del día siguiente.

Al hilo de lo que acabas de decir, ¿hablas de entrenamiento, Carlos, cuando aún no has superado la media hora excepto un día en una corta salida montañera que tenía alguna trampa en forma de pequeña cuestecilla que subiste andando?

Jodido Pepito Grillo qué daño ha hecho a la estabilidad emocional de los que tenemos pelín de autocrítica conciencia… En cualquier caso, y aunque cada vez me resulta más lejano (por no decir absurdo) eso de tener objetivos de ningún tipo distintos de simplemente disfrutar, va, venga, vamos a por los cien…

jueves, 12 de diciembre de 2013

La enésima ¿y definitiva? vuelta.

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La mañana es fría y húmeda mientras estabilizo y nivelo el trípode de mi cámara. Apenas treinta minutos antes una mirada turbia y legañosa al despertador siembra un punto de desconcierto en mi cabeza, ya que a la hora que marca debía haber más luz entrando por las rendijas de la persiana… ¡niebla, Carlos! Sólo puede ser niebla… En apenas diez minutos, sin desayunar, y arrastrando aún los zarcillos de ensoñaciones que no acaban de disiparse salgo camino de El Soto, el pequeño bosquecillo de fresnos apenas a un kilómetro de casa donde tantos kilómetros he recorrido a lo largo de mi vida. La mañana es fría y húmeda, y eso despeja y aclara mi mente. No es tan pronto como me hubiera gustado y preveo que la niebla durará poco, así que tengo que trabajar rápido. Y este encuadre ya lo tenía pensado antes aún de dejar la moto en el aparcamiento… La mañana es fría y húmeda, heladora. El suelo, el tronco de los árboles, sus ramas… todo está cubierto de una crujiente escarcha. Trabajo rápido. En un par de minutos tengo el trípode montado y asegurado. Uno más y tengo el encuadre. Un par de disparos de prueba y tengo composición y exposición correctos, esta es la buena… Decido cerrar algo el encuadre, acercándome al viejo fresno, cuando oigo pasos detrás de mí, bendita y crujiente escarcha. Son pasos de corredor… La imagen surge inmediatamente, pero tengo una sola oportunidad de sincronizar los dos segundos de retardo con los que estoy trabajando para evitar cualquier trepidación con la previsible posición del corredor cuando se abra el obturador. Durante un instante cierro los ojos, con el dedo en el disparador… ¡ahora! Sólo queda esperar que el momento haya sido el adecuado y que mi inesperado ayudante no lleve ropa con colores estridentes, y hasta en eso tengo suerte y el corredor, con su discreto atuendo está exactamente donde lo imaginé. Rápida revisión en la pantalla de la cámara, ¡buena foto, Carlos!. Me identifico totalmente con ella. Me transmite una agradable sensación de frío y pequeñez frente al paisaje, pero sobre todo de mi amada y tantas veces buscada soledad. No podía ser menos para el autor de un blog que depende de una cuenta de Google llamada corredorsolitario@gmail.com. Le agradezco íntimamente al anónimo atleta la ayuda prestada y me prometo que esa misma tarde seré yo el que pase debajo de esa misma rama… porque de nuevo he empezado a correr. A día de hoy sesenta y cuatro días seguidos, ciertamente con muy escaso kilometraje, ciertamente con todos los miedos del mundo, porque se me acaban las oportunidades y otro parón de tantísimo tiempo como este último sería casi definitivo, con todas las precauciones que he sido capaz de tomar, con todas las medidas a mi alcance para que esta vez sí, sea la definitiva… y con otra filosofía que ya desgranaré. Es un humilde y pequeño regalo a mi nietecita, nacida el diez de octubre, día en que le dediqué apenas un par de kilómetros. Sólo dos kilómetros, pero dos kilómetros más que el día anterior. Desde entonces no he parado. Estoy de vuelta.

martes, 15 de octubre de 2013

Mamá, a veces veo espectros…

Con ese título presenté la siguiente foto, a la postre ganadora, al Concurso Fotográfico de la II Edición de la Carrera Avila Solidaria celebrada el pasado 14 de septiembre. El que fuera un concurso modesto no le restó un ápice a la ilusión que me hizo ganarlo.

 

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Pulsad en la imagen para acceder a mi galería Flickr, ver el mapa de situación o los datos Exif de la foto; ver o descargar más tamaños…

Y como concesión a mi ego subo también la foto difundida por la organización sobre la entrega de premios y la reseña publicada por el Diario de Avila.

 

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sábado, 12 de octubre de 2013

Madrid-Segovia por el Camino de Santiago.

Los pasados veintiuno y veintidós de septiembre se corrió la IV Edición de la “Madrid-Segovia” por el Camino de Santiago, una carrera de ultrafondo en la que a través de ciento dos kilómetros entre ambas ciudades, cruzando por medio la Sierra de Guadarrama, los participantes buscan sus propios límites sólo para encontrar que éstos suelen estar siempre un poco más lejos. Al no poder participar como me gustaría, al otro lado de la cámara, cosa a la que quisiera poner remedio al año que viene, llevo ya un par de ediciones plantándome en Cercedilla, kilómetro sesenta y cuatro de la prueba y punto clave donde las fuerzas comienzan a ir ya justas y el terreno comienza a trepar en busca del Puerto de la Fuenfría, a hacer fotos a los sufridos corredores, entre los que siempre hay un buen puñado de amigos. Este año intenté centrarme algo más en buscar ese detalle que intentara reflejar lo más íntimo de un evento de este tipo. No pude dedicarle el tiempo que hubiera querido: un amigo llegó en muy mal estado y al final tuvo que ser evacuado a Madrid en ambulancia con lo que afortunadamente sólo quedó en un buen susto gracias al gran Paco Gilo pero que pudo desembocar en tragedia. Aún así algo salió…

 

¡¡¡64K!!!

El cartel que te recuerda lo mucho que llevas… y lo que aún te queda.

 

 

Bola del Mundo desde Cercedilla

El maravilloso entorno de Cercedilla. Al fondo, a la izquierda, Bola del Mundo.

 

 

Voluntario

Los voluntarios, imprescindibles, velando por la seguridad y la atención a los corredores. Raudos…

 

 

Mejorando la Aerodinámica...

…tanto que a veces incluso mejoran artesanalmente la aerodinámica del casco.

 

 

Espiquer

El Espiquer. Un crack: http://espiquer.com/

 

 

A la Espera del Corredor

Los sufridos acompañantes. Todo un día vagando por la sierra dando un aplauso, un beso de ánimo…

 

 

Mamá no llega...

No todos pueden aguantar despiertos la espera del familiar.

 

 

¡Papá ha llegado!

Pero cuando éste llega corren a darle un abrazo.

 

 

Alas para Volar

Alas en el corazón. Hacen falta para sonreír así después de más de sesenta kilómetros.

 

 

Concentración

Aunque hay quien no pierde nunca la concentración.

 

 

Ampolla

Problemas leves.

 

 

Desfallecimiento

¿Problemas más serios?

 

 

Mirada

Unos minutos de agradable relax.

Masajeando

Un buen masaje…

Relajando

Y un poco de relax de verdad…

 

Repostaje

Recuperando fuerzas.

 

 

Fruta fresca

Recuperando fluidos.

 

 

Cítricos

Y más fluidos.

 

 

Electrolitos

Y más, más fluidos…

 

 

Chip Número 1

Compañeras infatigables del día.

 

 

Abandonadas

Aunque a veces nos olvidemos unos minutos de ellas.

 

 

Calambres

Toca salir de nuevo… si se puede.

Five Fingers

¡Claro que se puede!

 

 

Vuelta al Camino

A pesar de las caidas…

 

 

Suero

O quizá haya que dejarlo por hoy y esperar al año que viene.

 

Aquí tenéis el resto las que he publicado, aunque advierto que la mayoría son las típicas fotos de recuerdo de corredor individual. Pertenecen a este álbum Picasa que por otro lado se ha publicado en la web oficial de la carrera con las fotos en tamaño grande en este enlace:

 

sábado, 29 de junio de 2013

Camino, etapa 0/8. El preámbulo.

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No podía suponer las experiencias que iba a atesorar en esos pocos días a caballo entre Navarra y La Rioja. Pocos, demasiado pocos para como los acabé disfrutando. Esperaba soledad, introspección, relax, paz… después de estos azarosos últimos años que he vivido. Y sí, lo he encontrado, pero también he llorado de risa, me he divertido, he coleccionado docenas de anécdotas, he sufrido por algún incidente de algún compañero, he conocido gente, mucha gente, no sólo españoles: ingleses, neozelandeses, mejicanos, norteamericanos, franceses, surafricanos, italianos, suizos… Incluso un tipo tirando a arisco como yo, se ha traído un buen puñado de direcciones de correo y teléfonos de buena gente con la que he compartido esos demasiado pocos días. Y alguno de los dueños de esos correos y teléfonos se ha quedado a cambio con un trocito de corazón.

Alberto, mi cuñado, compañero ya de unas cuantas salidas montañeras, y uno de los tipos más sociables que conozco es en buena parte responsable de estos estupendos días en su calidad de ideólogo de la excursión, así que junto con otros dos buenos tipos como José y Dani, compañeros suyos de trabajo a los que conocía también de alguna otra escapadita, el pasado día 14 de junio nos presentamos con las mochilas llenas a partes iguales de calcetines, calzoncillos limpios, ilusión y buen rollo en la Estación de Atocha para coger un tren a Pamplona.

La expedición completa en la Estación de Atocha.

En Pamplona. La foto nos la hizo un amante del camino al que le pedimos que nos retratara por casualidad.

Una vez en la capital navarra tuvimos tiempo de comer y dar una pequeña vuelta por la ciudad, que volveríamos a pisar en un par de días con más calma, ya que ahora debíamos coger el autobús que nos llevara a Roncesvalles.

¿Es éste el andén José?

¿Es éste el autobús a Roncesvalles, José?

Pues sí, parece que sí, pero…

¿En Pamplona no hacía sol y calor, José?

El albergue de Roncesvalles, además de estar enclavado en un paraje privilegiado,  tiene unas magníficas instalaciones, con cama individual (cosa que no vimos en el resto de los que utilizamos), mucho espacio, pequeño armario privado con llave... Aquí debo confesar que me sorprendió algo que desconocía: todas las zonas de los albergues, al menos en los que nosotros hemos pernoctado, son comunes, es decir, que se comparten por hombres y mujeres, incluso duchas y baños. Es algo que asumes con naturalidad una vez que ves que el resto también lo hace.

Unas cuantas fotos del albergue.

En Roncesvalles tuvimos algo de tiempo para visitar su Colegiata de Santa María (la primera de las muchas hermosas Iglesias vistas en los siguientes días) y las Capilla de Santiago y la Capilla de Sancti Spiritus, éstas sólo por fuera.

Capilla de Santiago.

Imagen de la Colegiata de Santa María. Me impresionó el peregrino que rezaba. Cada cual tiene sus motivos para hacer El Camino, sus agradecimientos o fantasmas, sus alegrías a compartir o cosas que olvidar. El se mantuvo en todo momento en ese gesto robado, quizá impúdicamente, por mí. Fueran cuales fueran sus motivos debían ser poderosos.

Vale, somos poco originales: todo peregrino que pase por Roncesvalles a buen seguro tiene una foto parecida, pero al final de nuestro pequeño periplo tenía claro que algún día recorreré El Camino completo del tirón. Más pronto que tarde. Prometo.

Una vez vuelva de vacaciones quería escribir varias entradas, quizá una por etapa, más que como guía útil, como reflejo de mis experiencias y reflexiones de ese día. De momento aquí dejo el álbum completo con parte de las fotos que he hecho. No seáis muy crueles. La mayoría están tomadas sobre la marcha, sin tiempo para pensar ni casi para configurar la cámara…